Jornadas de la FAN en Barcelona

8

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp El programa comenzó el día 9 un coloquio que el título de “Republicanismo i Cuestió Nacional”, y en el&nbsp intervinieron Ernesto Benito que acaba de publicar un trabajo sobre El joven Nin, José Ramón Castaño (a) “Troglo”, con una larga experiencia sobre la cuestión en Euzkadi y Jaime Pastor que es uno de los marxistas españoles que más atentamente ha seguido este tema, tan polémico. La jornada tomaba como punto de partida el reconocido ensayo de Nin Els moviments d´emancipació nacional, que acaba de editar Base de Barcelona. El sábado 10 hubo una primera sesión que a las 16h.,&nbsp que abordó unas ponencias sobre&nbsp "La revolució russa" que contó con las presencias de Ferran Aïsa que acaba de publicar su interesante obra sobre las vanguardias artísticas (de la que ya nos ocuparemos), Reiner Torstorff, autor de uno de los trabajos más reputados sobre el POUM, y cuya versión abreviada se está preparando para una edición catalana en Edicions 1984, y yo mismo…A continuación, se realizó otro encuentro con el título de "Andreu Nin, Joaquín Maurín i el marxisme a l´Estat espanyol" en el que tomaron parte Albert Martí, Yveline Riottot, biógrafa de Maurín, y Pelai Pagès, cuya última obra editada ha sido La guerra (y la revolución) en Cataluña,&nbsp &nbsp Jaime Pastor. El mismo sábado por la mañana se organizó una marcha siguiendo los pasos de una ruta por la Barcelona del POUM. Lástima que la copiosa lluvia caída durante el día en la Ciudad Condal, deslució un poco la brillantez y animación de las actividades que contaron con un alto nivel de análisis teórico, y eso era lo que se trataba.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Aunque no estoy en condiciones de hablar de los demás actos ya que me encontraba en Andalucía, lo que ya me hice llegar tarde al mío, además me tuve que marchar antes del siguiente por problemas laborales, me gustaría decir unas pocas cosas sobre el asunto Nin y la revolución rusa, tema que Ferran Aïsa conoce en sus pormenores catalanes, y Rainer en todos sus entresijos relacionados con la Internacional Sindical Roja, la internacional sindical alternativa a la sindical de Ámsterdam de filiación tradeunionista.&nbsp &nbsp &nbsp

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp En mi intervención traté de colocar la historia nacional catalana en el contexto del “siglo soviético”, señalando que, al margen de las vicisitudes propias del movimiento comunista tanto de filiación prosoviética como el heterodoxo, 1917 y el desarrollo de la URSS influyeron para que la Internacional comunista acabará teniendo mayor trascendencia en la crisis española de lo que llegaron a tener la II socialista o la AIT anarcosindicalista por más que, en el terreno de los hechos, ambas gozaran de una influencia señaladamente superior. 1917 demostró para los de arriba y para los de bajo que la revolución era posible, España era un país enfermo que ya había vivido una crisis social en 1917, con la huelga general que unió a UGT y CNT, y fue el miedo a la revolución “comunista” lo que movilizó a la derecha contra la República.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp En líneas generales, la influencia soviética en el mundo en general, y en España en particular, puede dividirse en dos fases, de significación netamente diferenciadas aunque dichas diferencias no estuvieron tan claras para la gran masa de trabajadores que, en su mayoría, no pudo distinguir entre&nbsp una y otra. La primera es, obviamente, la que sigue a la revolución de febrero, y su alcance tanto en la CNT como en el PSOE, así como en sectores independientes de la izquierda, fue enorme. Sin embargo, se puede decir que esta fase apenas si consiguió dar lugar a un movimiento comunista prontamente sometido y dividido. En este tiempo, Andreu Nin será sin lugar a dudas el más “soviético” de todos los comunistas. Recordemos que además del papel que jugó en la Internacional, fue un destacado militante del PCUS en Moscú. Rainer nos contó algo sobre el precio que tuvo que pagar por negarse a descalificar a Trotsky, genuflexión que –conviene recordar- tampoco se prestó Maurín…

