Jeffrey Epstein, la imagen putrefacta del capitalismo contemporáneo

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La plataforma de streaming Netflix ha lanzado una serie llamada «Filthy Rich» (rico asqueroso) sobre el raider de las finanzas Jeffrey Epstein. Se trata de la historia de un multimillonario del sector financiero quien organizó un servicio pedófilo encubierto en actividades de masajes. La serie está bien documentada, con videos, fotografías, entrevistas y reportajes sobre el escándalo protagonizado por este siniestro personaje que operaba en Palm Beach, Florida; en una isla privada en las Islas Vírgenes Americanas; en Nueva York y en Nuevo México.


Perfil de Epstein

Era una persona de clase media baja que incursionó en el mundo financiero y por maniobras en este segmento logró el éxito y se convirtió en un potentado cuya liquidez le permitía tener amigos poderosos, el respeto de mucha gente aunado a una personalidad simpática y carismática. Sus problemas radicaron en la exacerbación de la pedofilia y parafilias anexas, combinadas con acoso sexual, violaciones y corrupción de menores.

Sus allegados estructuraron el servicio prestado buscando sus clientes en niñas de 12, 14 y 16 años, pertenecientes a los estratos pobres y a familias disfuncionales, vale decir, personas muy vulnerables. Eso, sumado al poder y sus influencias, intimidaban a las adolescentes captadas con pagos elevados en proporción a su condición social. La oferta era de masajes encubridores de onanismo, actos lascivos, acosos, violaciones e incluso promoción de prostitución mediante la contratación de jóvenes intermediarias a quienes se les pagaba por conseguir a otras menores.

Escándalo en Florida

Sus actos, sumados a humillaciones a las niñas, generaron un cúmulo enorme de denuncias en Palm Beach y se activó una investigación donde participó la fiscalía de la zona, la policía de la localidad y el FBI. Un acuerdo entre el fiscal René Alexander Acosta y los abogados de Epstein, marcó su confesión y pidieron al juez que lo homologara lo cual hizo dejando sin consulta a las innumerables víctimas del sociópata. Eso ocurrió en el año 2008 y purgó una pena de un año y fracción en un correccional donde tenía todas las comodidades. El avenimiento fue denunciado por corrupción pero quedó transitoriamente como cosa juzgada violándose el derecho de defensa de las víctimas como parte del debido proceso y los derechos humanos en juego.

El fiscal Acosta fue increíblemente decano de Derecho de la Universidad de la Florida hasta el año 2019. También estuvo como Secretario del Trabajo en el gabinete del presidente Trump desde 2017, cuando fue nombrado y ratificado por el senado, hasta el 2019, cuando hubo de renunciar por el escándalo de los acuerdos reparatorios en los cuales participó. Insólito que con esos graves antecedentes haya sido designado como titular de un despacho del alto gobierno.

Sus compinches

Gran parte de la eficacia de Epstein fue consecuencia de sus relaciones, vinculaciones y amistades bien poderosas. En la serie documental aparece el presidente Donald Trump como amigo y vecino en su desarrollo inmobiliario denominado Mar-a-Lago; Bill y Hillary Clinton con quienes constituyó la Fundación Clinton; el príncipe británico Andrés gracias a las gestiones de quien fungía como esposa de Epstein, hija de un millonario inglés de apellido Maxwell; el productor cinematográfico Harold Weinstein, actualmente condenado a más de veinte años de presidio por delitos sexuales; el actor Kevin Spacey, enjuiciado actualmente por la misma clase de hechos punibles; Woody Allen y el príncipe saudita bin Salman.

Los anteriores amigos, relacionados o conocidos aparecen en múltiples viajes en los aviones de Epstein así como en calidad de visitantes asiduos de la isla privada y de su mansiónPalm Beach y se jactaban de sus vínculos. Fotografías, videos, testimonios y documentos indicados en el documental, así lo corroboran. Es muy difícil aceptar que no conocieran de las prácticas sexuales del protagonista real del film.

