La adopción en tiempos de guerra

La guerra en Siria ha devastado  al país y con ello a decenas de miles de niños, sin embargo poco se sabe sobre las solicitudes de adopción que el país pudiera estar recibiendo.

Con frecuencia la adopción internacional se ha centrado en un número reducido de países, como la segunda potencia del mundo, China, la segunda potencia nuclear del mundo, Rusia, India, Colombia o Guatemala.

En paz no sólo el coste y el tiempo son impedimentos para la adopción, el portal español Pregnancy-info.net recuerda que hay que realizar constantes viajes al país de origen, tener una alta capacidad económica (hasta 50 mil dólares), superar las trabas legales y esperar el tiempo que sea necesario, cerca de 2 años.

Sin embargo esos obstáculos son sólo los materiales, en tiempos de guerra se les suman otros como el desarraigo y los traumas futuros que pueden padecer los niños.

Save the Children afirma que los niños en países en guerra están machacados psicológicamente, que no ríen como lo harían normalmente y, que dibujan imágenes de niños siendo matados en la guerra o la falta de alimentos en sus hogares.

En Turquía, uno de los escenarios por donde se mueven los niños sirios refugiados, se ha comprobado que en un 45% han mostrado síntomas de trastorno de estrés postraumático, diez veces la proporción entre niños de todo el mundo y, que el 44% mostró síntomas de depresión, otro grupo presentó altas tasas de epilepsia y desórdenes intelectuales en el desarrollo.

Frente a esta incertidumbre a la que se afrentan los futuros padres, hay otros impedimentos que se le presentan a los niños en adopción: la edad. Pregnancy estima que los futuros padres prefieren a quienes tienen entre 1 y 4 años, aunque en EEUU, se elijan a los mayores de 15 años.

Una verdadera carrera contra el tiempo y el miedo es la que viven quienes no alcanzan a comprender por qué se tarda tanto en ser seleccionados. En 2009 la ministra iraquí de Derechos Humanos, Wijda Salim, declaró al periódico español El Mundo.es, que con todo, estos trámites nada tenían que ver con la realidad que vivían los niños sirios o iraquíes: inseguridad ciudadana, guerra civil, desesperación, la ruina familiar, el frío invernal bajo cero, ser testigos directos de la muerte de sus familiares, el tráfico de niños y órganos y el tener que trabajar en más del 75% de los hogares.

A mediados de 2016, los sirios eran el mayor grupo de refugiados en el mundo, representando el 32% (5,3 de los 16,5 millones) del total mundial; esta inmensa tragedia y la ausencia de protección y control necesarios, ha facilitado el aumento del número de huérfanos lo que en 2009 ayudaba a alimentar a las redes de tráfico de niños, siendo lo peor, según Salim, que la tendencia iba en aumento.

Recientemente Latinpress.es publicó la utilización de niños por el grupo terrorista Boko Haram para cometer atentados suicidas en los países de la cuenca del Lago Chad.

UNICEF aseguraba que durante los tres primeros meses de 2017, 27 menores fueron usados para cometer ataques suicidas y que en los últimos tres años, 117 niños fueron empleados para perpetrar ataques con bomba en la cuenca a del lago Chad y, que un 80% de los atentados fueron cometidos por niñas.

La extrema pobreza surgida en los tiempos de guerra, ha llevado a situaciones límites a los familiares de los niños, Salim recordó que muchos padres entregaban a sus hijos a cambio de dinero, abriendo aún más las puertas del tráfico internacional.

Adoptar en tiempos de guerra hace prácticamente imposible desplazarse al lugar de origen como Siria  y mientras ello sucede, después de 6 años de guerra, 5.8 millones de niños continúan bajo las bombas, disparos y explosiones, más de 8 millones necesitan ayuda humanitaria urgente y, los que han tenido suerte, cerca de 2,3 millones viven como refugiados en Líbano, Jordania, Iraq, Turquía y Egipto.

Un terrorífico escenario se agrava con la noticia de que en 2016 las partes en el conflicto sirio reclutaron a 851 niños soldado, 652 niños murieron y 647 fueron heridos.

No es, ya, tanto el desamparo del huérfano o la idoneidad de la familia; la inseguridad y el celo de las leyes también juegan en contra del tiempo de los niños.

La apuesta de UNICEF por encontrar la familia directa del niño desamparado, la espera a que las grandes potencias finalicen las guerras y la falta de compromiso de aceptar más refugiados en el mundo, también es otra barrera a la adopción.

La historia de Bashira.

Save the Children ha ilustrado la desesperación infantil con la historia de una niña de 10 años de edad, Bashira.

La niña para protegerse ha creado un mundo de fantasía en la que ella se ve dentro de un precioso vestido azul. Pero su madre mueve la cabeza de un lado al otro al explicar que “no hay vestido, ni hay nada. Que la guerra destruyó su casa, pero que su hija hace como si todavía tuviera ese vestido azul y todos sus juguetes.

Las posibilidades de adopciones legales son mínimas dentro de un mundo que les ha convertido en los más vulnerables.

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