La caracola de los abrazos

Un titán de pelotas y volantas surcó las frases del ingenio infantil a velocidades de nevadas. Destrabó hélices, acopio versos, recogió muñecos para el rincón de los sin nada.

Tenía soles en sus bolsillos y mantas en sus palabras. Su travesía de cada día, era recogerlo todo desde esa puerta para llegar al lugar donde todo se acaba. Era su pretexto para volver a empezar con la misma luz que le abrigó la sabia.

Un mensaje de amor, un poema sin trampas, un estuche de colores y una ventana donde encender el mito de las palabras. Frases tejidas de nubes, adjetivos para el aliento y un desván de preguntas para las sin respuesta de cada mañana. Esas que transitaron la noche abultando interrogaciones para el fin de semana.

Sus caóticos aplausos de versos y bardas despejaban la suerte y el intelecto de los sin palabras. Llevaba en su bolsillo derecho un cuento tejido, en el otro una verdad destronada, que nació disfrazada de intentos para el empeño de los que saben abrir la voz, en esa otra ventana.

No se esconda de la caracola, no le huya a sus palabras. Sepa usted apreciar lo bello que tienen sus mantas. Un aliño de luz, una mueca cerrada, un detalle sereno, un beso para su coraza. Usted será el intento para saber donde es que falta.

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