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp La segunda fase se enmarca en un período en el que el prestigio de la revolución se revaloriza con la reafirmación del Estado soviético, las consecuencias de la depresión de 1919, con todas las dramáticas consecuencias que tuvo en el pueblo, y el ascenso del nazismo ante las manifestaciones de cobardía por parte de la “democracia liberal”…Entonces, solamente una minoría tenía una conciencia clara de lo que realmente estaba sucediendo en la URSS, y Nin se contaba en esta minoría tanto por su admiración por Trotsky como por su amistad con Víctor Serge, quien podía definirse casi como el “alter ego” de Nin.&nbsp No obstante, después de su regreso en 1930, Nin se mostró muy cauto en las críticas la burocracia y al estalinismo que veía como un desvió de una revolución cuya defensa nunca se cuestionó.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp De una manera u otra, todos los ponentes hablamos de las difíciles relaciones entre el bolchevismo y el anarcosindicalismo, el primer lugar con la CNT que era, de lejos, la central de esta naturaleza más importante e influyente.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp En los primeros tiempos del proceso revolucionario, Trotsky fue interpretado como el líder bolchevique más próximo a los anarquistas que también estaban por romper con el gobierno provisional, y en general, se sentían cómodos en los turbulentos soviets tan bien descritos en las obras de John Reed y Nikolai Sujanov. Algo tendría que ver con esta actitud la intensa relación que Trotsky mantuvo con los sindicalistas franceses como Alfred Rosmer y Pierre Monatte, representantes de la CGT que no había claudicado ante la oleada patriotera, y junto con Víctor Serge, la principal conexión en Moscú para Andrés Nin y Joaquín Maurín en el Moscú de los tiempos de Lenin. Monatte fue el contacto escogido por Ángel Pestaña de camino hacia la Rusia soviética donde fue atendido especialmente por Serge, al que ya conocía de Barcelona.&nbsp

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Sin embargo, este hilo se cortó drásticamente, sobre todo después de la insurrección de Kronstadt en marzo de 1921, episodio sobre el que el anarquismo ofrece en síntesis el siguiente dictamen: "Durante tres semanas la democracia obrera y el poder de los soviets se hace realidad en Kronstadt. Pero Kronstadt está aislado del resto de Rusia y no llega a conectar con los obreros del país. Así se impone la mentira del Estado comunista que trata a los insurrectos de Kronstadt de contrarre­volucionarios. Los insurrectos resistirán a las mentiras y las armas del gobierno bolchevique, hasta que el ejército rojo, a las órdenes de Trotsky, los masacrará".

