Judíos, resistentes y comunistas

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Por Iñaki Urdanibia

Los primeros días de abril de 1944, hace pues setenta y cinco años, las paredes de Paris y otras zonas del Hexágono, aparecieron empapeladas con quince mil carteles rojos en los que se presentaba a una serie de individuos que habían sido fusilados en el febrero pasado por sus actividades contra la patria, con el agravante de que dichos criminales eran extranjeros , comunistas y, para más inri, judíos…como «el ejército del crimen» les presentaban los criminales nazis. El propósito de los ocupantes nazis no era otro, obviamente, que indisponer a la población contra la resistencia, además de atemorizar a todos aquellos que osasen resistir a su bota invasora. La intención de los nacionalsocialistas no funcionó como ellos tenían previsto sino que fue erigido en ejemplo para quienes se oponían a la ocupación germana, por la valentía y combatividad que habían mostrado los hombres del cartel ( l´Affiche rouge), suponiéndoles el fusilamiento en el tristemente célebre monte Valérien. El affaire dio pie a poesías, canciones y libros de historia ( me permito enviar a un artículo que publiqué hace ya unos años sobre el tema: https://kaosenlared.net/laffiche-rouge/ ).

Ahora ve la luz una obra de Annette Wieviorka, que estaba agotada en su edición en Denoël de 1986, con explícito título: « Ils étaient juifs, résistants, communistes» ( Perrin, 2018); libro que contiene unas ilustraciones que acompañan al texto y al grupo del que se habla. La autora es una vieja conocida para quienes se hayan acercado a los temas de la deportación, de la literatura provocada por la solución final que predicaba y pretendía llevar a cabo la bestia parda ( ahí está su necesario Déportation et génocide. Entre la mémoire et l´oubli . Hachette, 1992; y algunos otros libros sobre Auschwitz y temas afines. En castellano hay un par de libros traducidos: Auschwitz explicado a mi hija y 1945. Cómo el mundo descubrió el horror); no está de más añadir que la autora sufrió en su propia persona las criminales tropelías nombradas, al ser asesinada gran parte de su familia.

La edición actual, la autora se había negado a que se volviese a publicar tal cual sin modificar algunas cuestiones que la apertura de diferentes archivos aclaraban, completando lo que en la primera edición se narraba. No cabe duda de que la historiadora se tomó un enorme trabajo al buscar a algunos de los supervivientes de aquellos asuntos , que lucharon en el MOI ( Mano de Obra Inmigrada) y darles la palabra con el fin de obtener una visión global y una comprensión cabal del tema, en uno de los aspectos ignorados o silenciados( de los trescientos que llegaron componer la red, tres cuatos de ellos fueron detenidos y asesinados por los nazis): la presencia en las filas de la resistencia comunista de judíos , en especial, en la zona de Lyon y de la capital del Sena, sin ignorar la implantación de tal movimiento en Toulouse y sus alrededores, que, sin embargo, no es abordado en el libro. Resulta curioso, por no usar términos más potentes en lo que hace a descalificación, que haya existido cierta tendencia a ocultar, no se puede achacar al despiste, la verdad de los hechos y las cuestiones relacionadas con las identidades compartidas ( en este caso, comunismo y judaísmo u orígenes judíos); y resulta tramposo ignorar tal asunto si en cuenta se tiene que ya en tiempos de la revolución de octubre en el comité central del partido bolchevique había judíos en llamativa cantidad…no es necesario pasar lista para cerciorase de ello si bien posteriormente la máquina narrativa del poderoso partido borrase las huellas, como sucede en el caso que nos ocupa. Si el otro hablaba de judíos universales, en este caso, como en el que acabo de aludir, se daba una fusión entre el horizonte de emancipación universal y la huida de los límites de una comunidad exclusiva, y en cierta medida excluyente.

No cabe duda de que como afirma Czeslaw Milosz en La Pensée captive, el olvido perjudica a los vencidos, y Anna Wieviorka no está dispuesta a que esto suceda, señalando no obstante que en muchos de los supervivientes entrevistados se nota en agrio regusto de que aun siendo parte de los vencedores, el enemigo fascista derrotado, el ninguneo y silencio al que fueron sometidos, les convertía en unos singulares vencedores al tiempo que vencidos por el peso de la historia oficial urdida por los elaboradores de historias oficiales, que no podían, ni debían ser, empañadas por la presencia de algunas presencias incómodas; « cómo considerarse vencedores cuando los hermanos y hermanas, padre o madre habían muerto en deportación?».

