La clase obrera francesa y la amnesia internacional

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Por J. Estrada Cruz

LA CLASE OBRERA FRANCESA EN UNA LUCHA EJEMPLAR, Y LA DEL RESTO DE EUROPEA BAJO LOS EFECTOS DE LA DOCTRINA DE SHOCK

La clase obrera europea bajo los efectos de la Doctrina del Shock, unos efectos que no sólo tienen que ver con los producidos a raíz de la caída de Lehman Brothers y lo que arrastra a continuación, sino  que vienen de mucho más lejos, bastante más aún, respecto a los diversos y desastrosos acontecimientos que “nos descubre” Naomi Klein, entre los que se encuentra la derrota, de los mineros ingleses, infligida por la Thatcher en 1985. Aquella fue una lucha encarnizada y larga; recuerdo que los mineros pedían ayuda y solidaridad. Les pudimos ver angustiados, mientras nos limitábamos a recogerles y entregarles algo de dinero. Personalmente tuve la misma sensación de impotencia, amenaza de derrota y angustia, que la que siento en estos momentos con lo que está sucediendo en Francia.

¿Cómo podemos explicarnos que, cuando más organizados están los capitalistas, en el ámbito de “su globalización”, más desarmados, organizativamente, nos encontramos la clase obrera, todo y teniendo más medios y posibilidades para coordinarnos y organizarnos? Cierto es que algunos de los grandes obstáculos que han incidido en la incapacidad, tiene que ver con (otra especie de doctrina y de shock) la corrupción y la traición de los dirigentes de todas las organizaciones sindicales mayoritarias de Europa, encuadrados en la Confederación Europea de Sindicatos (CES). (Donde desgraciadamente también se encuentra la CGT  francesa y con una dirigente suya, Bernadet  Ségole, como Secretaria General hasta hace poco, acompañada de “nuestro” Fernandez Toxo como Presidente… (Ya estamos viendo para que sirve este vergonzante montaje sindical de la CES.) También sabemos de la influencia que ha tenido en la desorganización obrera, en estos últimos tiempos, el “tsunami” que desguazó el muro de Berlín. Sin embargo esto no justifica la inoperancia de quienes aparecemos en la escena como la vanguardia de la izquierda radical y del sindicalismo alternativo. Con más motivos por haber  vivido y sufrido las nefastas consecuencias, de los precedentes de derrota en nuestro propio país y, como ejemplo similar a lo que puede ocurrir en Francia, está la derrota del 1985 en la minería Inglesa. Las luchas donde quiera que se hayan producido (sus éxitos o fracasos) siempre han afectado internacionalmente.

Tras tres meses seguidos de movilizaciones que llevan los estudiantes y los trabajadores franceses, no es posible explicar, con razones de peso, que no hayamos sido capaces (desde sus primeras semanas de lucha) de haber sopesado su importancia en cuanto a lo que nos estábamos jugando y  en haber sentido la necesidad de convocar encuentros a nivel nacional, estatal e internacional. De este modo, cuanto menos,  habríamos podido lograr acuerdos, aunar esfuerzos y posicionarnos  conscientemente sobre lo que estaba en juego. Esta iniciativa de encuentro y valoración nos hubiera  obligado a implicarnos y a esforzarnos como se requiere, en esta heroica lucha de las compañeras y los compañeros franceses.

Pero todo esto no se ha hecho. Y es que también habría que averiguar bajo que efectos y Shock se encuentra nuestra vanguardia. Naomi, en una de sus conferencias explica esto: “Un estado de shock no sólo ocurre cuando perdemos algo o cuando nos pasa algo malo, sino también cuando perdemos nuestra narrativa o nuestra historia; cuando nos desorientamos. Lo que nos mantiene orientados, alerta y a salvo del shock, es nuestra historia. En una época de crisis como en la que estamos, es ideal para pensar en la historia, en su continuidad, en sus raíces. Este es un buen momento para situarnos en la lucha humana.” En muchos de mis artículos he puesto el énfasis en el “suceso” del despiste histórico como razón principal de nuestro desfase y derrota constante.

Es urgente que despertemos de nuestro Shock y salgamos de esa nauseabunda rutina en la que depositamos nuestra única atención y energías, dependiendo en todo momento de la ofensiva capitalista y de la multitud de problemas individuales y colectivos que, desde hace mucho tiempo, nos deja caer y esparce. Cueste lo que  cueste, es urgentísimo que  profundicemos en nuestra conciencia de clase y en la aplicación de nuestro método dialéctico revolucionario. Observemos que, en tanto la lucha de la clase capitalista está centrada siempre en lo magno y en sus extremos (lo que le viene dando buenos resultados en la defensa  de sus intereses); los trabajadores (desarmados y aturdidos), nos encontramos enredados  en sus migajas y desperdicios. Y es que, aunque nos sepa mal insisto: hemos de reconocer que hace mucho tiempo perdimos nuestra brújula radical de clase, o sea, nuestra magna e ilimitada verdad: la lucha por la supresión del trabajo absurdo y vendido. Lo que va estrechamente vinculado a la supresión de la explotación del hombre por el hombre y a la salvaguarda del ecosistema. No estoy diciendo que en nuestra actividad se deje de lado la multitud de problemas, lo que digo es que estos deben servirnos para reforzar la lucha contra el monstruo que los genera, procurando que los trabajadores y las clases populares tomen conciencia de la verdad.

La concentración convocada delante de la Embajada francesa, este martes 14 de junio en Madrid, (así como alguna que otra manifestación de parecido carácter que se haya podido celebrar), está bien y mejor esto que nada. Pero si no vamos mucho más allá (y seguro que aún estamos a tiempo para intentarlo), si la izquierda radical no se plantea seriamente y con mucha urgencia confluir y valorar en profundidad como clase, (muy de verdad), la derrota (ya de por sí harta servida) vendrá con muchas más tazas y  grandes. Y desde luego lo que al final ocurra con la lucha de los estudiantes y obreros franceses, tendrá repercusiones muy serias para el resto de las clases populares de Europa y del mundo, en uno u otro sentido.

 

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