La censura franquista: el caso del cineasta Ingmar Bergman

Por Iñaki Urdanibia

Un riguroso estudio de cómo ciertas actividades censoras tergiversaban el mensaje del realizador sueco.

Por Iñaki Urdanibia

      

« Hay un Bergman.como la ensaladilla-nacional. Un Bergman “ a la española”. ¿ Cómo ha nacido este extraño fenómeno, dónde está su origen ? »

( José Luis Egea)

« El edificio es la humanidad, tal y como la creó Dios. Lo que queda en pie después de su caída es la Iglesia de Dios. Pero todo lo demás pertenece a la Iglesia, y ésta debe aceptarlo como suyo. Así como forman parte de ella, aunque no lo sepan, todos los hombres que viven según su conciencia, cuanto se produce de bello, de verdadero y de bueno está naturalmente destinado a integrarse en la verdad que las abarcó a todas, en la suma belleza y en el sumo bien »

( José Mª García Escudero ) 

Tras la victoria de los cruzados, estos impusieron una serie de normas que se habían de cumplir para combatir la anti-España, las influencias nefastas del judaísmo bolchevique y masónico internacional que no suponían más que un serio peligro para la religiosidad, católica obviamente, esencial al alma hispana, Estas normas como no podía ser de otro modo fueron impuestas por los distintos instrumentos de propaganda: desde las escuelas, las diferentes expresiones culturales que eran controladas con celoso celo por los censores de turno; en el terreno del séptimo arte las tijeras estaban prestas para cortar cualquier escena que limitase los límites de tela necesaria para ocultar las zonas que cualquier personas decente-en especial las del sexo femenino- debía ocultar para evitar los apetitos pasionales que no podía conducir más que a la perdición de las esencias patrias, defendidas a capa y espada por el nacionalcatolicismo.

La obra, de explícito título, a la que me acerco en este artículo : « Ingmar Berman y la censura cinematográfica franquista. Reescrituras ideológicas ( 1960-1967) » de Rosario Garnemak ( Shangrila, 2015) es un riguroso trabajo en el que se sigue hasta el último detalle la recepción de la filmografía del director sueco.

Fue hacia 1955 cuando llegaron las primeras películas del cineasta a las pantallas hispanas, si bien en un segundo momento fue en la década de los sesenta cuando su exposición se hizo más intensa. La autora contextualiza los tiempos anteriores a las fechas indicadas para posteriormente señalar las etapas que pueden distinguirse en la faena de los censores, de una significativa cerrazón ( Carlos Fernández Cuesta y Carlos Mª Staehlin) a unos supuestos aires aperturistas ( García Escudero).

La tergiversación del mensaje de Bergman se producía no sólo con el tajante recurso a la tijera sino también con otro medio más sibilino, mas no menos eficaz, sin excluir la prohibición abierta. El primer medio servía para cortar, lisa y llanamente, aquellas escenas que podían representar imágeness escandalosas para los puros ojos hispanos, forjados por las cerriles visiones de las FET y las JONS, el glorioso e inmovilista Movimiento nacional, que calificaban como escenas escabrosas cualquier insignificancia para cualquiera que no fuera pasto de los baños del agua bendita ( decía Pablo de Tarso que no hay nada impuro para los ojos de los puros). El segundo medio consistía en el trabajo de traducción que hacía bueno aquel manido traduttore traditore ; tal traición o era debida a la ignorancia sino a la premeditación con el fin de castrar el espíritu de la obra bergmaniana; traducciones infames realizadas por la industria cinematográfica con el beneplácito y el encomio de las autoridades gubernativas, lo cual convertía al realizador sueco en mero producto de la Seminci vallisoletana de la época.

Tales mecanismos hacían que el director sueco quedaba reducido a un cineasta de catequesis, haciendo que todas las dudas y problemas de conciencia sobre la fe que son esenciales en los filmes del director estudiado, desaparecían como por arte de magia, o quizá más apropiado sería decir de ensalmo. Aquella «agonía», de la que hablase don Miguel de Unamuno, tan presente en la filmografía de Bergman quedaba excluida, convirtiendo el mensaje en el propio de un místico absolutamente volcado en las creencias de la fe , ciega, y perdóneseme la redundancia ya que no hay fe que no sea ciega. Esta reducción moralista suponía , por otra parte, que se ignoraran otros aspectos esenciales en las películas bergmaninas como el erotismo, la violencia o el papel de la mujer en la sociedad; tampoco se incidía en los aspectos que incidían en las reflexiones sobre sus concepciones estéticas.

La amplia presencia de las películas del autor nórdico fue ayudada por la creación de cine-clubes que en su mayor parte eran impulsados por la Iglesia, que se mostraban complacientes con los recortes y con la visión falsificada que se ofrecía ( y que, por cierto, se sigue ofreciendo-según señala la profesora Rosario Garnemak- hasta en las copias comerciales que hoy se mueven en el mercado) y que era más alimentada más todavía por lo discursos explicativos e interpretativos que en tales visionados se expandían. Tampoco es ajena en esta operación , como muestra por activa y por pasiva, el ensayo , la crítica-o al menos la mayor parte de ella- que no hacía sino la ola a las visiones oficiales en periódicos y revistas especializadas que no se atrevían a romper con el discurso oficial…tal postura , en aquellos oscuros tiempos, no podían ser más que obra de valientes, y parece ser que no era la propiedad más repartida en la época, aunque haberlos los había y lo cierto es que tampoco corrían riesgos mayores ya que la difusión de las revistas especializadas era francamente exigua..

El recorrido propuesto es exhaustivo y la autora divide los análisis en dos fases: la primera que va de 1960 a 1962 , que incluye «El séptimo sello», «Fresas salvajes», «El manantial de la doncella», «El rostro» y «Como un espejo»; y la segunda que abarca desde 1962 a 1967, en la que se analiza las manipulaciones a las que fueron sometidas algunas de las películas nombradas y los escores de otras posteriores a las que se les castró de cualquier espíritu crítico, de cualquier asomo de humor al límite de la cuasticidad, o de visión lúdica, a pesar de la proverbial aridez de las escenas, de que hacían gala las películas analizadas…que rebosan con los problemas relacionados con la culpabilidad y el pecado, y con el infierno que a pesar de las desviaciones y las meapilescas moralinas censoras, en la visión del sueco no estaba en otro mundo, del más allá, sino en el mismo más acá, en el que los remordimientos, las amenazas del fuego eterno , etc. convertían en infierno la vida de algunos personajes tocados por la gracia, pero en crisis frecuentes con respecto a sus creencias o con respecto al modo de que estas eran impuestas por los sectores ortodoxos y oficiales.

La cacareada, e incipiente, apertura de la mano de los nombramientos de Fraga Iribarne- a la sazón menos cerril que su antecesor en el puesto, Arias Salgado-, no lograba( ni lo intentaba ya que lo sagrado seguía siendo sagrado en la consideración de la religión oficial, la única verdadera) de ninguna de las maneras acabar con las trampas urdidas con anterioridad sino que al fin y a la postre no hicieron más que mantener la falaz visión que habían heredado, a lo más García Escudero sí que puso el centro en educar a la gente en el gusto por el buen cine, si bien esta tendencia quedaba en cierto esteticismo( religioso) que pasaba de largo(???) sobre las ineludibles cuestiones ideológicas.

El libro , qué duda cabe, es de enorme interés para los amantes de séptimo arte, mas también para cualquiera que esté interesado por los mecanismo censores que funcionaban de Pirineos abajo, más en concreto en el terreno de la traducción..

 

      

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