La auditoría de la deuda

Parece que el tema Podemos suscita mucho interés, a tenor por la fecundidad en los comentarios a la última entrada. Es natural por lo antinatural, casi paranormal del fenómeno: una formación nacida de la nada, sin recursos ni padrinos, se hace con el primer puesto en intención de voto en las encuestas. Es algo varios grados por encima de increíble.

Este meteórico ascenso suscita admiración en unos, celos en otros, y recelos en los más. En el capítulo de los celos mal disimulados y peor llevados está Izquierda Unida, que aún no entiende cómo una sociedad que le ha sido durante décadas esquiva, se tira en brazos del primer coletas que pasa, la muy puta. Quizá la sociedad sólo estaba esperando alguien que la escuchara, que la comprendiera, y no que la sermoneara desde el púlpito y abusara de su confianza en la sacristía.

En mi caso, soy del primer grupo. El fenómeno Podemos me suscita admiración, independientemente del contenido político del partido (ya avancé en el pasado comentario que no es mi partido, no concuerdo con su línea política, aunque lo considero un movimiento amigo dentro de la familia de la izquierda). Qué queréis, me gustan los buenos estrategas, los jugadores inteligentes con visión de conjunto. Así como los mandamases de IU parecen sacados del Show de Benny Hill, con una maravillosa habilidad en pisarse los cordones unos a otros y dispararse en el propio pie, los tuerkos han dado una pasmosa lección de eficiencia, maximizando los resultados con unos ínfimos recursos. En espectro político están muy próximos, tanto como diametralmente opuestos en inteligencia y visión estratégica. Un trabajo muy bien hecho, logrando lo imposible, meter primero cuña en el adocenado panorama político español y, en el siguiente movimiento, poner en jaque al bipartidismo. Alucinante. Insisto, independientemente de su contenido político, ya podría ser un partido conservador, liberal, ecologista…me seguiría pareciendo igual de admirable, un fenómeno a estudiar.

Creo que entiendo un poco el juego que lleva el coletas; el fulano es osado y es sabido que Niké, la diosa alada, no favorece a los cobardes. La cuestión es que los cuadros de IU miran a Podemos como un Leviatán ante el cual deben defenderse, cuando según entiendo la jugada no tienen nada que temer: ellos no son la presa, conejillo de monte. Podemos juega a la caza mayor: va a por el P$O€, indolente y abúlico mastodonte que no verá el peligro hasta que esté exhalando su último suspiro.

La jugada de hacerse con el voto socialdemócrata ya la ha intentado antes IU (leerse sus últimos programas, a ver qué hay de marxismo revolucionario en él), pero por la supina incompetencia de sus generales siempre el P$O€ consiguió rechazar el asalto aún en las condiciones más favorables para aquellos.

Los estrategas de IU siguen mirando los mapas del revés, y no se dan ni cuenta que la irrupción de una nueva fuerza socialdemócrata que aniquile al P$O€ no es una amenaza, sino una oportunidad para rehacer una fuerza nítidamente socialista ¿quizá bajo las siglas de un PCE sin aditamentos? El coletas es, en una expresión muy suya, más listo que el hambre y está dejando un espacio a la izquierda que podría ser ocupado por una fuerza con sentido de la oportunidad, complementándose y convirtiéndose en un tándem victorioso. Claro que la inteligencia en IU ni está ni se la espera, y puestos a observar milagros políticos uno se pregunta si IA tendría la suficiente fuerza para desprenderse de su Frankestein, marcar distancias, y hacerle a IU lo que Podemos piensa hacerle al P$O€: pasarle por encima.

Bueno, como introducción de la entrada ya está bien. Dejemos ahora las 64 casillas y vayamos a lo divertido: ya está bien de lisonjear a Podemos, vamos a despellejarlo. Decía hace unos días que la característica definitoria de su pre-programa era el infantilismo. Vamos a dar de muestra un botón: una de sus medidas estrella es, desde sus comienzos, la auditoría de la deuda. En formato resumido, prometen si ganasen realizar una auditoría de la deuda pública y, aquellos capítulos considerados como deuda espuria, rechazar su pago. Como el monto de la deuda es homogéneo (no se emiten bonos para adquirir, por ejemplo, un nuevo modelo de fragata) lo que se haría es hacer una quita a todos los acreedores del % calculado como deuda ilegítima.

En el terreno de los principios, nihil obstat. Una medida justa. Pero no siempre justicia y conveniencia van de la mano.

Y ahora, un baño de realidad, que es como es y no como queremos que sea. No podemos esperar salir con bien de una pelea, si antes del primer golpe avisamos cien veces de nuestras intenciones. Ya todo el mundo se ha enterado de la intención de Podemos de hacer una quita en la deuda. ¿Qué consigues con eso? Que incluso antes de acceder al poder, sólo con unas encuestas favorables según se acerque el día de las elecciones la prima de riesgo de España se dispare (igual que con Syriza en el caso griego). Que sí, qué malos son estos especuladores, pero es lo que hay. No esperéis piedad, y quien dude en este punto le recomiendo que repase la breve legislatura de Salvador Allende, y de cómo las oligarquías autóctonas y extranjeras iniciaron un proceso reaccionario (huelga patronal en el transporte, difamación en los medios…) que culminó en el golpe de estado de Kissinger-Pinochet.

