La baba de la ertzaintza

Por mikel arizaleta barberia

“¿Aquí estamos y qué? ¡Papeles!”

Por Mikel Arizaleta

La ertzaintza arrastra tras de sí actuaciones de tortura y muerte, intervenciones brutales, desproporcionadas… con la bendición de sus jefes y gobierno. Con el amparo y loa de su consejera de Interior Estefanía Beltran de Heredia y del lehendakari Íñigo Urkullu

Narra Miguel Sánchez-Ostiz en “El botín”: “El 1 de noviembre, para celebrar la festividad de Todos los Santos, hay saca en el Fuerte de San Cristóbal y a las 8 de la mañana fusilan sin juicio previo a veinticinco presos que fallecerían no por “disparos de armas de fuego”, sino por “traumatismo”, que es más fino, más aséptico y una forma de encubrir el crimen desfigurando la causa de la muerte”.

El lunes 14 de septiembre del 2015, como muchos lunes de hace ya muchos años, demasiados, con pancarta en mano reivindicábamos  en una plaza de Bilbao los derechos humanos de los presos políticos vascos y denunciábamos su violación, su descarada y amparada violación por instituciones del gobierno. Y, como diría el autor de “El botín”, quien no quiera mirar a otra parte y quiera saber de primera mano –porque se aduce que cada uno ve la procesión desde su acera- que visite las cárceles y que hable con los presos. Ahí están, que vea la cárcel, que vea el comportamiento de los carceleros, que compruebe las condiciones en las que viven, que vea qué es una cárcel en nuestros días y que luego hable.

Y llegó la ertzaintza aquel 14 en plan provocador, avasallando, empujando, con ese estilo tan suyo de la calle es mía. Sin saber demasiado qué hacer y sin motivo pero con  su plan tocahuevos. “¿Aquí estamos y qué? ¡Papeles!”. Y se presentaron los papeles de un acto en regla, del que ellos tenían ya copia en su oficina. Media hora de tensión y chulería, en la que dejaron patente una vez más que el euskera es asignatura María para ellos. Su presencia y actuación resulta pantomima humana, una degradación de su función a niveles de parodia. Y levantaron acta de lo allá acontecido. Pero sus papeles, actas y redacción, al igual que la de los grises de antes y ahora, al igual que los de la guardiacivil, las más de las veces tiene poco que ver con lo allí acecido. Son más novela y ficción que relato exacto de hechos. Y la ertzaintza, también esta vez, de un acto reivindicativo y solidario de derechos humanos, con intención malévola y  sin motivo alguno, convierten el acto a los tres meses en loa y exaltación del terrorismo, presentándola como tal ante la Audiencia Nacional con el visto bueno de sus superiores. Y tres jóvenes un 14 de diciembre del 2015 tienen  que presentarse ante un juez por su denuncia malévola y tergiversadora. Hasta la Audiencia Nacional, de rancio sabor franquista, viene reiterando en diversas sentencias que  esos actos no son exaltación de terrorismo. Pero la baba rastrera de la ertzaintza queda como huella amarronada en el papel de denuncia.

Quiso  el azar que pasara por allí la madre de Íñigo Cabacas, Josefina Liceranzu, convertida en acusación permanente en nuestras calles de un crimen desfigurado, el de su hijo Íñigo, asesinado en la calle por la ertzaintza en un día de fiesta y fútbol. Y todos, ellos y nosotros, nos dimos cuenta de que estábamos ante asesinos o al menos encubridores activos de un asesinato, que tras tres años sigue sin aclararse quién o quiénes de entre ellos le mataron. Lo que se denomina un estado policial: yo soy la ley y el orden.

Como decía al inicio, la ertzaintza arrastra tras de sí actuaciones de tortura y muerte, intervenciones brutales, desproporcionadas… con la bendición de sus jefes y gobierno.  Muchas veces apoyándose en redacciones mendaces de los hechos para cubrirse las espaldas, tergiversando la realidad, vertiendo tinta negra en papel blanco, diciendo lo que no es… con el beneplácito de jueces y fiscales.

También hoy entre nosotros los abusos policiales, propios de una dictadura, cuentan con apoyo social, judicial, mediático e institucional. Y eso es mucho contar, como explica sin ir más lejos el crimen perpetrado por la ertzaintza y  tras tres largos años sin esclarecerse siendo ellos los autores; y también se explica por el apoyo y el silencio colaborador institucional de sus jefes y gobierno vasco. Son amparados y cobijados por quienes les dieron las órdenes, y eso es florear las viejas cunetas y abonarlas con carne de rojo abertzale.

Y escribo esto el 14 de diciembre del 2015, cuando tres jóvenes son hoy acusados ante una audiencia española por la defensa de unos derechos de presos políticos ultrajados y pisoteados en la cárcel, cuando lo que más bien debiera ser sancionado y castigado fuera la chulería de unas fuerzas represivas llamada ertzaintza.

Ojalá que la historia de un estado policial no se repita en nuestras calles y pueblos, como aquel lunes 14 de septiembre en Bilbao.

Mikel Arizaleta

-->
COLABORA CON KAOS