La Banca española «pone firme» al gobierno de coalición: «Si tocan a nuestros intereses, arruinamos al país»

La Banca se revuelve y el "gobierno progresista" se repliega

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La Banca española no está dispuesta – escribe Manuel Medina – a que se toque ni el más ínfimo de sus cojinetes. Por esa razón, ha comenzado a movilizar a su poderoso aparato mediático, ante la remotísima posibilidad de que a alguien -o a algunos- se les ocurra la idea de exigirle el pago de una misérrima dádiva, a cambio de la multimillonaria «ayuda» de 60 mil millones de euros que el Estado español, usando el patrimonio social, le «prestó» durante la pasada crisis.

     Según la prensa económica española, el plan concertado entre PSOE y Podemos con el que se que pretendía implantar un «impuesto especial« a la Banca, para poder hacer frente a su política social y económica, ha terminado quedando en pura «agua de borrajas» .

     Con este plan se intentaba recuperar algunas de las ayudas públicas inyectadas a la Banca durante la pasada crisis económica,  que  ascendieron a la nada despreciable cifra de 60.000 millones de euros.

     De acuerdo con fuentes próximas al Ministerio de Hacienda, en el proyecto de Presupuestos Generales del que forma parte el acuerdo de Gobierno no figura ningún tipo de gravamen especial a las entidades financieras, ni tampoco  ninguna subida del impuesto de  Sociedades que esté orientado incrementar la  recaudación.

      De acuerdo con lo que informa la prensa económica española, que tiene claros vínculos y dependencias económicas con la gran banca y otros sectores financieros, tal imposición resultaría «discriminatoria y, posiblemente anticonstitucional», según alega el diario «El Economista».

     En opinión de esos medios, «no se puede castigar en demasía al sector financiero», porque según  argumentan,  estas entidades «son en estos momentos una pieza clave para la recuperación económica del país»  .

    El diario «El Economista» razonaba de esta forma la improcedencia de proceder a  incrementar la tasa impositiva  de esas entidades financieras:

    «Cuánto más dinero se le retire, menos crédito otorgarán, tanto a familias como empresas, para que la reactivación de la economía sea lo más rápida y contundente posible. Y dos, el acercamiento de Sánchez a los partidos de la derecha (especialmente Ciudadanos) para lograr el apoyo definitivo a las Cuentas del Estado, que llevan a bloqueadas varios años y que son necesarias para impulsar todas las medidas sociales surgidas tras la pandemia del coronavirus».

      El diario «El Economista» opinaba en su edición del pasado lunes,  que en el sector bancario  se confiaba

     «en que tal gravamen finalmente caiga en saco roto, pero temen que se produzca un giro en los acontecimientos… Pese a ello, lo que sí está encima de la mesa del Gobierno es el aumento en la tributación de la banca por encima del resto de empresas».

       Los «argumentos» de los banqueros son recurrentes en el fondo y en la forma. «Tocar» a la Banca es tocar al conjunto de la sociedad. Si se toca a la Banca, no habrá créditos ni para las familias, ni para las empresas.

EL SILENCIO DEL EJECUTIVO

      No deja de resultar llamativo que mientras la Banca Española, gran beneficiaria de las multimillonarias contribuciones públicas durante la crisis, no ha dudado un instante en desplegar una intensa campaña de movilización mediática para cortocircuitar  cualquier tipo de tentativa, por muy epidérmica que esta sea,  de introducir variaciones en su tasa impositiva, el «Ejecutivo de la coalición» no haya sido siquiera capaz de pronunciarse, ni tampoco de informar a la sociedad sobre cuál es realmente el «estado de esta cuestión«.

      Este silencio es indicativo de que la llamada «coalición progresista» no parece estar en disposición siquiera de reclamarle los banqueros una miserable dádiva  en forma de imposición fiscal, por los servicios  que en su día el Estado les prestó, con los fondos patrimoniales  de la sociedad española.  Ello pone de manifiesto, una vez más, que el tipo de relación que el Estado español mantiene con las entidades financieras de este país es drásticamente desigual y humillantemente subordinada, inusual incluso en las normales reglas mercantiles que se mantienen habitualmente en el mundo de los negocios.  Una desigualdad que sólo podría entenderse si se tiene en cuenta que los gobiernos  encargados de administrar el aparato del Estado, – independientemente  de cuáles sean sus propósitos – terminan siendo siempre sus leales administradores .

      Hace ya siglo y medio,  un caballero de blancas y luengas barbas descubrió algo que a estas alturas deberia de resultarnos obvio. El gobierno no es el Poder. Es tan solo su Consejo de Administración. Y cuando el primero no responde a los intereses del segundo, simplemente se le destituye o se le derroca. Así de sencillo.

Fuente: Canarias Semanal

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