Sobre Juana Rivas, por alusiones

Por Cristina Fallarás

Ningún cambio se ha producido sin desobediencia o protesta. Ninguno de los derechos que hoy disfrutamos nos han sido regalados. Y muchos nacieron gracias a individuas e individuos que decidieron desobedecer.

 

Replica al artículo ‘Tres notas sobre el caso Juana Rivas’, del Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía política Javier de Lucas, publicado en Infolibre el 24 de agosto

El pasado 24 de agosto, el Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía política Javier de Lucas mencionaba una “conversación” mantenida conmigo en tuiter sobre el caso de Juana Rivas. Más que responderle –su opinión y magisterio no llaman a respuesta, sino a agradecimiento por su deferencia–, paso a basarme en su texto como una forma de exponer otro punto de vista sobre el caso de Juana Rivas.

Se puede leer AQUÍ su artículo completo. Y AQUÍ mi reportaje al que hace referencia. A continuación, cabalgo sobre su texto, en orden, para responder a las ideas que expone.

1. “Ha alcanzado a mi juicio tal ruido mediático, que resulta difícil poner orden en lo que es, debe ser, un asunto de derechos y de Derecho”.

De esta frase, así como de muchas de las consideraciones oídas estos días, se desprende que el “ruido mediático” es negativo. Puede haber resultado negativo para la propia Juana Rivas, mas no para el resto de la sociedad. El comportamiento de la madre de Maracena y su presencia en los medios de comunicación ha convertido un caso que no es único en un debate social. Sin ir más lejos, sin su “ruido mediático”, ni el catedrático De Lucas habría escrito su artículo, ni yo estaría respondiéndole ni usted leyéndolo.

Lamentablemente, la imagen de Juana Rivas se ha hecho popular, como su dolor. Las redes se han llenado de agresiones en las que se mofan de sus lágrimas. Pues bien: Así se llora. En público o en privado.

2. “En una discusión pública con mi respetada amiga Cristina Fallarás, me echaba en cara que cuando sostengo que la prioridad en este caso no son los intereses de Juana Rivas (ni siquiera como víctima de violencia de género, sino los de sus hijos), no sé lo que siente una madre (lo que es verdad), ni tengo la experiencia de las mujeres en su lucha contra la subordiscriminación”

Pese a que ese era, efectivamente el fondo de mis respuestas al profesor, no fue ese exactamente el enunciado. De hecho, la pregunta fue más directa: Si la madre de sus hijos fuera una maltratadora, estuviera condenada en su momento como tal y denunciada ahora por lo mismo, ¿le entregaría usted a los hijos por mandato de un juez?

DE LUCAS NO SABE LO QUE HARÍA PORQUE NO SE HA VISTO EN LA NECESIDAD DE PARARSE A PENSARLO. Y ESTO ES ASÍ PORQUE SON POQUÍSIMAS LAS DENUNCIAS DE PADRES A MADRES POR MALOS TRATOS

Su respuesta, como es normal, fue “Reconozco que no sé lo que haría. Sí sé lo que debería hacer: no jugar con su interés”. Pero no era la mía una pregunta trampa, sino la evidencia de que la experiencia común y pública del maltrato coloca a menudo a las mujeres en dilemas a los que no se suelen enfrentar los hombres. De Lucas no sabe lo que haría porque no se ha visto en la necesidad de pararse a pensarlo. Y esto es así porque son poquísimas las denuncias de padres a madres por malos tratos. Los casos en los que una madre debe entregar los hijos al maltratador o compartir con él la custodia están a la orden del día, y no somos pocas las mujeres que, en un momento u otro, nos hemos parado a preguntarnos, ante una información semejante, o ante el informe de turno del Instituto de la Mujer o del CGPJ, qué haríamos nosotras en ese caso. Es decir, en el caso de las mujeres, existe una experiencia colectiva de la violencia, que es la que da como fruto, entre otras cosas, la necesidad de una Ley Integral contra la Violencia de Género.

