La asociación antisida de Málaga se queda sin personal para realizar las pruebas rápidas

Prensa

La Asociación Antisida de Málaga (ASIMA) lleva trabajando en la prevención, la detección precoz y el tratamiento de las personas afectadas por el virus del VIH desde el año 1989. Desde entonces, han luchado contra muchos prejuicios sociales. Pero nunca había visto peligrar su continuidad como hasta ahora. La crisis está poniendo al borde del precipicio a esta ONG, que se ha quedado sin personal para poder realizar las pruebas rápidas de detección del VIH o para dar un correcto apoyo psicológico a los afectados.
 
Los impagos de las administraciones públicas tienen gran parte de culpa de la situación de asfixia de ASIMA. Según su presidenta, Alicia Cueto, les deben 90.000 euros por programas adscritos a subvenciones, de los que gran parte corresponde a la Junta de Andalucía, a través de la delegación de Igualdad y el Servicio Andaluz de Empleo (SAE) de los ejercicios 2011 y 2012. «El Ayuntamiento ha empezado a pagarnos parte de lo que nos debe, aunque más tarde de lo normal», añade.
 
La consecuencia es que la asociación ha tenido que prescindir de cindo de las nueve personas que tenía contratadas para la realización de los programas. Y eso está retrasando y dificultando la atención en todos los servicios que efectúa.
 
Uno de los más importantes es el de la detección precoz gracias a un test rápido que permite conocer en 20 minutos si una persona es seropositiva a través de una muestra de saliva. Desde este verano, esta labor incluida en el catálogo por ser Centro de Atención Integral al Vih ( CAIVIH) la llevan a cabo voluntarios. «Antes, realizábamos la prueba tres días a la semana, con una media de doce personas atendidas; ahora solo podemos hacerlo un día a la semana, y mucha gente se encuentra con las puertas cerradas», reconoce Cueto.
 
ASIMA está derivando a los nuevos usuarios a otras ONG que realizan la prueba, pero aseguran que resulta muy peligroso «desorientar» a estas personas porque pueden desistir de realizarse el test, pese a que sospechen que han mantenido prácticas de riesgo.
 
La alternativa a la prueba rápida que realizan ONG como ASIMA o Colega es un análisis de sangre a través del sistema público de salud, con un tiempo de espera de unas tres semanas. «Hemos avanzado mucho en los últimos años para sacar la detección del entorno sanitario, de forma anónima y con personas especializadas en el apoyo psicológico; pero estamos dando un paso atrás que puede pasar factura», insiste Cueto. La otra damnificada de la falta de recursos es la prevención. «No tenemos margen para recordar que aún se producen muchos contagios que podrían evitarse con prácticas seguras», dice.
 
En cuanto a la atención psicológica de sus usuarios, los tiempos también se demoran. Si antes se atendía semanalmente a cada persona, ahora pueden pasar tres semanas. Por su parte, la casa de acogida de ASIMA también funciona con serias dificultades.
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