Publicado en: 4 diciembre, 2018

La ciencia es colonialista en un sistema colonial

Por Victor

Tan machista es la policía como la judicatura, tan racista es el sistema educativo como el político, tan colonialista es la iglesia como la ciencia.

Todos los brazos de este sistema machista – racista – colonial son machistas, racistas y colonialistas. Todos.
Todos son parte del mismo sistema, tienen el mismo origen y buscan el mismo fin.
Valiente sería ver y reconocer estos aspectos en cada aspecto del sistema.
Coherente sería rechazar estos aspectos igualmente, en lugar de rechazar unas cosas y respaldar otras.
Los ataques a las terapias alternativas (homeopatía, naturopatía, acupuntura..) son reacciones del sistema que solo buscan mantener el statu quo, y que exponen cómo la ciencia funciona de forma totalmente colonialista:
  •  La ciencia ha establecido unos parámetros de “veracidad” que solo sirven para verificar su propia visión del mundo (una visión machista, racista y colonialista, además de utilitarista, dualista, dogmática y jerárquica) excluyendo a las terapias alternativas del estatus de ciencia, de verdad y de terapia. De esta forma la ciencia demuestra que realmente tiene límites y que no puede explicarlo todo.
  • Y como la ciencia es solo una parte de un sistema machista, racista y colonialista, el resto de los elementos de éste sistema vienen en su ayuda cuando las terapias alternativas empiezan a extenderse, y con sus herramientas machistas, racistas y colonialistas consiguen destruir cualquier alternativa a la nueva diosa: la ciencia.
A la gente euroblanca, incapaces de reconocer que nuestra cultura, nuestra historia y la riqueza de nuestro país provienen del colonialismo más asesino, es lógico que nos resulte imposible reconocer el colonialismo que demuestra la ciencia al exterminar las terapias alternativas. Porque en nuestro laicismo excluyente y clasista ya no tenemos un dios al que adorar, y hemos rellenado ese vacío con nuestra nueva diosa: la ciencia.
La ciencia cumple exáctamente con todos los atributos sagrados: es perfecta, es universal, es infalible, es única. Y al igual que la iglesia se encargó durante siglos de mantener estos atributos intactos, hoy es la comunidad científica y los medios de comunicación quienes se encargan de trasmitir la perfección, universalidad, infalibilidad y unicidad de la ciencia. También como hizo la iglesia ocultando sus incoherencias (teológicas y humanas) hoy la comunidad científica y los medios de comunicación se encargan de ocultar los fallos del método científico, las corrupciones de investigadores e investigaciones y cualquier aspecto que pudiera hacer que la gente normal dudara de su nueva diosa.
Y es la gente normal quien al final vuelve a repetir el papel de ejército dispuesto a matar y morir por su diosa (igual que lo hizo por su dios anteriormente). Es la gente normal quien necesita demostrar su fervorosa creencia en la ciencia, denunciando y maltratando a quienes no siguen la doctrina: las terapias alternativas.
Sabiendo que la industria farmacéutica tiene un comportamiento inmoral, y sabiendo que el mundo de la investigación está pasando por grandísimas crisis de credibilidad (principalmente porque los estados han dejado de aportar dinero y ahora el dinero solo viene de manos privadas) cuesta creer que la confianza de la gente normal siga siendo tan ciega.
Sorprende ver a gente que rechaza el machismo, el racismo y el colonialismo en otros aspectos del sistema, pero su fanatismo científico les impide ver ni el más mínimo fallo en su nueva diosa, y les hace respaldar a los medios de comunicación cuando atacan a las terapias alternativas (pero no cuando premian el machismo, el racismo y el colonialismo).
Coherente sería rechazar estos aspectos igualmente, en lugar de rechazar unas cosas y respaldar otras.
Ni valentía ni coherencia se pueden esperar de quienes siguen la dirección del rebaño y balan al unísono cuando todas las ovejas repiten: “la homeopatía no funciona porque la ciencia lo dice”.
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