3. “También me recordaba Cristina Fallarás el déficit jurídico de las resoluciones españolas desfavorables a la Sra Rivas: el primero, no tener en cuenta que la otra parte en el litigio, su exmarido, tiene condena por mal trato; el segundo, la lentitud en la traducción y comunicación de esa condena a la jurisdicción italiana”

Efectivamente, el eje de mi reportaje era doble e incontestable. Por un lado, no se tiene en cuenta que el padre de los niños fue condenado por maltrato una vez, y lleva ahora más de un año denunciado por lo mismo. La magistrada del Juzgado de Primera Instancia número 3 de Granada, María del Carmen Siles, admite el maltrato, y sin embargo ordena a la madre entregar los hijos a su padre. Por otro lado, Juana Rivas denuncia al padre por maltrato el 20 de julio de 2016, y la magistrada del Juzgado de Violencia contra la Mujer número 2 de Granada, Aurora Angulo González de Lara, aludió a la “falta de jurisdicción” para desviar el caso a Italia. Sin embargo, no lo hizo hasta el pasado 10 de agosto de 2017. Cabe además preguntarse hasta qué punto el “ruido mediático” ha sido el responsable de que por fin, más de un año después, se decida a actuar.

4. “La cuestión jurídica prioritaria en este caso es el interés de los menores, los dos hijos de la Sra Rivas y el Sr Arcuri. Y a propósito de ello, cuando hay conflicto, no veo solución menos mala que entregar esa decisión a los tribunales. ¿Que se pueden equivocar? Sí, como en cualquier otro contencioso jurídico”

En primer lugar, en mi opinión, el hecho de que en casos como este los tribunales se puedan equivocar “como en cualquier otro contencioso jurídico” resulta de suma gravedad. Precisamente porque están en juego la integridad y la seguridad de dos menores. Así pues, no es comparable a cualquier delito relacionado con la propiedad, con la corrupción, con la salud pública, con… Pero es que, además, tal afirmación sitúa a ambos progenitores en el mismo nivel.

¿ES LEGÍTIMO/JUSTO PONER A LA MISMA ALTURA A UN PADRE CONDENADO POR MALTRATO Y A UNA MADRE QUE TRATA DE IMPEDIR QUE SUS HIJOS VIVAN CON ÉL?

Y en este punto, vuelvo al asunto expuesto anteriormente, en mi segunda consideración. Si bien es cierto que Juana Rivas, como se ha repetido hasta la saciedad, “ha estado mal asesorada”, ¿es legítimo/justo poner a la misma altura a un padre condenado por maltrato y a una madre que trata de impedir que sus hijos vivan con él? ¿Quién actúa en este caso en interés del menor, el padre o la madre? ¿Actúan igual el padre que maltrata y la madre que protege?

En el mismo párrafo, Javier de Lucas insiste en que “la cuestión decisiva aquí (…) no es la de víctima de violencia de género que concurre en la Sra Rivas, sino el interés de los dos menores. Como hay conflicto a ese respecto entre la Sra Rivas y su exmarido (condenado ciertamente por maltrato, lo que un juez debe tener en cuenta, sí o sí), no veo otra que confiar en que un tribunal decida cómo tutelar mejor el interés de los dos hijos”. Si se tiene en cuenta que, como dicta la legislación española, los hijos de una mujer víctima de violencia de género son inmediatamente ellos víctimas de violencia de género, ¿no sería razonable considerar a los tres, en este caso, víctimas del mismo delito?

Y es más, visto el fallo que obliga a Juana a entregar a los hijos al maltratador –o sea, que no ha tenido en cuenta aquello que debía “sí o sí”–, ¿no debería llevarnos a replantear todo ese argumento? ¿De verdad consideramos, a la vista de los hechos, que lo mejor es “confiar en que un tribunal decida cómo tutelar mejor el interés de los dos hijos”?

