La China capitalista abocada al fracaso social

El crecimiento empuja a China al abismo social

¿Es posible conjugar un proceso de industrialización que conlleva tasas de crecimiento económico anual de dos dígitos con una acción sostenida y exitosa contra el incremento, constatable, de las desigualdades sociales? Ésa es la pregunta y el principal reto que afronta China y presidirá la agenda de trabajos del plenario anual de la Asamblea Nacional Popular, que se inaugura hoy.

Dabid LAZKANOITURBURU

GARA

El reto no es nuevo y viene trayendo de cabeza a los dirigentes chinos en los últimos años. La apertura económica bendecida por Deng Xiaoping en los años&nbsp ochenta y desarrollada con entusiasmo por su sucesor, Jiang Zemin, ha llevado a China a disputar con Japón el segundo puesto en la economía mundial. En plena crisis global, que ha sacudido con fuerza en todo el orbe, China sigue registrando crecimientos anuales superiores al 10%.

Pero esta vorágine industrializadora tiene sus costes y ha generado nuevos fenómenos de explotación y propiciado un incremento de la desigualdad y de las protestas sociales igualmente exponencial.

Años ha que los nuevos dirigentes chinos, conocidos como la Cuarta Generación (tras Mao, Deng y el propio Jiang) dirigen sus preocupadas miradas a la sima socio-económica que, en forma de una diagonal que cruza China de este a oeste, se acrecienta sin cesar y tiene ya sus réplicas en el interior de las megaciudades del gigante asiático.

Hu Jintao, quien presidirá el país más poblado del mundo hasta 2012, ha hecho de la «armonía social» su bandera. Un concepto que rescata el legado filosófico-moral de su emblema nacional, Confucio, adecuándolo a la realidad de la mayor economía emergente de la actualidad y poniéndolo al servicio del ideal igualitario del fundador de la República Popular, Mao Zedong. Un ideal al que, siquiera de forma oficial, se deben los actuales dirigentes chinos, cada vez más conscientes de que el futuro del Partido Comunista como fuerza hegemónica puede depender del desenlace de esa batalla. La fosa entre la China rural y la urbana está teniendo su correlato con la generación de un ejército laboral de reserva de cientos de millones de campesinos que dejan sus casas y acuden a las ciudades.

Las estadísticas calculan que unos 230 millones de personas han emigrado huyendo de la economía de subsistencia del campo y respondiendo a la constante demanda de mano de obra de la pujante economía china.

La gran mayoría de ellos ni siquiera puede soñar con contar con las condiciones de trabajo y las prestaciones sociales que sí disfruta, en mayor o en menor medida, la clase obrera tradicional. Al contrario, siguen siendo considerados población «nómada» o «flotante» y disponen de una menor protección social que les hace más vulnerables a la extorsión y a la arbitrariedad de empresarios y funcionarios corruptos.

Para entender esta situación hay que remontarse al triunfo de la revolución maoísta, que instauró un sistema de registro (hukou) para fijar la población a su lugar de origen e impedir los fenómenos migratorios internos. Esta prohibición general rigió hasta 1978, cuando el sistema fue flexibilizado para permitir que las fábricas que florecieron tras la implantación de las reformas económicas pudieran contar con mano de obra. El problema es que, pese a la flexibilización, todavía es necesaria una autorización administrativa para cambiar el hukou rural por uno urbano y ni siquiera los permisos temporales de residencia solucionan el problema pues no llevan aparejada una igualación en las prestaciones sociales (educación, sanidad) a percibir.

El drama se agrava para los inmigrantes internos que carecen de todo tipo de papeles y que sufren un proceso de exclusión social combinado con unas condiciones laborales rayanas incluso con la esclavitud.

El problema ha adquirido tal dimensión que el «documento número uno» del Gobierno chino para el año recién iniciado apela a una reforma del hukou. Más aún, en vísperas de que arranque hoy el plenario anual de la Asamblea Nacional Popular (Parlamento), trece diarios oficiales han publicado esta misma semana un editorial conjunto a favor de la abolición del hukou.

Población, alimento y movilidad

Esta cuestión, y en general la preocupación por las crecientes distorsiones y protestas sociales en China, estará en los debates de la Cámara, que se ha marcado como prioridad el reajuste del actual modelo de desarrollo.

El reto no es pequeño. Y es que no se puede obviar que la cuestión de la migración del campo a la ciudad en China tiene unas derivadas que sus dirigentes chinos no pueden zanjar de un plumazo, tal y como acostumbra hacer tanto crítico occidental.

Mao fijó la población campesina a la tierra y forzó, bien es cierto que por la fuerza y a costa de grandes sudores, a que fuera precisamente la China rural la que permitiera la primera acumulación de capital sin la que hubiera sido totalmente imposible, a partir de los ochenta, el nuevo «salto adelante».

Además, el control migratorio ha impedido que se repitiera en China el fenómeno del chabolismo que tan funestas consecuencias ha tenido en otros países emergentes (el caso de Brasil es paradigmático) e incluso industrializados y, lo que es tan o más importante, ha impedido que el campo se vacíe. No hay que olvidar que la subsistencia alimentaria, en un país de 1.200 millones de habitantes y con la escasez de tierra cultivable que sufre, es uno de los grandes milagros de la nueva China.