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Éste y no otro sería el punto de vista que se impondría en&nbsp la CNT desde principios de los años veinte, y que sucintamente viene a afirmar: a) "Kronstadt es la primera denuncia de la gran mentira bolchevique"; b) “a la vez que (es) &nbsp la demostración de que una organización social a través de los soviets es posible"; c) “Kronstadt -como la macknovichitna- fue la expresión de la voluntad insurreccional de obreros y campesinos que han aprendido que "la existencia del Estado y la existencia de la esclavitud" son inseparables; d) “los insurrectos eran los marineros de Krons­tadt, tenían un ideario anarquista, y por lo tanto nada que ver con los contrarrevolucionarios; e) corresponde a Trotsky, como jefe del Ejército Rojo, la principal responsabilidad en la represión de la revuelta. Desde entonces, decir Trotsky ha sido decir Kronstadt, y por lo mismo, una lectura que convierte a éste en un mero antecesor… de Stalin, amos representativos del mismo pecado original: las normas centralistas. Tanto es así, que todavía en 1937, después de los acontecimientos de mayo de Cataluña, cuando ya han raptado a Andreu Nin, y se vive de pleno la campaña represiva contra el POUM, la CNT edita un folleto de Emma Goldman de título concluyente: Trotsky habla demasiado.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Sin embargo, la lectura atenta de una obra sobre Kronstadt, como la de Paul&nbsp Avrich, que aunque está escrita desde una simpatía reconocida por el anarquismo, no concuerda con este esquema convertido en un auténtico canon sobre el que no parece haber posibilidad de discusión.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp A lo largo de su investigación, &nbsp Avrich tiene buen cuidado en no situar el hecho como conclu­yente. Su visión del anarquismo ruso no es la de la propia escuela, tan idealizada que ni tan siquiera llega a distinguir entre el Kropotkin de antes de la “Gran Guerra”&nbsp y el que opta por los Aliados, más o menos lo que sucedió con el “padre” del marxismo ruso, George Plejanov. La historia de la corriente no es un largo río encauzado por el idealismo&nbsp anarquismo ruso, sino una realidad compleja y cubierta de agudas contradicciones, en primer lugar porque nunca queda clara la distinción con los socialistas revolucionarios o eseristas. En segundo lugar, porque la brutal represión zarista obliga a extremar las normas clandestinas, y por lo tanto no permite la libre discusión. Se da un fuerte conflicto entre los sectores más sindicalistas y los más espontaneístas, también con los más proclives a la actividad armada y/o terrorista. La consecuencia general es que cuando llegan las libertades en febrero de 1917, el estado organizativo resulta muy atrasado en relación mencheviques y bolcheviques con los que, por lo general, coinciden en sus propuestas en los soviets como remarcado con especial interés Marc Ferro. .&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp La fructífera relación de los “buenos tiempos”, o sea hasta Brest-Listovks o incluso hasta principios de la guerra civil, se rompió en el curso de esta, aunque también se rompió entre los propios bolcheviques, de ahí que en algunos trabajos algunas corrientes internas del bolchevismo&nbsp hayan sido catalogadas como anarquistas o anarcosindicalistas, consideración que, por citar un ejemplo, tuvieron que escuchar muchas veces los miembros de la Oposición Obrera. No obstante, a la hora de verdad, en marzo de 1921, sus componentes ocuparon sus puestos entre las fuerzas que querían ocupar la fortaleza en medio de una batalla a vida o muerte. En un artículo escrito poco antes de morir, Víctor Serge acusa a los bolcheviques de no haber sabido negociar, pero el propio Avrich reconoce que la inmediatez del deshilo habría hecho la fortaleza inexpugnable en un tiempo muy delicado. O sea en un tiempo en el que la guerra civil ya ha terminado,&nbsp pero en el que la coalición blanca está probando nuevas tácticas aprovechando el creciente malestar campesino y de los obreros. Su consigna es “vivan los soviets sin bolcheviques”.&nbsp

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Si nos atenemos a las lecturas que tradicionalmente se ofrece en la prensa de afiliación anarquista, los juicios que se ofrecen sobre ella inciden muy en primer plano en el “pecado original” del centralismo marxista y/o leninista como desencadenante de un proceso represivo que se inicia ante todo con los anarquistas, para seguir luego su curso en coherencia. Todo lo demás, la suma de “circunstancias”, las ya heredadas del atraso secular, de una guerra mundial que será especialmente terrible en las tropas rusas (de hecho, este fue el factor más influyente para desencadenar el proceso revolucionario), pero sobre todo una guerra civil que deja al país al borde del abismo, apenas si merece consideración. La guerra había destrui­do la vanguardia obrera, incluyendo pro supuesto a la de filiación anarquista que estuvo en primera línea. Así pues, de los militantes de Kronstadt de 1917 no quedaba casi nadie en 1921, incluso su líder más reconocido, &nbsp Yarchuck estaba en­carcelado, lejos de los acontecimientos.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp De he­cho ninguna corriente política podía decir que los representara. Los mencheviques eran im­portantes en las fábricas de Petrogrado, los so­cialistas revolucionarios de izquierda tenían una presencia, el propio Petritchenko podía ser califi­cado como tal, algo nada extraño ya que, como demuestra el propio Avrich en su otro libro, el anarquismo y el populismo tuvieron una historia muy paralela en Rusia. No era cierto que los insurrectos tuvieran que ver con los "blancos", pero sí lo es que éstos "resucitaron" con las ex­pectativas de que se abriera un frente antibolche­vique con el deshielo, e hicieron propia la con­signa "soviets sin bolcheviques".