El fin de las tropelías

No obstante que había cosa juzgada en el juicio de Florida, siguieron las denuncias en Nueva York y se comisionó al FBI para la investigación tanto en esa ciudad como en Palm Beach y las Islas Vírgenes Americanas. En el año 2019 un juzgado penal neoyorquino ordenó su detención preventiva y al regresar de un viaje de París fue aprehendido en un aeropuerto de Nueva Jersey en el mes de agosto de ese año.

Se dio comienzo al juicio y sus abogados ofrecieron hasta un millón de dólares en calidad de fianza pero el juez le negó este beneficio procesal. Ulteriormente en el correccional a donde se había ordenado la privación de libertad aparece muerto en un presunto suicidio. Unos días antes, el financista habría trasladado sus fondos a su familia para evadir los daños que pudieran resultar de una sentencia condenatoria.

El hipotético suicidio

Epstein fue recluido en un penal mientras se desarrollaba el proceso punitivo en su contra y fue encontrado muerto en su celda. Las interrogantes sobre el suicidio radican en varias circunstancias que lo ponen en duda. Primero, ese día el compañero de celda no estaba; segundo, un guardia que debía vigilarlo cada media hora no lo hizo: tres, las cámaras de grabación interna no funcionaron.

La conclusión de la necropsia oficial fue suicidio pero luego el experto responsable sostuvo que no había suficiente información para llegar a esa conclusión. Aparte, un especialista contratado por la familia Epstein descartaba el suicidio porque unos músculos ubicados debajo del maxilar no se desprendían en tal caso y ahora sí lo estaban contradiciendo esa hipótesis.

Responsabilidades pendientes

Después de su desaparición física concluye el juicio penal respecto a su persona pero falta determinar la imputabilidad de sus cómplices y la red organizada de sus andanzas sexuales. Son encubrimientos y complicidades sancionables con penas corporales aparte de los daños y perjuicios colegidos de todas esas barbaridades. Su viuda y demás empleados importante deben enfrentar esas acusaciones pero hasta ahora no se abierto ningún proceso al respecto.

Conclusiones

Los factores de poder mundial, con su encubrimiento y complicidad, ayudaron por largo tiempo a la impunidad de Epstein. No es que participaban todos en los actos de pedofilia, lascivia y violaciones sino que es improbable el desconocimiento de esas operaciones cuasi públicas. Esta situación la expresan varios ex trabajadores del billonario e incluso advirtieron la evasión de muchos de ellos cuando saliera a la luz pública el desastre humano cometido. Trump expresó que desde hace quince años no le dirigía la palabra al pedófilo por un incidente. No obstante, como ya lo señalamos, designó Secretario del Trabajo a René Alexander Acosta, el fiscal vector en el arreglo en Florida a espalda de las innumerables víctimas de delitos sexuales. Los Clinton negaron vinculación también desde tiempo atrás pero están las suficientes pruebas en el documental que verifican sus operaciones como viajes en aviones privados a Palm Beach y la isla privada en el Caribe. El miembro de la realeza inglesa, el príncipe Andrés, llega al colmo de la bellaquería cuando niega su relación con una menor aun cuando existe una foto donde aparece abrazado con ella tomada precisamente por quien padecía tantas aberraciones. Para algo sirvieron las múltiples donaciones efectuadas por Epstein a diferentes fundaciones y organismos de estos prohombres del poder internacional. Su éxito se fundamentó en las descomunales cantidades de dinero utilizadas como elemento comprometedor y promotor de complicidades.

Las premisas anteriores nos permiten concluir en la sórdida catadura moral de los personeros del poder en el mundo. Un orbe donde lo único de valor es el dinero y las riquezas acumuladas no puede producir sino la abyección inferida de tan abominables hechos. Es el estruendoso fracaso de un modelo civilizatorio cuyo eje es la crematística y padecemos como consecuencial, no como causa, de efectos como la pandemia del Covid-19, el cambio climático, los enormes incendios en la Amazoníay en a y Australia y la erogación presupuestaria elevadas en armas sumadas a recortes en educación y salud. Solo un cambio radical puede salvar al planeta de su desaparición por parte de unas élites depravadas e irresponsables. Superar la pandemia no es suficiente, es menester acabar con esta manera despreciable de actuar.

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