La campaña electoral

&nbsp Ni siquiera piensan en divertir sanamente. Políticos y me­dios, a los que se han unido en este país últimamente los clérigos, son más aptos en la medida que, como las comadres de vecindario, son más crueles en el insulto, en la descalificación y en el despres­tegio del adversario. Podrían limitarse a mimar la imaginación y, pese a que sabemos que luego sus ofertas se quedan casi siempre en aguas de borrajas, encender en los votantes la ilusión. La noble competencia politica debiera consistir en esto, en generar más espe­ranzas de una vida colectiva e individual mejor que la que ofrece el contrario. Pero ¿quién entiende hoy día, y no se rìe de ella, qué es nobleza de in­tenciones?

&nbsp Pero no. La política en España es el reflejo vivo de un territorio eternamente atomizado. Entre el espíritu concentrado y ofensivo de los Reyes (católicos o no), de Felipe II, de la Inquisición, del Cid, de Franco y de Santa Teresa que pervive en un tercio del país en gene­ral (yo creo en esta proporción), por un lado, y el espíritu renacentista, de la Ilustración y de la República, por otro, hay una sima que ni todas las arenas de los desiertos del mundo son capaces de re­llenar y de salvar.

&nbsp España es, por eso mismo, un avispero de odios. Los esfuerzos de los animosos por vivir en paz aunque no lleguen a fin de mes, no bastan ni de lejos para neutralizar, bloquear, anular ese odio de los resentidos que lo quieren todo. De esos tipos y tipas que al dinero a manos llenas que ya poseen ansían añadir poder institucional sin lí­mites para saturar el poder de hecho que ya detentan. Odio que les sale del alma negra; odio que lo empapa todo. No hay más que de­jarles hablar y ladrar y vomitar. La España renacentista, de la Ilus­tración y del espíritu republicano y laico se limita a responder cui­dando mucho, señorialmente, de no perder la compostura. Pero dudo de que con los navajeros ideológicos enfrente haya que ser tan respetuoso…

&nbsp El político que sabe emplear el insulto y el libelo con mayor daño moral, es el que más llama la atención en las campañas, el que más vale, y al final el que tiene más posibilidades de ser votado. Y esto va a más: cuanto más tiempo pasa, peor. Y así, a pesar de los es­fuerzos de la gente equilibrada, en conjunto España es, política­mente hablando, un país triste, sin imaginación, sin&nbsp buen humor; un callejón de golfos, una porqueriza. En todo caso y a mayor abunda­miento, durante la campaña electoral es cuando más se nota que España es la principal ratonera de políticos que, como dice Woody Allen, hacen de cada solución un problema…

&nbsp Por cierto, que después de escrito lo anterior y durante mi acos­tumbrado paseo en esta fría mañana de invierno en Madrid, he escu­chado, empa­pados de lágrimas mis ojos, cansados, como siempre que escucho la gran música y por enésima vez, la Séptima Sínfonía de Beethoven. No reprimáis nunca el llanto ante lo bello; no hay mejor bálsamo para el alma que el llanto a que mueve lo bello con­traatacado por el ñoño sentimiento religioso o por la zafiedad del populacho. Y viniendo una hora atrás mi pensamiento del ámbito de la vida superprosaica y de la belicosa política, se me ocurre, que sin la música ni el Arte ciertamente muchas veces me pegaría un tiro. A Nietzsche le pasaba lo mismo. Tan miserable es la vida y no se diga la política y para qué hablar de la campaña electoral…

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