5. “El segundo error, en mi opinión, es la hoy cada vez más frecuente apelación a la desobediencia frente a la injusticia. A la desobediencia, así, sin más.”

Solo una pregunta: ¿Frente a la injusticia, debería ser, pues, la obediencia nuestra respuesta?

Cabe recordar, al margen, que ningún cambio se ha producido sin desobediencia o protesta. Ninguno de los derechos que hoy disfrutamos nos han sido regalados. Y muchos nacieron gracias a individuas e individuos que decidieron desobedecer.

6. Alegan quienes así lo sostienen que es evidente que la tutela de los niños en caso de mujeres víctimas de mal trato no está suficientemente garantizada por el marco legal vigente. Pues bien, refórmese. Pero, a mi juicio, eso no autoriza a la Sra Rivas ni a nadie a saltarse según le parezca oportuno las decisiones de los tribunales, ni justifica sin más que el interés de los menores esté mejor garantizado manteniéndolos bajo su tutela en condición de clandestinidad.

Para empezar, por supuesto que el interés de los menores no está mejor garantizado en clandestinidad. Pero ahí nos olvidamos de que la madre en ningún momento decidió motu proprio pasar a la clandestinidad, como si fuera un modo de vida adecuado para sus hijos, del tipo “oh, qué bien, ¿dónde vivimos, en el campo o en la clandestinidad?”. Rivas opta por esconderse como resultado de la orden judicial que le obliga a entregar a sus hijos al padre maltratador.

Puntualización aparte, si de verdad consideramos la realidad, o siquiera la posibilidad, de que “la tutela de los niños en caso de mujeres víctimas de mal trato no está suficientemente garantizada por el marco legal vigente”, no cabe la respuesta “Pues bien, refórmese”. No cabe porque entre el momento en que detectamos esa falla y el momento en el que se reforma efectivamente, existe un lapso de tiempo, me temo que largo, en el que miles de mujeres quedan desamparadas.

Lo dicho me lleva a rechazar una afirmación del catedrático De Lucas, que también he oído repetir estos días: “Mientras no inventemos una solución menos mala, hay que atenerse a la que tenemos”. Quizás es válida para juristas y teóricos, pero pongo muy en duda que lo sea para una madre en la situación de Rivas. El debate que ha suscitado el “ruido mediático” de Juana Rivas ha puesto de manifiesto, precisamente, que la solución es mala, y que a la espera de esa “solución menos mala”, se deben tomar al menos medidas provisionales que eviten poner en riesgo a las víctimas, especialmente si estas son menores.

Y 7. “Una víctima de violencia de género debe ser ayudada y tiene todo el derecho a ello, a que se tenga en cuenta su condición, pero no por ello lleva razón en todo lo que haga”

Por supuesto que una víctima de violencia de género no lleva razón en todo lo que haga, faltaría más. Nadie en el caso de Juana Rivas afirma eso. Sólo se está considerando el hecho de que, a causa de una orden judicial que ella considera pone en peligro a sus hijos, decidió desobedecer y esconderse.

En fin

La conclusión de este desgraciado caso es que una jueza ha dado la tutela de los menores a un padre condenado por maltrato. Y que la Fiscalía, lejos de recurrir dicha medida, ha recurrido aquella que deja en libertad a la madre.

Más allá de todo lo expuesto, y dado que este es un artículo de opinión, me permito la siguiente pregunta: ¿Qué sociedad hemos construido que cree que una madre entregará, y cree que debe hacerlo, sus hijos a un padre maltratador sin tratar al menos de desobedecer la orden? ¿En qué sociedad cabe que la Justicia apoye al agresor y le entregue a los hijos? ¿En qué Justicia, si esta considera igual de culpable al padre que maltrata y a la madre que trata de proteger?

En cualquier caso, agradezco a Javier de Lucas que me ayude a expresar lo que pienso.

http://ctxt.es/es/20170823/Firmas/14634/juana-rivas-hijos-justicia-respuesta.htm

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS