La actitud colectiva corresponsable en Seguridad de la Nación venezolana

En Venezuela desde 1999 la interacción de los individuos en el espacio social no surge de forma aislada, es producto de una constelación de valoraciones familiares y escoralizantes; las personas han manifestado un conjunto de actitudes hacia el Estado, instituciones, organizaciones, grupos religiosos, partidos políticos, entre otros[1], porque ya poseen una constelación de opiniones y actuaciones que las predisponen a aceptar o rechazar situaciones y conductas, como por ejemplo, participar o ser corresponsables o no en la Seguridad de la Nación.

La sociedad venezolana conforma una identidad colectiva o de clases, en función de las posiciones homólogas que se guardan entre los individuos, cuya proximidad diferencial les facilita mutuamente su reconocimiento e interacción. Pero pese a todo lo anterior, es importante resaltar que actualmente ese espacio pudiese estar en vías de desaparición en sus formas conocidas y habituales, impuestas e inculcadas por agentes o grupos de agentes con tendencias hegemónicas e imperiales, ante resurgimiento y redimensionamiento de un nuevo espacio social que se impone muy rápidamente por la brecha entre las estructuras temporales y  la concientización de los agentes o grupos de agentes sociales.

Estos agentes sociales parecen decididos a interactuar más por razones económicas que por motivaciones culturales e identitarias, pues dada la dinámica político-social y económica, la experiencia ha denotado que los agentes o grupos de agentes de mayor influencia en el espacio social en Venezuela (con poder mediático y económico) tienden a fortalecer sus intereses en detrimento de las valoraciones colectivas y del propio mantenimiento del Estado-Nación, conservando conductas, creencias,  valores, percepciones y comportamientos de rechazo al orden establecido desde 1999, pero propicios a la voluntad de permanecer en sí mismos en sus realidades.

Sin embargo, a pesar de las transformaciones en los habitus económicos, sociales, políticos, culturales, geográficos, ambientales y militares, relacionados con los preceptos establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, leyes y planes de desarrollo de la Nación[2], en los cuales se presentan la concepción de Seguridad de la Nación de manera corresponsable a todos los individuos, los agentes anteriormente mencionados practican el desarraigo, el antagonismo y la falta de identidad con el Estado democrático y social de Derecho y de Justicia.

Sus habitus de enclasamiento se identifican con el sistema mundial/imperial/capitalista/militar occidental, el cual ha adelantado en los últimos años una usurpación de las soberanías, de los espacios sociales y la destrucción de las actitudes colectivas favorables a pueblos que se anteponen a sus designios (casos Irak, Afganistán, Libia, Irán y Siria).

Tal identificación ha permitido que sus actitudes, sentimientos, valores y principios se mantengan ajenos a participar o a ser corresponsables en materia de Seguridad de la Nación, por haber recibido durante años, estímulos que han tendido a extinguir las respuestas propicias del colectivo entorno a este tema.

Sin llegarse a entender por parte de estos agentes o grupos de agentes, que la sola existencia de una guerra o situación extraordinaria que afecte la estabilidad de la Nación, puede originar una transformación radical de la situación del espacio social, de los comportamientos, de la actitud de los individuos incluidos en esa situación con respecto a la situación misma.

De manera que los gobiernos hegemónicos adelantan esfuerzos permanentes para contrarrestar las actitudes colectivas de los individuos, que puedan afectar sus programas y políticas orientadas a conservar el poder en detrimento de lo colectivo. De allí, que se vengan construyendo redes de miedo como “padecimiento universal” (Bauman, 2007, p. 86) que supriman las comunidades o la fuerza del colectivo para sustituirlas por lo individual, para que cada uno de los individuos se ocupe de sus asuntos, dejando a un lado los lazos de parentesco, vecindad o nudos comunitarios que puedan derivar en acciones actitudinales colectivas a favor de la Seguridad Nación o que permitan la reorganización del espacio ciudadano, generando aportes de nuevos conocimientos.

La contraparte de lo anteriormente descrito se manifiesta en la conformación de diversas unidades orgánicas y espirituales, comunitarias e identificadas con el ideal de patria, familia, honor y dignidad. Estas se encuentran agrupadas en cualquier acción solidaria o colectiva, animando a soluciones personales o grupales que atienden a sus propios intereses, contribuyendo cada día a la conformación de unas nuevas relaciones de los seres sociales entre sí y con el Estado y, a la sustitución de la “solidaridad social por la responsabilidad individual” (Op. Cit.,p. 29).

Esta solidaridad social se manifiesta en lo internacional en la llamada “alianza de civilizaciones”, tesis contraria a aquella posición de finales de siglo XX en The clash of civilizations and the remaking of world  order[3] de Samuel Huntington que denotaba que los próximos patrones de conflicto se desarrollarían en los planos étnicos, sociales, religiosos y culturales, una vez que desde su concepción, habrían desaparecidos los conflictos ideológicos y políticos.

Por eso se comparte la posición de Castro (2007) cuando afirma que lo único que puede oponerse a los intereses imperiales es una “alianza de civilizaciones”, basada en el predominio de las ideas (pp.9-10). En este sentido, en lo nacional, el habitus y el espacio social deben estar orientados al fortalecimiento de la conciencia, valores, creencias y principios comunes del colectivo a lo que se denomina actitud corresponsable, más que en la insensibilidad e irresponsabilidad de no ser co-participes en situaciones internas o externas que tiendan a influir y afectar la Seguridad de la Nación.

Cinthya Montoya Araujo

Msc. Seguridad, Defensa Integral e Integración



A partir de 1999 se ha notado que la sociedad venezolana ha logrado incrementar su madurez y participación política en cuanto a temas que anteriormente eran ajenos a sus intereses, no sólo, por la pérdida de representatividad de los viejos esquemas y partidos políticos, sino también por la concientización de los deberes y derechos ciudadanos, que han conllevado al individuo a descubrir y valorar la importancia del ejercicio del poder y su incidencia en la toma de decisiones, planificación, organización, aprobación de políticas y gestión de los diversos espacios del Estado y la sociedad, puesto que resulta esencial para las transformaciones en los ámbitos de interés colectivo.

Ley Orgánica de Seguridad de la Nación (2002), Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (2010), Ley Orgánica de los Consejos Comunales (2009) y la Ley Orgánica del Poder Popular (2010) e incluso en el Proyecto Nacional Simón Bolívar, Primer Plan Socialista Desarrollo Económico y Social de la Nación, 2007-2013y el Programa de la Patria 2013-2019.

Si bien es un libro que visualiza la evolución de la dinámica de las relaciones internacionales y las guerras futuras derivadas de los choques o desencuentros entre culturas, identidades y religiones, centra su interés en la necesidad de cerrar a EUA a la convivencia cultural con otras civilizaciones para evitar que la permeabilidad de otras culturas (hispanas, asiáticas, africanas, entre otras) cuestione la integridad de los estadounidenses y amenace su estabilidad y protagonismo como bastión de Occidente, sobre todo, porque su supervivencia depende de que los estadounidenses se reafirmen en su identidad como nación occidental y definan su papel a escala mundial como líder de la civilización occidental, por ello, recomienda al hegemón del mundo, conocer mejor otras culturas y civilizaciones para saber oponerse al empuje y conservar los valores que tanto les ha costado formar.

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