La clonación planetaria

La clonación planetaria.

El propósito de la globalización es uniformar a toda costa al ser humano, como sea todo el mundo tiene que pensar igual, todo el mundo debe comer las mismas cosas, todo el mundo debe vestirse a la misma moda y consumir los mismos artículos para que no existan ambigüedades.&nbsp &nbsp

Clonar significa obtener uno o varios individuos a partir de un núcleo de otro individuo, de modo que los individuos clonados sean idénticos al original. A muchos ésto les sonará a ciencia ficción, para otros, entre los que me incluyo, una realidad irrefutable. La gran humanidad está siendo clonada. Y no solamente en lo que tiene que ver con el aspecto exterior, sino que se ha intervenido la mente, la personalidad, el lenguaje y hasta los sentimientos.

Los medios de comunicación se ensañan vilmente con las masas de consumidores. Manipulados por sus poderosas armas poco podemos hacer para librarnos de su yugo. Ellos han sido capaces de forjar arquetipos universales que se transmiten genéticamente como: Walt Disney, la Coca Cola, Mac Donalds, Nike, etc, etc. Al capitalismo lo que le conviene son individuos sumisos y fáciles de formatear. Hoy vaya donde uno vaya el mundo es el mismo; de Alaska a Tierra de Fuego o de España a la China.

La maquinaria económica, política y militar del sistema es de una eficacia insuperable. Sus metas son muy claras y mantiene bajo sus órdenes a millones de funcionarios fieles y bien retribuidos que trabajan 24 horas para llevar a cabo esta clonación o globalización criminal.

En nuestra sociedad el travestismo es una constante. Sutilmente se ha impuesto el canon de belleza de la raza blanca, católica y apostólica. De ahí que las mujeres negras o morenas no les quede otra que contemplarse en el espejo de las blancas, rubias y de ojos azules. Es una necesidad vital sentirse aceptadas o de lo contrario se les crearía un conflicto del carajo.

La industria de la cosmética factura millones de dólares en América Latina. En el Brasil, por ejemplo, el producto más vendido es un alisador de pelo fundamental para curar el complejo de inferioridad de las mujeres negras y mulatas que desprecian su cabello ensortijado. Entre las cholas peruanas el no da más es la tintura rubia a lo Marilyn. Mientras en Colombia, las mujeres de cualquier condición social sueñancada vez más con hacerse la cirugía plástica y lograr esas facciones de barbies con narices respingonas, pómulos marcados, labios carnosos y cuerpos 90, 60,90.

Pero la historia más aleccionadora que he conocido es el caso de María Cóndori. Esta joven indígena Saraguro a sus 19 añitos partió rumbo a Quito a probar suerte harta de aguantar la disciplina familiar. Tal fue el impacto que le produjo la vida capitalina que empezó a dejar de lado sus tradiciones y costumbres.

María Condori nació en la parroquia San Lucas de Loja (Ecuador), y cuando tenía apenas dos años su familia se trasladó al Panguí, Zamora. Allí creció y como es común entre los Saraguros se vestía con anacos, sombrero de paño, blusas bordadas y otros atavíos.

Su madre, Sebastiana, le trasmitió su amor por sus antepasados y el respeto a los valores de su comunidad. Su desvelo fue tal que hasta le enseñó la lengua materna a pesar de las dificultades que encontraba en la escuela mestiza que glorificaban el español, despreciando al quechua. La señora Sebastiana se sentía orgullosa de su muñequita. Pero todo el cariño que guardaba por ella tuvo un desenlace penoso.

Con el tiempo María Cóndori abandonó sus atuendos y empezó a vestirse como las compañeras de trabajo. En vísperas del cumpleaños de su madre volvió a su casa de paredes de adobe en el barrio de San Roque de Pangui, el mismo lugar donde humildemente pasó su infancia.

Cuando se presentó por sorpresa, su madre que estaba tejiendo en el corredor de la casa, la saludó por cumplido como si se tratara de una extraña. Pero al ver la sonrisa nerviosa de su María, la reconoció inmediatamente. Vestía un pantalón de jeans ceñido a su cuerpo, tacones, el pelo teñido de rubio y su rostro pintorreteado con un escandaloso maquillaje.

La madre lloró desconsolada y su padre Facundo Cóndori casi le da un patatús. El golpe que recibieron sus padres tan celosos de su cultura fue aplastante. Le hablaban poco y no querían salir con ella al centro del poblado. «nacimos indígenas y nadie tiene porque cambiarnos» -decía enfurecido su padre.

El caso de Maria no es el único y por eso no se puede quedar en una anécdota divertida. En el Ecuador las comunidades más afectadas por este proceso son las rurales e indígenas. Esto es algo que se da muy a menudo entre los jóvenes Saraguros, Salasacas y Otavaleños que emigran a las ciudades o alextranjero a estudiar o a buscar trabajo.

Según las estadísticas se calcula que le 50% de los indígenas emigradosa Loja, Cuenca o Quito cambiaron su forma de vestir y no volvieron a expresarse en su lengua materna. Cayeron irremediablemente seducidos por las costumbres de la sociedad mestiza ecuatoriana.

La emigración ha mermado de manera ostensible la población indígena. Hace unos tres años el cantón de Saraguro tenía unos 30.000 habitantes mientras que hoy la cifra se ha reducido a la mitad. Fenómeno que se hace extensivo a los demás pueblos indígenas ecuatorianos.

Otro hecho insólito es la aparición de bandas de jóvenes indígenas inadaptados. En la ciudad de Cuenca capean a sus anchas los Sandys cuyos integrantes vestidos con jeans americanos, zapatos de plataforma, lentes oscuros y pañuelos rojos ceñidos a su cabeza se dedican al vicio y a sembrar el terror en este cantón.

Uno de los pandilleros de 16 años de nombre Bryan narra que cuando llegó con su familia a Cuenca fue víctima de las burlas de los mestizos. Entonces, decidió cortarse el pelo y vestirse como ellos para intentar pasar desapercibido. «Nos decían guangudos (indio de mierda)». –Nos entró mucho odio y nos organizarnos para vengarnos de los morlacos (cuencanos)-. Pero lo que no aclaró fue si su odio era contra su propia cultura o contra la de los mestizos. La baja autoestima es un factor que desata estas paradojas que deben ser estudiadas con detenimiento por psiquiatras y psicólogos.

Son ya millones de clonados y travestidos los que pueblan este mundo, y la cifra cada día aumenta. Los estudios antropológicos detallan que a principios del siglo veinte un 5% de la población mundial la conformaban pueblos indígenas con sus lenguas y tradiciones propias. En la actualidad sólo resta el 1%. Sin duda alguna la diversidad del género humano se halla en vías de extinción.

No hay remedio y resignados tenemos que aceptar que en este siglo XXI las culturas primitivas desaparecerán por completo. Habrá que conformarnos con leer en las bibliotecas o contemplar en las fotos, vídeos y películas su herencia ancestral. Aunque para su gloria y gracia ocuparán en los museos un lugar privilegiado en la sección de especies exóticas.

Carlos de Urabá 2009.

Investigador de Colombia..

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