Javier Couso y la izquierda que les gusta a las dictaduras

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Por Gabriel Huland

La pregunta que nos hicimos fue ¿cómo justificar el diálogo con el principal responsable por la muerte de más de 400.000 personas y la práctica destrucción de un país? Un líder que ha perdido toda y cualquier legitimidad ante el pueblo sirio; que arroja bombas diariamente en escuelas, hospitales y mercados públicos. En Siria hay más de 11 millones de desplazados, un millón de heridos y centenares de miles de desaparecidos en las cárceles del régimen.

¿Hasta qué punto podemos aceptar y seguir creyendo en una izquierda que no sólo no tiene vergüenza en sentarse a dialogar con una persona de esta naturaleza, sino que invoca a Rosa Parks, la mujer que empezó la lucha por los derechos civiles para los negros en EEUU, para hacerlo? La decadencia moral y política de la mayoría de la izquierda (disfrazada de nueva o no) es tan latente que ni siquiera podemos reconocer en sus actos los más mínimos criterios de humanidad y de sentido de la realidad.

Couso ha reproducido en sus comentarios sobre la entrevista con Al Assad las mismas banalidades difundidas permanentemente en los grandes medios de comunicación. “No existe oposición democrática en Siria”. “Los únicos opositores al régimen son el Estado Islámico y Al Qaeda”. “Hay que representar igualmente a las dos partes en conflicto.”

La aparición y el crecimiento de los grupos extremistas no habría sido posible sin la liberación, por parte del gobierno sirio, de centenares de “yihadistas” que estaban en las cárceles sirias cuando empezaron los levantamientos pacíficos contra este régimen podrido que ya lleva más de 40 años en el poder. Una de las estrategias básicas de Assad fue la “islamización” y la “sectarización” del conflicto, todo para seguir en el poder. Su familia y amigos controlaban más del 60% de la economía del país.

En este momento hay más de 400.000 personas asediadas por el ejército de Bashar Al-Assad en Alepo. Hombres, mujeres y niños que no tienen acceso a comida y a una asistencia sanitaria básica. Rusia sigue bombardeando diariamente pueblos controlados por la oposición, causando la muerte de civiles que nada tienen que ver con los enfrentamientos militares. Assad ha utilizado armas químicas contra la población civil. Las torturas y las violaciones se han convertido en armas de guerra. El mayor terrorista en Siria es Assad. Las fantasiosas “negociaciones de paz” promovidas por la ONU y las potencias imperialistas están bloqueadas. En este momento, Occidente no tiene ningún interés en quitar a Assad del poder.

No es verdad tampoco que toda la oposición está vinculada a grupos extremistas. Estos grupos existen y son fuertes, pero han actuado conscientemente para derrotar al movimiento ciudadano y los comités locales, que eran las formas organizativas surgidas al principio de la revolución. A finales de junio, por citar un ejemplo, decenas de vecinos de la ciudad de Idlib se manifestaron contra el Frente Al Nusra, la rama de Al Qaeda en Siria, y lo han ido haciendo durante 100 días consecutivos, ondeando la bandera de la revolución en una zona en la que Al Nusra sólo permite la suya propia, la negra. Los ejemplos de grupos de activistas independientes como el Centro de Medios de Alepo, formado por periodistas independientes, y los Cascos Blancos, que rescatan a las víctimas de los bombardeos, son innumerables y siguen existiendo, pese a la total falta de apoyo internacional. Reducir la oposición al Estado Islámico es una maniobra iniciada por el régimen para conseguir apoyos internacionales.

Izquierda Unida tiene sus raíces ideológicas en los viejos PC’s ligados a la antigua Unión Soviética. Se han reciclado y cambiado de nombre después de la caída del muro de Berlín y de la desaparición de la URRS, pero siguen impregnados de las ideas vigentes entonces. Se trata de una momia ideológica y debería estar en el basurero de la historia hace muchas décadas. Su criterio teórico para analizar un conflicto es la teoría campista, de que en un conflicto sólo existen dos campos: los buenos y los malos. También abogan la falsa idea de que el pueblo no tiene capacidad de romper con los grandes partidos y construir alternativas políticas y organizativas. Para ellos siempre seremos una mera masa de maniobra en manos de grandes líderes. Son partidarios asimismo del culto a la personalidad y de la existencia de grandes hombres que nos salvarán a todas.

Repudiamos con todas nuestras fuerzas la visita de Couso al hombre que está promoviendo la mayor matanza de seres humanos de la actualidad. Repudiamos la vieja izquierda que ha perdido cualquier criterio moral a la hora de establecer sus alianzas. Nos solidarizamos con compañeros como Santiago Alba Rico, que ha salido públicamente y de manera correcta, rechazando la visita de Couso a Damasco y que ahora sufre ataques públicos y calumnias en las redes sociales.

Seguimos con el pueblo sirio en su lucha contra el régimen de Bashar Al Assad y los grupos extremistas como Al Nusra y el Estado Islámico. Todos ellos representan la reacción contra una revolución legítima y pacífica.

Javier Couso y la izquierda que les gusta a las dictaduras

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