La batalla de Málaga

El pasado 1 de marzo comenzó una huelga indefinida por parte de la plantilla de la empresa de recogida de basuras de Málaga, LIMASA, compuesta por alrededor de 1500 trabajadores y trabajadoras.  La génesis del conflicto que enfrenta al ayuntamiento malagueño y a la plantilla de LIMASA tiene como precedente más inmediato la sentencia del juzgado de lo social número 8 de Málaga, de 11 de diciembre de 2015, en la que se daba la razón a los sindicatos de LIMASA. La sentencia considera que los acuerdos que pusieron fin a la huelga de diciembre de 2013 no tienen rango de convenio; este acuerdo contemplaba la renuncia a la paga de productividad,  a los descansos en sábado, y a las vacaciones solo en verano.  La sentencia, así mismo, consideraba que el único convenio vigente es el de 2010-2012, y que debía ser de aplicación a partir de enero de 2016. Tras dos meses de negociaciones, el Ayuntamiento se ha negado a cumplir dicha sentencia judicial, alegando razones económicas.

Para terminar de enmarcar el conflicto habría que añadir el debate abierto sobre la remuninicipalización, por determinados sectores de izquierda de la ciudad, que tiene su contrapunto en el debate sobre su total privatización, abierto por el Ayuntamiento, el PP y Ciudadanos.  Las candidaturas municipales de izquierdas representadas en el Ayuntamiento de Málaga, Málaga Ahora y Málaga para la Gente, consideran que la remunicipalización ahorraría a la ciudad entre 16 y 18 millones de euros anuales, según diferentes cálculos,  dinero que se podría invertir en la compra de maquinaria y vehículos -son reiteradas las denuncias de maquinaria obsoleta o la utilización de camiones sin frenos y en mal estado por parte de la plantilla-  y en la contratación de más personal, que se destinaría fundamentalmente a la limpieza de los diferentes barrios de la ciudad, ya que otra conocida denuncia ciudadana es la dejadez en la limpieza y acondicionamiento de los diferentes barrios populares malagueños, acusando al Ayuntamiento de solo cuidar la limpieza en el centro histórico. La concesión a la empresa LIMASA de la limpieza pública de Málaga finalizaría en abril de 2017, los planes de la derecha, como ya se ha comentado, son: dividir la empresa, o trocearla mejor dicho por servicios, y privatizarla totalmente. En la actualidad, el Ayuntamiento de Málaga posee el 49% de las acciones, el 51% restante se divide  entre las empresas FCC, Urbaser y Sando.

Según una noticia publicada el pasado 13 de febrero por el diario local Málaga Hoy, la gestión de LIMASA le estaría saliendo bastante cara a la ciudad y no, precisamente, por las reivindicaciones salariales y los supuestos “privilegios” de los trabajadores y trabajadoras.  Esta noticia, redactada a partir de la comparecencia del gerente de la empresa, Rafael Arjona, en la comisión municipal que investiga la gestión de la misma, daba las siguientes cifras a partir de los propios datos aportados por el gerente (http://www.malagahoy.es/article/malaga/2218318/la/parte/privada/limasa/se/lleva/millones/por/asesorar/desde.html):

  • El Ayuntamiento ha pagado a la sociedad unos 66 millones de euros entre 2005 y 2014 en concepto de compensación económica para restablecer el desequilibrio económico que supusieron las mejoras salariales de los trabajadores acordados en los primeros años del contrato y que suponen garantizar pase lo que pase unos beneficios anuales.
  • Eso ha supuesto al Ayuntamiento un coste anual medio en ese periodo de más de 7 millones de euros para compensar económicamente a la parte privada por el “desequilibrio financiero que supuso la firma de los convenios laborales de 2001 y sucesivos”.
  • A esto hay que añadir los alrededor de 2,2 millones de euros por la llamada “asistencia técnica” que también recibe la parte privada de manos del Consistorio malagueño al término de cada ejercicio. Rafael Arjona admitió que desde abril de 2001 cuando entró en vigor el contrato de Limasa III se ha pagado a los socios privados 24.632.235 euros, que corresponden al 2,5% de la producción anual por el supuesto asesoramiento que prestan a la sociedad en temas financieros, legales y técnicos, es decir, lo que se podía llamar un “beneficio encubierto”.

Hasta aquí el resumen de lo que es el conflicto en su vertiente puramente laboral o puramente local, sin embargo, a raíz de la huelga y de su prolongación en el tiempo, se ha desatado una auténtica batalla ideológica, una batalla que está evidenciando la poderosa hegemonía cultural de la derecha neoliberal y de su modelo de ciudad, y como esta hegemonía es asumida completamente por una parte importante de lo que podríamos llamar pueblo trabajador.

Uno de los pilares fundamentales del modelo de ciudad de la derecha neoliberal es la sobreexplotación del turismo y de la hostelería  del  centro histórico,  empleando a una masa trabajadora con sueldos insignificantes y condiciones indignantes. Es este sector del empresariado malagueño el que está desatando toda una campaña que aunque pueda parecer  a priori fuera de lugar o más propia del franquismo más rancio, está siendo efectiva. El escenario posible de la prolongación de la huelga a la Semana Santa es un factor muy importante para este sector empresarial, estrechamente ligado a las diferentes cofradías. A nadie se le escapa en Málaga que las cofradías de Semana Santa son un auténtico poder real, capaz de determinar decisiones políticas de calado para la ciudad. Tampoco se escapa, más allá de las creencias de cada cual, los importantes beneficios económicos que este sector obtienes durante la Semana Santa.

La argumentación de la derecha es simple pero efectiva y cuenta con los medios de comunicación de la ciudad, especialmente el diario Sur -beneficiario de suculentos ingresos por parte del Ayuntamiento  debido a la constante publicidad institucional insertada en el periódico- como principales correas de transmisión.

Entorno a la plantilla de LIMASA  se han creado toda una serie de mitos que han sido asumidos ciegamente por parte del resto de la población trabajadora de Málaga, como muestra tenemos la petición hecha en la plataforma change.org en las que se denuncian los llamados “puestos hereditarios”, las vacaciones de 36 días, etc., o sin ir más lejos, podemos remitirnos a las declaraciones de Raúl Jiménez, concejal de Medio Ambiente, que afirmó públicamente que un trabajador eventual de LIMASA cobraba 100 euros al día.

La asunción de toda una mitología entorno a los trabajadores y trabajadoras de LIMASA por parte de la población trabajadora de Málaga tiene que ver, lógicamente, con un marco más global de desideologización y despolitización, un marco que ha propiciado la pasividad, la resignación, la insolidaridad y el individualismo en el seno de la clase obrera y que considera como “privilegiados” a aquellos colectivos de trabajadores que han conseguido conservar/ampliar, gracias fundamentalmente a su nivel de organización y capacidad de movilización, toda una serie de derechos. La ya vieja derecha neoliberal desde sus inicios puso en el punto de mira la organización obrera; lo primero que hizo Margaret Thatcher desde su llegada al poder fue justamente atacar las bases de las organizaciones obreras, como ya ocurrió en la guerra contra los mineros y su poderoso sindicato, el NUM; curiosamente, la propaganda de la época también hablaba de “trabajadores privilegiados”.

Si asimilamos el conflicto que se está viviendo en Málaga con un iceberg, tendremos que la punta es el conflicto laboral: la huelga de una plantilla de trabajadores por la restitución de los derechos perdidos; si descendemos, nos encontramos con la disputa sobre el modelo de LIMASA, si privada o pública; la siguiente disputa sería entorno al modelo de ciudad; y por último, en la base del iceberg, tendríamos la batalla ideológica  entre dos concepciones de sociedad antagónicas. Si, efectivamente, es lucha de clases, es lo de siempre, pero no podemos reducir la lucha de clases a una cuestión voluntarista o economicista, sino a toda una serie de relaciones de poder, de una clase sobre otra, instituida y estructurada. Reducir la lucha de clases a una mera cuestión de voluntarismo economicista sería hacerle un flaco favor  a la lucha de la plantilla de LIMASA.

Ideas para las batallas que nos quedan:

  • La candidatura municipialista Málaga Ahora se está destacando por contrarrestar la propaganda hegemónica de la derecha; están difundiendo videos en los que los trabajadores exponen su situación y sus reivindicaciones, desmintiendo la mitología creada en torno a los trabajadores de LIMASA, o también videos en los que con ironía, grandes dosis de buen humor e imaginación se denuncian los verdaderos planes  del Ayuntamiento: privatizar para beneficiar a las empresas amigas del Partido Popular, todo un negocio. Pero Málaga Ahora no puede quedarse sola en esta batalla, tampoco pueden quedarse solos los grupos de activistas que espontáneamente, y con más voluntarismo que organización, están apoyando la lucha de la plantilla de LIMASA.
  • Es hora de una manifestación ciudadana que tenga por banderas el apoyo a las justas y legítimas reivindicaciones de los trabajadores de LIMASA y la municipalización de la empresa. Hay mimbres para una movilización popular. Una manifestación popular tendría que llevar a un trabajo organizativo previo en el que deberíamos encontrarnos trabajadores, sindicalistas y activistas sociales de toda la ciudad. Una manifestación que podría ser el primer golpe o grieta en la hegemonía derechista.
  • Es hora de trabajar barrio a barrio. La disputa no se puede dar exclusivamente en el centro histórico de Málaga, eso es un error. Los barrios obreros y populares malagueños son los que están sufriendo la gestión de una empresa que no tiene en cuenta la limpieza y acondicionamiento de la inmensa mayoría de la población malagueña, justamente, la misma que vería aún más empeorada la situación si LIMASA es privatizada.
  • Es necesario incidir aún más en las contradicciones de la derecha, la principal de ella es la que se refiere al discurso sobre el obligado cumplimiento de las sentencias judiciales. A la derecha se le llena la boca el respeto a los jueces y a las sentencias que dictan, pero cuando éstas no les son favorables, ese respeto luce por su ausencia.

De aquí, de estas batallas, es necesario continuar la guerra por una Málaga alternativa a la actual, una Málaga de barrios obreros y populares dignos, con un Ayuntamiento que a través de su administración, organismos y empresas públicas garanticen una mejora en la calidad de vida del pueblo trabajador. Una Málaga en la que el centro histórico y la cultura popular malagueña y andaluza no sean mercantilizadas por un empresariado que se distingue por la explotación sin cuartel de la mano de obra y el desprecio más absoluto por los derechos laborales de los trabajadores y trabajadoras.

Una victoria, aunque fuera parcial, de la plantilla de LIMASA pondría de manifiesto al conjunto de la población trabajadora de la ciudad que solo la organización obrera  puede garantizar unas mejores condiciones de trabajo.

La politización de los trabajadores y trabajadoras de LIMASA  es ya un hecho, difundiendo textos por las redes sociales en los que se cita la conocida frase del líder afroamericano Malcolm X sobre la manipulación de los medios de comunicación, o con una reivindicación que va más allá de sus legítimas aspiraciones económicas: la municipalización de LIMASA.

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