Jules Vallès. un insurgente communard

Por Iñaki Urdanibia

Si hay vidas intensas, la de Jules Louis Joseph Vallez, que adoptó en sus obras escritas el nombre por el que pasó a ser conocido, es una de ellas. Quien llegase a ser destacado y combativo periodista (Le Réfractaire, Progrès de LyonL’Époque, L’Insurgé, Le Peuple, Le Cri du Peuple, Le Père Duchêne…) , escritor y hombre comprometido cívicamente, nació en junio de 1832 y falleció en Paris el 14 de febrero de 1885.

No tardó mucho en mostrar su espíritu contestatario lo que se tradujo en la temprana ruptura con su padre, que sentía pavor por las ideas izquierdistas de su hijo, ya que además de los peligros que podían acarrear al joven , podía suponer igualmente peligro para su puesto de funcionario. Este temor hacía que el padre tratase que su hijo moderase su discurso para evitar enfrentamientos con el poder bonapartista y más en concreto con Napoleón III. El joven es claro que no estaba dispuesto a callarse y ello quedó de manifiesto en su directa implicación en las jornadas revolucionarias de 1848 y en luchas contra la esclavitud y por la dignidad de los ciudadanos, llegando a ocupar la dirección del Club de la juventud republicana, lo que supuso una radicalización de la organización que en vez de recluirse en el estudio y la formación de sus miembros comenzó a mostrarse más en el terreno de la acción. A la dirección del liceo, y a los inspectores, les traía por la calle de la amargura con sus reivindicaciones que iban desde la reclamación de los peno derechos de los alumnos hasta la desaparición del bachillerato y toda la cohorte de medidas domesticadoras que suponía. Las zancadillas para silenciar a los rebeldes se suceden y los locales que les había prestado la autoridad les son negados, con lo que se quedan en la calle, adueñándose de ella al apoyar las movilizaciones obreras marchando hacia Paris que era el corazón de la revuelta. Esta entrega no supuso, por lo que se ve, abandono de sus estudios ya que obtuvo las notas más altas que obtenerse se pudiera. Los estudios, con sus manos y sus menos se balancean entre Nantes  y la capital del Sena . En esta ciudad, junto a algunos amigos, organiza la lucha contra la autoridad de Napoleón , y ante el cariz que estaba tomando el asunto, su padre consigue recluirle en un asilo alegando << enfermedad mental >>…varios certificados médicos declaran que el paciente está curado, diagnóstico muy influenciado por las amenaza de sus amigos nanteses que comienzan a organizar acciones para conseguir su liberación dejando claras las  falaces patrañas que contra él se habían urdido. Estudios de Derecho y empleado en la mairie de Vaugirad , puesto del que sería expulsado por sus posturas insumisas.

  Fue elegido como representante popular en la Comuna de Paris en 1871, dejando claros sus posicionamientos en su  libertario programa: «  Siempre he sido el abogado de los pobres, ahora me convierto en el candidato del, ¡ seré el diputado de la miseria ! ¡ La miseria ! Mientras que haya un solo soldado, un verdugo, un cura, un aduanero, un inspector de retribuciones, un policía , un funcionario irresponsable, un magistrado inamovible; mientras haya que pagar todos esto, pueblo siempre será siendo miserable ¡>>. Fue responsable de educación y de relaciones exteriores, siendo representante de la minoría que se oponía a la dictadura del Comité de salut . Al ser derrotada la Comuna, fue condenado a muerte por lo que hubo de huir a Londres, lugar en el que permaneció hasta 1880. Quien quiera acercarse a la agitada existencia de este ser comprometido y sus posicionamientos radicales, tiene una certera manare de hacerlo a través de su propia visión, presentada en una trilogía novelada que no disimula sus tonos autobiográficos. << El candidato del pueblo>> es la última entrega de la autobiografía de este  revolucionario y pone fin a sus dos anteriores entregas que había publicado bajo el título de << El testamento de un bromista>> y  << Recuerdos de un estudiante pobre>>, publicados todos ellos en la colección Biblioteca portátil de Editorial Periférica. Concluyó el repaso de su vida seis años antes de su muerte, acaecida en 1885, a la edad de  veintitrés años, justo el año en que murió su padre, y lo hizo con el libro que cito en primer lugar .

Toda su vida fue un grito contra la injusticia, contra la << servidumbre del hambre>>, comprometiendo no solo su pluma sino su vida toda. Desde su desgraciada niñez había probado la dureza de la miseria lo que fue forjando un espíritu inconformista y rebelde que desde luego se deja ver en toda su escritura, escritura que junto a la de Rimbaud y Lautréamont fue considerada por Henri Lefebvre como un magnífico ejemplo de total sintonía con los tiempos convulsos que le tocó vivir. Vida y escritura al unísono, ambas contagiadas por los aires rebeldes e innovadores de la época.

En tales volúmenes relata  con verbo ágil , agilidad que tiñe los vivos diálogos, sus años de formación (entre humillaciones y chantajes curiles) , sus estudios de Derecho, chanchullos académicos incluidos, sus primeros pinitos en distintos grupos revolucionarios y en órganos de prensa de los que fue promotor además de avezado cronista. Fueron precisamente sus textos, contra la policía y contra otras instituciones del orden establecido, los que le supusieron en repetidas ocasiones el ser detenido y probar las mieles de las rejas carcelarias. En medio de ese combate también  da a conocer sus correrías parisinas y hasta su duelos con un amigo, antes dispuesto a poner en peligro la propia vida que achantarse cobardemente ; todo ello nos es entregado por el propio Jules Vallés con abundantes dosis de humor que empapan las páginas de la obra.

Su compromiso como queda dicho no se quedaba no obstante en las meras palabras sino que se traducía en los hechos: así se presentó como candidato a las elecciones legislativas y tiempo después, en medio de la guerra franco-prusiana, se implicó con la Comuna de París (1871) convirtiéndose en uno de los líderes destacados de este << asalto al cielo>> del que hablase Karl Marx. Años después el pueblo de la capital del Sena le rindió un multitudinario homenaje al invadir las calles con ocasión del transporte de su ataúd,  sesenta mil personas escucharon el elogio fúnebre que pronunció  Andreu Nin.

La persona, no solo la escritura, de Vallés irradiaba bondad, filantropía, entrega como lo dejaba subrayado Michel Tournier : << uno es vallesiano por el mismo motivo que es stendhaliano: por amor al hombre, al hombre de bien, antes incluso que por la admiración que nos despiertan sus escritos >>.  De la escritura de este empedernido lector de Pierre-Joseph Proudhon   tenemos aquí una muestra brillante, que hace que pueda  considerársele como un clásico,  haciéndonos sentir los acontecimientos narrados con una cercanía inevitable, al ser empujados a la primera línea desde el que se viven y se observan los hechos en caliente, y penetramos en las cavilaciones del narrador. Sirve también, y sobre todas las cosas, para acercarse a la época y al ser que mostró su carácter rebelde e insumiso desde su infancia hasta el final de sus días.

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