La victoria de un partido de izquierda, el que sea, tendría en frente a la burguesía española (con todas las fuerzas que controlan, desde los medios de masas al ejército); y a un enemigo aún más terrible, al capitalismo internacional.

Pongámonos en escena. Falta un mes para las Generales y sale una encuesta colocando a Podemos en cabeza en intención de voto directo. La prima de riesgo se dispara, el Tesoro tiene que pagar el 10% en sus emisiones para colocarlas, los Presupuestos del Estado convertidos en papel mojado y todos los telediarios haciendo sonar las alarmas de que el barco se hunde. Y no sin razón: con un billón de ouros de deuda pública, el 100% del PIB, y un calendario de vencimientos no muy cómodo, más vale rezar para que los mercados de renta fija sean indulgentes con tu papel. Si al artificialmente bajo tipo de interés actual, el servicio de la deuda representa el capítulo principal de los PGE, si se vuelve a disparar como hace un par de años la situación sería terrible: el dinero destinado a pagar intereses es dinero que no queda dentro de la economía para pagar pensiones, nóminas, inversiones… En suma, supone drenar riqueza de la economía, abundando en la depresión económica.

Y este panorama, aún antes de que los ciudadanos fueran, empobrecidos y cabreados, a las urnas. Y la ciudadanía iría a las urnas un Domingo, después de semanas de noticias apocalípticas, y esperando que el Lunes siguiente, tras el recuento, ocurriese la tragedia. No parece un panorama muy halagüeño para pensar en ganar unas elecciones ¿verdad?

Imaginemos que, pese a todo, Podemos las ganase, y pudiera formar gobierno, y que la primera decisión en el minuto uno fuera iniciar los trabajos de la auditoría de deuda. Hay que constituir la comisión que realizaría la auditoría, pedir la documentación, trabajar en ella, redactar conclusiones preliminares, conclusiones finales, tomar medidas…un proceso de meses, seguramente años. Mientras llega esa conclusión, con el % de la quita, el Estado estaría obligado a seguir refinanciando la deuda que fuera venciendo, y haciéndolo en un mercado convertido, de la calma chicha actual, a enfurecida galerna. Meses, años comprometiéndose a pagar y pagando intereses bestiales por el enorme stock de deuda acumulado. Dinero que tendrían que ser detraído ¿de qué partidas? ¿nóminas? ¿pensiones? ¿pago a proveedores?

¿Qué gobierno aguantaría, ni tan siquiera unas pocas semanas, en medio de este vendaval?

Y todo para qué ¿para una quita del 15%? ¿Qué prefieres, deber un billón al 1% u 850k€ al 8%? ¡Qué estupidez!

No comprendo cómo de un partido que ha actuado con maestría en el damero político, luego es capaz de proponer cosas tan idiotas.

Hasta aquí el infantilismo de la auditoría ciudadana de la deuda, figura quijotesca que arremete adarga en mano contra los molinos, de frente. No, para enfrentarse a gigantes hay que ser muy puta. Mucho. Más.

Lo primero, te callas, ocultas tus intenciones y pones cara de niño bueno, para no levantar la perdiz antes de tiempo. Una vez investido, vas a la reunión del Ecofin con una bomba nuclear metida en el maletín de ministro. La abres y la pones en mitad de la mesa, mientras sujetas el detonador. Para que la amenaza sea más creíble, puedes simular algún tic en el ojo, estoy muy nervioso y soy capaz de hacer cualquier cosa.

Porque sincerémonos: ¿alguien se imagina al bobalicón de ZP lanzando un órdago a la plana mayor de la UE? ¿Y mucho menos a Raxoi, un cobarde mental, perrillo faldero del poder, rompiendo la baraja? La baraja, el tapete e incluso al croupier por la mitad, porque de la bomba nuclear que hablo es, por supuesto, un default por el 100% de la deuda. Vamos, hacerle un simpa al capitalismo internacional. En el sistema económico, sería un fenómeno de escala equivalente al asteroide que provocó la extinción de los dinosaurios.

¿Consecuencias tras la explosión? Inmediatamente, metes a buena parte de la banca europea en quiebra, empezando por todas y cada una de las entidades españolas. Instantáneamente. Si la deuda soberana, considerada la parte más segura de sus activos, se volatiliza, les hace un agujero en las cuentas que ni con todos los remiendos de la magia contable podrían disimular.

Todo buen discípulo de Maquiavelo debe saber aprovechar las oportunidades, y en este escenario la ocasión la pintarían calva para quedarse con todos los activos de las entidades difuntas (algo así como despojar los cadáveres de los vencidos tras la batalla) y asumir sólo el pasivo que considerásemos lícito (depósitos <100k€).

