La «conquista» de Vargas Llosa

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Por Xurxo Martiz

Ya antes de la conquista de América, Castilla decide hacer una limpieza étnica con árabes y judíos como un «aperitivo» de la que se «avecinaba».

El libro de Roca Barea ganó un ejército de entusiastas seguidores señalando a los «otros» (Inglaterra, Países Bajos…) o igualándolos, entre ellos a Mario Vargas Llosa que en su rara interpretación de la historia de la conquista de América, vincula la llamada «historia negra» a la «alteración de las verdades históricas que el nacionalismo, como tienen ocasión de comprobarlo en estos mismos días los españoles con el desafío independentista de Cataluña, que, además de rebelarse contra la Constitución y las leyes, se empeña en rehacer la historia y convertirla en una ficción a su servicio».

Desconozco la dirección de la «objetividad» histórica, legal, noticiosa u oficiosa que blanden, sobretodo, ejércitos de españoles en Madrid. La «objetividad» es un monopolio suyo, como lo es para el Estado el ejercicio de la violencia.

Que la historia de Cataluña es una «alteración de la verdad» cuando la narran los catalanes es lo mismo que asegura Roca Barea cuando son los «otros» los que narran, los que cuentan.

Me parece más fiable un discurso sobre América narrado desde América, un discurso sobre Cataluña narrado desde Cataluña que desde Madrid.

El pedagogo brasileño Paulo Freire, en Pedagogía del oprimido, no lo pudo decir mejor: «soy subjetivo porque soy sujeto…» Para Freire, conocer el mundo objetivo es empezar a conocerse a sí mismo.

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