La brutalidad policial siempre se ha de condenar: antes, ahora y siempre

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Por M S Noferini

Los excesos por parte de ciertas unidades policiales, como podrían ser los antidisturbios, siempre los ha habido y desgraciadamente, en sociedades capitalistas sometidas a grandes desigualdades como la nuestra, seguro que siempre los habrá, por lo tanto no me hace gracia alguna que muchas personas aparenten ahora descubrirlos mostrando gran indignación.

Recuerdan las cargas de los “antiavalots” de los mossos de esquadra para desalojar a “los perro flautas” que ocuparon la Plaza Catalunya el 15M (mayo 2011), en los hechos que tuvieron lugar en la iniciativa “envolta el Parlament” (2011), la actuación de ese mismo cuerpo policial en la huelga general de 2012, donde Esther Quintana perdió un ojo, y otras tantas en actuaciones anteriores y posteriores (como la manifestación por el Plan Bolonia, el desalojo de Can Vies, la Operación Pandora, etc.) donde a parte del exceso del uso de la fuerza, que llevó a siete personas a perder un ojo como consecuencia del uso de pelotas de goma (lo que motivó en el 2013 la prohibición de su uso en Catalunya por parte de los mossos d’esquadra), se criminalizó a diversos colectivos llevándolos ante la justicia, y en algunos casos personándose la Generalitat como acusación particular. Por no hablar de las muchas intervenciones policiales desmedidas por parte de la policía nacional en Catalunya y en el resto del estado.

Pero una parte de quienes se indignan con los excesos policiales actuales nada dijeron en su día por esas intervenciones mencionadas. Por lo visto para algunos/as la integridad física de unos vale más que la de perro flautas, anarquistas y activistas varios, y los “antiavalots” de los mossos antes eran buenos y ahora ya no lo son. Y si no tuvieran bastante con su indignación selectiva encima algunos de ellos/as utilizan a modo de denuncia de los graves hechos que se están dando estos días imágenes y grabaciones de esas contundentes y desmesurados atropellos policiales que no merecieron de su atención en aquel momento o no quisieron denunciar, haciéndolos pasar por actuales.

Un buen número de esos/as activistas virtuales –por llamarlos de alguna manera- no son más que neoconvergents disfrazados de progresistas que hace unos años veneraban el gobierno de Artur Mas y daban por buenas las intervenciones policiales ordenadas desde la consellería de interior, al frente de la cual se hallaba un personaje tan siniestro como era el tristemente célebre Felip Puig.

A veces es bueno no olvidar y a la hora de defender nuestros ideales siempre es necesario demostrar la máxima coherencia posible.

MSNoferini

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