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Es cierto que las huelgas estaban al orden del día, lo mismo que las revueltas agrarias (sobre todo una vez se de­rrotó a los "blancos"), pero fueron revueltas con­tra el llamado "comunismo de guerra", y de hecho, tal como diría Lenin, Kronstadt fue como "un relámpago en la noche", iluminó el malestar generalizado de la base social de la revolución, de manera que su consecuencia básica fue la instauración de la Nueva Política Económica, que abrió un período "liberal" en la revolución hasta finales de los años veinte, cuando Stalin impuso las colectivizaciones forzosas.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp No es cierto que los bolcheviques trataran a los insurrectos de "contrarrevolu­cionarios", a la manera estaliniana para entendernos, sin más. Su punto de vista está conte­nido en dos matizados trabajos de Eugene Preobrazhenski y Nikolai Bujarin que insisten en planear un debate entre escuelas. El mismo Avrich reconoce que si los bolcheviques cedían, la fortaleza &nbsp podría convertirse en el principio de un nuevo conflicto, y sí bien los insurrectos eran "ca­maradas", su "tercera revolución" apuntaba hacia una reanudación de la guerra civil. Por otro lado, Avrich no se hace cábalas sobre sí era posible una experiencia anarquista, y las experiencias –como la española– que hemos conocido ulte­riormente se sitúan en un paréntesis. 0 sea en medio de un proceso revolucionario inconcluso en el que desde el poder de la República se permitió una "zona anarquista liberada", al tiem­po que trabajaba para recomponer las funcio­nes integrales del Estado. Cuando lo lograron, la zona fue liquidada. No creo por lo tanto que se pueda afirmar que la “comuna libre” se haya mostrado en los hechos sin considerar este hecho, por cierto magníficamente descrito por Ken Loach en Tierra y Libertad

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp No deja de ser curioso que, para reforzar es­ta acusación, no dudan en asimilar como mera continuidad los testimonios críticos efectuados contra el estalinismo desde posiciones comu­nistas disidentes, como las del doctor Anton Ciliga (co­fundador del Partido Comunista yugoslavo, y detenido por for­mar parte de la Oposición de Izquierdas liderada por Trotsky y Zinóviev); de Panait Istrati, de Orwell. Aunque sea con todos los matices necesarios, estos alegatos son considerados unánimemente –como el de Gide– en la misma onda que las aportaciones de Trotsky. Inmersa en esta amalgama: Kronstadt=Trotsky=Stalin (que se puede extender con un igual a Marx según Rocker o Gastón Leval. Éste último se mostrará especialmente sectario a lo largo de su vida. A su parecer, no había nada que salvar por debajo del ideal de la anarquía. Sin embargo, los avances históricos siempre han sido muy difíciles, y sí algo ha demostrado el siglo XX es que la revolución no es una línea recta hacia el sueño emancipador.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Durante los años veinte, serán Nin y Maurín los que llevaron el mayor peso de la controversia entre bolchevismo y anarcosindicalismo. &nbsp Antes de &nbsp regresar de Moscú, Nin &nbsp publicó varios artículos en L’Opinió explicando los planes económicos soviéticos, y participó en una polémica sobre el anarquismo junto a Maurín, Joan Peiró y Jordi Arquer. Nin defendió que el arraigo del anarquismo en Cataluña no se debía, como planteaba Maurín a la inmigración y el oportunismo socialista, sino al predominio agrario y el carácter pequeño-burgués de la economía catalana. En noviembre y diciembre de 1928, L’Opinió realizó una encuesta sobre la preferencia en las formas de gobierno (Monarquía o República), las relaciones entre Iglesia y Estado, el carácter laico de la enseñanza y la incompatibilidad del socialismo con el liberalismo político. Nin y Maurín respondieron a los resultados de la encuesta de forma similar. Nin argumentó al igual que Maurín, que la República era sin lugar a dudas la mejor forma de gobierno, y además debía de ser el marco institucional necesario para realizar la revolución democrático-burguesa pendiente, revolución que debería ser impulsada por el proletariado a causa de la incapacidad de la burguesía para llevarla a cabo. Nin se mostró también partidario de la separación de Iglesia y Estado, así como de la laicidad de la enseñanza.&nbsp

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Ulteriormente, tuvieron que suceder muchas cosas, entre ellas el rapto y asesinato de Nin (y de Berneri), para que la CNT comenzara a plantearse las diferencias que existían entre el “auténtico bolchevismo” del POUM (Emma Goldman), y el estalinismo…Pero entonces ya era demasiado tarde.