La contaminación electromagnética; un problema negado pero cada vez más presente

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Por Carlos Alvarez Berlana

Hay multitud de estudios que sí encuentran efectos biológicos adversos para los campos electromagnéticos artificiales por debajo de los límites de las actuales reglamentaciones

Distintos grupos científicos están acusando a las instituciones de protección radiológica de excesiva cercanía a la industria eléctrica y de la telefonía móvil

Vivimos rodeados de aparatos eléctricos. El teléfono móvil se ha convertido en objeto cotidiano y un número creciente de sistemas utilizan telecomunicaciones inalámbricas. Esto significa que los campos electromagnéticos artificiales se han hecho cada vez más presentes. Es la llamada contaminación electromagnética. Pero, ¿se la puede considerar efectivamente un tipo de contaminación y, tal como alertan algunas voces, supone un riesgo para la salud?

Para los físicos su energía es tan pequeña que apenas puede producir un efecto visible. Ese es el punto de vista de las instituciones de protección radiológica de referencia; si los campos electromagnéticos de infraestructuras y sistemas de telecomunicaciones no generan cierta cantidad de trabajo en forma de calor es que se pueden considerar inocuos para los seres vivos.

Sin embargo, la cuestión para los biólogos es más compleja, hay multitud de efectos distintos del calentamiento que se pueden producir con esa pequeña cantidad de energía de los campos electromagnéticos generados por el hombre. Y lo que dicen las investigaciones científicas es que esos efectos biológicos detectables de hecho se producen.

Un ejemplo: pones dos plantas de tomate, una de ellas junto a la radiación de un teléfono móvil y otra aislada electromagnéticamente, después las analizas y ves las diferencias. En la que estuvo expuesta a la radiación podrás encontrar alteraciones biomoleculares y sustancias como proteínas de stress que no estarán presentes en la otra planta. Estos experimentos los ha realizado el fisiólogo vegetal Alain Vian de la universidad de Angers.

Desde la postura que niega la contaminación electromagnética se asegura que las investigaciones científicas demuestran que la radiación electromagnética dentro de las actuales reglamentaciones no tiene efectos en la salud. Pero; ¿es esto cierto? La realidad es que aproximadamente un cuarto de todos los estudios sobre el tema encuentran efectos de los campos electromagnéticos en distintos aspectos del funcionamiento de los seres vivos.

Se podrá decir que siendo muchas más las investigaciones que no encuentran efectos cabe pensar que estos no existen. Sin embargo, este razonamiento lógico no funciona. Como diría la máxima científica “la ausencia de evidencia no es lo mismo que la evidencia de ausencia”, o dicho de otro modo, cuando hay investigaciones que encuentran efectos, las que no los encuentran se vuelven irrelevantes, a menos que sean replicaciones exactas de las otras investigaciones, y ni aún así considerando en muchos casos la complejidad del funcionamiento biológico.

En esta situación de controversia el asunto se vuelve más claro cuando miramos las fuentes de financiación de las investigaciones, entonces observamos que entre los estudios con financiación pública e independientes la mayoría encuentra efectos, mientras que las investigaciones con financiación de la industria de manera abrumadora no los encuentran o estos se consideran estadísticamente no significativos.

Entonces; ¿qué está pasando para que a pesar de la evidencia científica de efectos en la salud la contaminación electromagnética ni siquiera exista? No hace falta buscar conspiraciones para saber que la industria eléctrica y la de la telefonía móvil defiende sus negocios. No son especulaciones, son hechos, que las principales instituciones de protección radiológica a nivel mundial; la ICNIRP y el Proyecto campos electromagnéticos de la OMS están copadas por científicos financiados por las compañías de telefonía móvil y que mantienen el punto de vista de que el único efecto a tener en cuenta es el del posible calentamiento físico de los tejidos.

Tampoco se nos escapa que además de una versión “científica” extendida de negación de riesgos, los grandes medios de comunicación pertenecen a entramados financieros en los que está representada la industria de telecomunicaciones y que además dependen de jugosos contratos publicitarios procedentes de un negocio que está entre los más lucrativos del planeta; y que por tanto no quieran prestar atención a los conflictos de interés o a las acusaciones de opacidad y financiación ilegal que desde ámbitos científicos se está haciendo a estas instituciones mundiales de protección radiológica.

En el pasado la industria del tabaco consiguió mantener las dudas respecto de los perjuicios que causaba su producto durante casi medio siglo. Más recientemente, después de haber sido criticados y ridiculizados, algunos científicos ya han conseguido que se reconozca que el bisfenol A es nocivo para la salud. En la actualidad, a pesar de la evidencia científica en aumento y de las informaciones sobre las actuaciones del lobby agroquímico, el herbicida glifosato sigue siendo ampliamente utilizado en todo el mundo.

Desde sectores que niegan los riesgos de la contaminación electromagnética se trata de restar importancia a la clasificación de la IARC para las radiofrecuencias como posible carcinógeno en humanos. Pero lo cierto es que si esta clasificación se produjo es porque investigaciones independientes demostraron la relación de causalidad entre el uso del teléfono móvil y algunos tipos de cáncer.

Ya son más de 25 años desde que la industria de la telefonía móvil comenzó a comercializar su producto y los efectos de la creciente contaminación electromagnética se irán dejando sentir cada vez más. ¿Hasta cuando las administraciones seguirán estando más preocupadas por el desarrollo económico que de la salud pública, y hasta cuando los medios de comunicación continuarán la moda negacionista en base a falacias y mentiras científicas impulsadas desde la propia industria?

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