La ciudad de las gaviotas

Publicidad

El golpe fue seco. Se nubló mi cabeza. Me noté convertido en un charco de sangre (una veta de río sangrante). Me vi rodeado por un número extraño de personas desconocidas. Hablaban en voz alta. Llegó una ambulancia parpadeando en rojo. La sirena reclamaba un angustioso paso…

Me encontré postrado en un quirófano. Veía borrosas las estridentes luces de los focos. Entré en el oscuro sucesivo… Un yo interior se daba de bruces contra sombras chocantes, nebulosas…

Desperté. Estaba sin fuerzas, como las frágiles alas de una mariposa. Las luces de aquel ámbito parecían hablar. Próxima a mí una mujer de blanco me preguntó cómo me encontraba. Le contesté preguntándole qué había pasado… Llevaba cinco días en el Hospital Civil. Fui arrollado por un tranvía. Los médicos temieron por mi vida. “De buena se ha librado”, dijo con gravedad profesional. Luego salió de la habitación…

Al quedarme solo, mis pensamientos vagaron por varios tramos, desde las uñas de los pies a las neuronas más capaces. Me dolía todo el cuerpo. La cabeza la sentía como una nube negra flotando sobre nebulosas grises. Notaba el fémur bailando como los esqueletos en clases de anatomía médica. Los losanges de la ventana de la habitación guardaban un ligero parecido a los del cuento de Borges, Emma Zunz. Vi pasar un tranvía sobre un fondo de gaviotas. No recuerdo más, salvo la escuchada de mi nombre y profesión, pidiéndome que fuera a operar a un paciente recién atropellado por un tranvía…

También podría gustarte

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More