Los componentes de aquel movimiento, integrado por muchos hombres y mujeres procedentes de Armenia, Polonia o Rumania y que jugó un papel esencial y desencadenante en la Resistencia, tenían a la sazón entre quince o veinte años, por regla general , aunque también había algunos que rozaban la treintena ( Victor Zigelman et Henri Krasucki, Sophie Szwarc et Yanina Sochaczewska, Jacquot Szmulewicz et Étienne Raczymow, Paulette Shlivka et Esther Rozencwajg); así pues, las personas a las que Wieviorka ya rondaban los sesenta años o más, y desde entonces había llovido mucho, tanto en la visión de aquellos momentos vividos, como los tiempos posteriores en los que los sueños de entonces quedaron frustrados por usurpaciones y desviaciones varias. Si entonces , puede constatarse en los testimonios, existía por parte de ellos un compromiso a muerte por las ideas comunistas, el paso del tiempo ha producido en la mayoría de ellos un profundo desencanto además de por el curso de la historia, por el trato recibido, con el problema añadido de que no resulta fácil borrar el pasado sobre el que se sustenta el presente ( dificultad que no es exclusiva de estos seres sino de todas las vidas…hasta me atrevería a decir que de la propia autora de la obra, quien tras su militancia maoísta en mayo del 68 y sus dos años pasados posteriormente en China, acabó hallándose, retomando la genealogía, en sus orígenes judíos familiares, como identidad de pertenencia). Los testimonios difieren en lo que hace a las posiciones actuales de los protagonistas, viéndose casos de arrepentimiento, no en lo referente a la lucha contra el nazismo, sino a lo que deparó el horizonte comunista, y el vértigo por parte de algunos a poder haberse visto arrastrados, si hubiesen permanecido bajo la disciplina férera del partido, a comportarse de manera indebida y brutal por la obediencia ciega que entonces compartían ( era aquello de que m´s vale equivocarse dentro del partido, que tener razón fuera); también hay algunos que aun seguir considerándose “comunistas”, lo hacen con una visión más temperada y crítica. Lo que es común a todos ellos es que aun manteniéndose , en aquellos años, fieles al comunismo soviético, la lucha no se reducía, de ninguna de las maneras a la defensa de la URSS, sino que la suya era una lucha impulsada por la libertad, por que Francia fuera dueña de sus destinos, etc.

A través del centro de gravedad de la obra como no podía ser de otro modo, se infiltran los temas relacionados por el PCF y la tardanza con la que reaccionó ante la ocupación debido al pacto germano-soviético de 1939, que les hacía mantener unas distancias iniciales con la resistencia y hasta un comportamiento rozando la hostilidad con algunos comerciantes judíos a los que automáticamente pasaban a considerarles colaboradores ; del mismo modo que se puede ver la utilización que el partido hacía de los inmigrantes si bien también es verdad, como algunos de ellos declara, que su entrega era tal que aceptaban ser utilizados para el sacrificio, etc., si obviar que en el seno del partido eran bien recibidos y aceptados, aceptando ellos, por otra parte, de que la lucha contra el nazismo era la única manera de evitar el genocidio judío ( cuestión, la del exterminio de los judíos que no estaba en el orden del día ni de los aliados, ni tampoco del comunismo oficial). Esta militancia, como es natural en aquella situación les conducía al uso de las armas, cuestión que resultaba francamente problemática para muchos de ellos, que dudaban, sintiendo un hondo malestar .

Si hay algún pero que pueda ponerse al libro es que se queda más en los detalles de los compromisos individuales, quedando fuera de foco el ambiente que se respiraba tanto en París como en Lyon, la reacción ante la concentración en el Vélodrome d´Hiver o de las noticias que llegaban del campo de Drancy; del mismo modo puede también señalarse cierta miradas anacrónicas por parte de la autora, que enjuicia algunos comportamientos posteriores a los hechos como que conservasen pertinencia en aquellos años pasados.

Sea como sea, y sin obviar la cierta sublimación de la Resistencia que se dio en el país vecino, y las mil leyendas creadas y difundidas al respecto, unido a la desatención que padecieron algunos de los participantes en ella ( nada digamos de la que padecieron quienes habiendo sido llevados a los lager por el mero hecho de pertenecer a una creencia religiosa convertida en raza parasitaria por los científicos de la pura raza aria), Anna Wieviorka pone luz sobre unos hechos poco atendidos, cumpliendo con el justo deber de memoria, recuperando , por medio de la voz de los protagonistas, aquellos actos de arrojo y lucha antifascista.

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