Mucho más barato que nacionalizar la banca vía expropiación, y con la ventaja de que los muertos no pleitean ni se defienden. 🙂

Pasado el instante t=0, las réplicas del terremoto se extenderían por el globalizado sistema económico, provocando quiebras en cadena de bancos y aseguradoras (no me invento nada, a la quiebra de Lehman Bros. le siguió la de la aseguradora que respaldaba sus títulos, IAG).

Somos un meteorito del suficiente tamaño como para hacerle un roto al planeta, y es una baza con la que debemos jugar. Pero para ello, debemos tener las manos libres: exactamente lo que trató Merkel & co. de impedir con la reforma constitucional y el maldito artículo 135, traición del PP$O€ que nos ató de pies y manos y, de esta guisa, nos sirvió en bandeja a los mercados de capitales.

Los periodistas se volcarían en asustar a la población, dirigidos por la mano que les da de comer, augurando que rechazar el pago de la deuda nos convertiría en un apestado internacional, que nadie nos volvería a prestar jamás, etc. Pero bueno, eso son una más de las burradas de los pontífices del micrófono que hablan de todo sin saber de nada. Primero, el tener el control del tiempo permite esperar a que el Estado tuviera un superávit primario, no estamos tan lejos. Es decir, que si defaulteamos, no tendríamos que pedir prestado al día siguiente para atender a los gastos. Porque es cierto, es probable que durante un tiempo, España tendría cerrado el acceso a los mercados de capitales. Pero un tiempo bastante breve: semanas, meses a lo sumo. La historia nos enseña que más pronto que tarde las aguas vuelven a su cauce y el Estado que ha suspendido el pago de la deuda, vuelve a financiarse con normalidad si los acreedores estiman que, tras la quita, el Estado se encuentra en disposición y posibilidad de hacer frente al pago de los nuevos bonos emitidos.

No es algo personal, es un mero análisis de riesgos, un cálculo de posibilidades. Si perciben seguridad en la nueva emisión, volverán a comprártelo aunque aún les escueza el esfínter del simpa que les acabas de hacer. Felipe II declaró la bancarrota, y al poco los banqueros genoveses o flamencos le volvían a financiar sus campañas. Volvió a defaultear y de nuevo volvieron a confiar en él, y así hasta cuatro veces. La misma Alemania es el país europeo que más veces se ha declarado en bancarrota en el siglo XX y, sin embargo, quizá precisamente por ello, hoy es el país con respecto al cual se calcula la prima de riesgo en Europa. Si Alemania se hubiera obstinado en hacer honor a su deuda, tal y como nos exige el artículo 135 de la Constitución que han redactado para nosotros, ahora sería un país del Tercer Mundo, hundido y sometido bajo el peso de una deuda impagable.

Pero ¡alto! Yo no digo que necesariamente detonar una bomba nuclear en el corazón del sistema sea la opción más conveniente; sino que debemos reservarnos el derecho y la capacidad de hacerlo. Si los poderes económicos nos abocan al abismo, nos llevaremos por delante las economías de medio mundo, y desde luego de toda Europa (ya no hay margen de maniobra, los presupuestos están demasiado tensionados como para soportar otro rescate financiero como en 2008; entonces veníamos de las vacas gordas, ahora que se les notan las costillas no tienen leche para el esfuerzo supremo de recapitalizar al Deutsche, al BNP Paribas, al Commerzbank, HSBC, Dexia…). En vez de kilotones y megatones, este tipo de bombas si miden en miles de millones y billones de euros. Tenemos un arsenal nuclear de un billón de euros. Recuerda, si le debes al banco diez mil euros, tienes un problema. Si le debes un millón de euros, el problema lo tiene el banco. Pues imagínate si le debes un billón. 😉

Bien, ya hemos concitado la atención del auditorio y hemos conseguido hacer nuestra amenaza creíble. ¿Bajo qué condiciones aceptamos dejar el detonador tranquilito sobre la mesa? Aquí podemos ser razonables: fin del austericidio promovido por la Troika; repatriación de los capitales huidos durante la burbuja y su posterior pinchazo, camino de paraísos fiscales vía Irlanda, Holanda y Luxemburgo; y garantía de que el BCE va a mantener los intereses de la deuda por debajo de un determinado umbral que sea sostenible, si es necesario con compras directas en el secundario o incluso acudiendo a las emisiones (si puede comprar cédulas hipotecarias a los bancos ¿por qué no va a poder comprar obligaciones españolas?).

El enunciado de la amenaza es muy sencillo: mientras la deuda se pueda pagar, la pagaremos. Pero si obligándonos a hundir nuestra economía con contracción fiscal, o elevando los intereses a pagar, la convertís en impagable, apretaremos el botón nuclear y todo saltará por los aires. Lo que no vamos a hacer es desgarrar España para pagar una deuda que es matemáticamente impagable.

A cierta velocidad de la corriente es imposible navegar río arriba, y con cada palada cada vez estás más débil y con más facilidad tu barca es arrastrada, dándose la paradoja que, cuanto más remas, más retrocedes. Es la fuerza del interés compuesto. No es original la comparación del endeudado con el que se encuentra atrapado por arenas movedizas, cuyos esfuerzos por liberarse sólo consiguen hundirlo más.

España no habrá de pagar la libra de carne.

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