La clase obrera, la lucha minera y la traición sindical

La actual crisis del sistema capitalista está llevándolo a la quiebra absoluta, no sin antes llevarse por delante cualquier conato de rebeldía. En el caso español, que es el que nos ocupa, a raíz del surgimiento de movimientos sociales anticapitalistas y más aún, con la creación y auge del Movimiento 15-M, se pudo ver como la rebeldía aumentaba entre las masas contra el sistema económico imperante.

Se ha podido ver durante este año como las protestas han ido creciendo, y la respuesta por parte del Estado español ha sido cada vez más contundente: represión y más represión. La clase obrera a medida va perdiendo sus derechos sociales y laborales conquistados por nuestros padres y abuelos durante dos siglos de luchas, pero también, a medida que ocurre este proceso se produce uno completamente contrario, la clase obrera empieza a perder el miedo a salir a las calles y recuperar todo aquello que es suyo. Con la llegada del gobierno fascista de Mariano Rajoy se ha mostrado con verdadera saña la cara del sistema en el que vivimos.

Ante esta situación, tras 8 años de gobierno el PSOE vuelve a la «oposición», debido al papel que juega en el bipartidismo que llevamos sufriendo desde la mal llamada Transición. Una oposición tímida que utiliza a sus agentes infiltrados (CCOO y UGT) en el movimiento obrero para arrimarse a ellos y, así jugar el papel para el que ha sido creado.

Con dicho papel, el PSOE cumple su deber de «policía bueno» y así una vez más jugar con las históricas reivindicaciones de la clase obrera. Ante ello hay que estar siempre alerta contra los intentos reformistas que realiza el PSOE, como no hay que olvidar IU, partido que juega el papel de una «izquierda moderada y democrática».

Hace poco más de un mes estalló en las cuencas mineras de Asturias, León, Aragón y Andalucía un conflicto debido al recorte hecho por parte del gobierno fascista de Moncloa al carbón. Los sindicatos verticales CCOO y UGT decretan la huelga y así jugar su papel traidor en el entramado del Estado fascista español. A medida que los días pasaban nos íbamos enterando por las noticias que nos llegaban de las contínuas batallas entre los mineros y la Guardia Civil, en la que los primeros hacían retroceder a los segundos. Así, el sentimiento de simpatía por parte de la población hacia el sector minero, que combatía con fuerza a los cuerpos represores del Estado iba creciendo exponencialmente. Los mineros hacían retroceder a todos esos que estaban cometiendo atrocidades contra jóvenes, ancianos, niños y mujeres (veáse los estudiantes de Valencia).

Ante la convocatoria de una marcha minera que iba a recorrer desde los lugares de trabajo de los propios mineros hasta la capital, a todos nos hizo pensar que por fin la lucha obrera había llegado o iba a llegar a Madrid, al corazón del Estado. Con el multitudinario recibimiento hecho a los mineros por parte de todos aquellos que fuimos acompañándoles en el camino de su marcha o, que fuimos simplemente a verles a Madrid, ese pensamiento tocaba lo nunca imaginado: el gobierno iba a retroceder. Pero, para que no ocurriera eso y no pasara nada deseado por nosotros, ya estarían ahí nuestros «amados» sindicatos, quiénes si no son combatidos, serán los que una vez más jueguen con la clase obrera y se sienten a negociar a cuántos más obreros echaran.

La respuesta que debemos dar contra todo tipo de traición: es el combate a los sindicatos verticales CCOO y UGT tanto como al Estado y a la burguesía y oligarquía que lo sostienen.

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