Quizás haya que reformar o incluso derogar el hukou. Pero todo indica que el verdadero reto de China es mejorar la situación en el campo, donde aún vive la mayoría de la población, y donde, además de brillar por su ausencia las prestaciones sociales, la gente gana tres veces menos que en la ciudad.

¿Volverá China la mirada al campo 35 años después de la muerte de Mao, quien lideró la revolución en nombre del campesinado?

Beijing pone el freno este año al incremento del gasto gasto militar

El presupuesto para Defensa para este ejercicio presenta el menor incremento de los diez últimos años. El Gobierno chino sigue focalizado en el crecimiento económico y en sortear definitivamente el impacto de la crisis global e insiste en la naturaleza totalmente defensiva de su Ejército.

El presupuesto militar se ha fijado en 532.000 millones de yuanes (57.000 millones de euros), lo que supone un incremento del 7,5% respecto al ejercicio anterior, según anunció el portavoz del Parlamento, Li Zhaoxing, en vísperas de la sesión plenaria de la Asamblea.

Li recordó que el presupuesto supone un 1,4% del PIB, frente al 4% largo que gasta EEUU o al 2% de potencias menores como el Estado francés y Gran Bretaña.

Pese a ello, las potencias occidentales insisten en poner el acento en que el presupuesto del Ejército se ha quintuplicado desde 1999, lo que Beijing justifica dentro de un plan de modernización. GARA


China mira a la crisis y al futuro


&nbsp Luis Melian Prensa Latina &nbsp &nbsp

Beijing, 3 mar (PL) China mira hoy al futuro con la experiencia acumulada en el enfrentamiento de la crisis internacional, sorteada con políticas propias que garantizaron el crecimiento económico y sentaron bases para mantenerlo este año. Con el inicio de las sesiones anuales de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, máximo órgano asesor político del país, y a solo horas de que comiencen las de la Asamblea Popular Nacional, el tema cobra importancia no sólo como referencia, sino como fundamento para las proyecciones.

Sin dudas, la crisis global y sus efectos ocuparon a gobiernos y autoridades y el del gigante asiático no fue una excepción, máxime cuando su economía está muy vinculada a la internacional, sobre todo por su condición de gran exportador.

Pese a una menor demanda en los mercados foráneos, entre otras consecuencias del mencionado fenómeno, el Producto Interno Bruto creció el año pasado 8,7 por ciento y sobrepasó la meta oficial, de 8,0 por ciento.

Ese fue uno de los resultados alentadores de la política anticrisis aplicada por China y bien justificado está que ahora los dirigentes del país, diputados y otras autoridades reflexionen sobre ese éxito, incluido el empleo, como paso necesario para vencer otros retos.

Uno de ellos se refiere a la necesidad de reducir las diferencias entre el campo y la ciudad, el cual impone hacer lo mismo con la brecha en los ingresos. El gobierno lo reconoce y por esa razón el tema animará también las sesiones con miras a avanzar en una mejor distribución de la enorme riqueza que crea este país.

Cabe recordar que en 2009 China registró la mayor disparidad en los ingresos de la población urbana y rural desde el inicio de su proceso de reformas y apertura en 1978.

En el caso de la primera, el per cápita se situó en 17 mil 175 yuanes (dos mil 525 dólares), mientras para el otro grupo poblacional se estimó en cinco mil 153 yuanes (754 dólares), con una proporción de 3.33:1, según datos oficiales.

Los planes para resolver ese problema existen y ejemplo de ello es la política preferencial que el gobierno aplica para las regiones del occidente, las más atrasadas, las cuales incluyen estímulos a la inversión y programas sociales.

Pero el cambio no puede llegar de la noche a la mañana, aunque si es válido acelerarlo porque esa realidad origina otras, no menos preocupantes.

Una de ellas es la creciente urbanización y cuanto ello implica en términos de educación, salud, medio ambiente y estabilidad social, en la nación más poblada del planeta (más de mil 300 millones de habitantes). Todo eso es sólo parte de los retos.

Ante el desafío que impone el cambio climático y la necesidad de mitigar sus efectos, se hace necesario registrar nuevos avances en la protección del entorno y uno de sus indicadores es la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Con ese fin China trabaja por lograr una economía de baja carbono, un gran reto para una nación en desarrollo como ésta.

Poco antes de la Cumbre de Copenhague sobre Cambio Climático, el gobierno anunció compromisos en ese sentido y por eso se propone reducir para 2020 entre un 40 y un 45 por ciento la intensidad de las emisiones de dióxido de carbono por unidad de Producto Interno Bruto respecto a los niveles de 2005.

Todo ello se asume consciente de la necesidad de transformar el modelo de desarrollo, todavía muy dependiente de la inversión y las exportaciones. Esa es una de las lecciones aprendidas con la crisis internacional, según reconocen las autoridades.

Por eso, muchos pueden ser los temas que se debatan en los próximos días, pero el mencionado fenómeno y sus enseñanzas de cara al futuro estarán justificadamente entre los principales.

lac/Lam

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