Izquierda Unida: antes roja que rota

Ahora que a Izquierda Unida (IU) le ha dado por leer un poco a Antonio Gramsci y la cuestión de la hegemonía con el objetivo, con más moral que realismo, de sustituir al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como alternancia del bipartidismo estatal, bien podrían comprender mejor ese concepto y continuar leyendo un poco más hacia el concepto de “nacional-popular” que utilizaba el ideólogo sardo.

El coordinador general de IU, Cayo Lara, después de conocerse que la Junta de Andalucía en la que su formación gobierna junto al PSOE ha sido la segunda comunidad autónoma que más ha recortado en el último año (click aquí para la noticia), ha realizado unas declaraciones en las que se posicionaba ante un hecho de mayor relevancia social: la Diada del Principat catalán. Después de confirmar su compromiso con los valores democráticos al apoyar a una candidata a Presidente de la Junta sin que haya habido elecciones, IU vuelve a posicionarse de nuevo del lado de la movilización social y la voluntad popular como herramientas del cambio social y la lucha contra los recortes de la Troika y el capitalismo internacional. Si bien Cayo Lara, representante de toda Izquierda Unida, ya defendió en su momento el argumento de la derecha franquista durante la ‘Transición’ según el cual un territorio no podía decidir sobre su capacidad de autogobierno ya que ésa era una decisión del conjunto de los españoles, ayer el coordinador general de IU volvió a evocar ese posicionamiento franquista al decir que su formación votaría en contra de la independencia del Principat catalán. Según sus propias palabras, la independencia de Cataluña “sería malo para el resto de España”. Parece evidente, viendo la ausencia de comentarios sobre que la Andalucía que co-gobiernan sea la segunda comunidad que más ha recortado en el último año, que la independencia catalana sería peor para su modelo de Estado que los recortes que ellos mismos están gestionando en Andalucía y que aspiran a gestionar en la totalidad del Estado también junto al PSOE.

Desgraciadamente, el nivel de la izquierda “estatal” está tan imbuido por el nacionalismo español y su formación teórica tan condicionada a justificar los posicionamientos de su formación que sólo así se comprende que su cruzada por ser “hegemónicos en la izquierda” no implique una ruptura con el pensamiento dominante y ni siquiera plantee lo nacional desde una perspectiva popular.

Leemos en los Cuadernos de la cárcel de Gramsci que «En Italia el término nacional tiene un significado muy restringido ideológicamente y en ningún caso coincide con popular, porque en este país los intelectuales están alejados del pueblo, es decir de la nación, y en cambio se encuentran ligados a una tradición de casta que no ha sido rota nunca por un fuerte movimiento político nacional-popular desde abajo» y no hay que alejarse mucho para constatar que en España ocurre lo mismo hasta el punto en que la izquierda española rechaza vincularse con lo español mientras que ésa es la base de su proyecto político. En este video (click aquí, min. 12:52 en adelante) de ‘La Tuerka’ donde se debate sobre la cuestión nacional española podemos escuchar a Íñigo Errejón decir “¿Se ve alguna bandera española en las manifestaciones de quienes defienden la escuela pública? No. ¿Se ve alguna bandera española en las manifestaciones de quienes impiden que la policía eche a las familias de sus casas en los desahucios? No. ¿Se ve alguna bandera española en las manifestaciones a favor del derecho de los homosexuales? No.” ¿Acaso la bandera de la república española no es española? ¿Acaso la bandera republicana e ideales republicanos que ondea Izquierda Unida no defienden la unidad española igual que la bandera monárquica? Ya que ‘La Tuerka’, y ‘Fort Apache’, forman parte de ese intento de IU de conseguir una hegemonía ideológica en la izquierda, ¿no debería tratarse la cuestión nacional desde un punto de vista, al menos, marxista?

Si se hiciera así podría plantearse el carácter de clase y la composición plurinacional del actual estado español. Comprendiendo que un estado corresponde a los intereses de una clase social -tradicionalmente, la burguesía a pesar de sus contradicciones internas- se podría saber que el actual estado español sólo es consecuencia de los intereses de la burguesía terratenientes, financiera y empresarial de los distintos territorios que hoy lo componen. Ese hecho, que puede que haya quien lo considere poco significativo, es suficiente para saber que la burguesía catalana representada a través de Convergència i Unió (CiU) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) no tiene intereses en un estado independiente ya que la base de su tejido económico, sus intereses de clase, están cosidos al conjunto del modelo y mercado del Estado. De ahí que la declaración de soberanía firmada por ambos eliminara la referencia a un estado propio: la mayor integración que desean en la Unión Europea pasa por un estado federal autónomo y no por uno formalmente independiente.

Ser plenamente conscientes del carácter de clase de los estados nos evita caer en la tentación de pensar que un estado es una forma neutra que puede cambiar según sus gestores electos y nos plantea la lucha revolucionaria no sólo como una lucha de poder político sino también como una lucha contra la ideología dominante y la propia estructura del estado. Es en ese punto, el de la estructura del estado, donde no cuestionar la unidad de un estado compuesto por varios pueblos te ubica (al menos en el caso de un estado europeo de capitalismo avanzado) del lado de unos intereses de clase concretos y que no son los de la clase obrera. Es decir, en nuestro caso, no sólo no cuestionar la unidad de España sino defenderla activamente te posiciona del lado de los intereses de la burguesía y deja patente que el intento de ser “la izquierda hegemónica” se limita a los parámetros la ideología dominante del capitalismo y el parlamentarismo burgués. Así se explica también cómo es posible que IU se oponga en la práctica a la independencia del Principat pero se alíe con independentistas gallegos sobre el papel para las elecciones autonómicas en aquel país.

Porque tratar la cuestión nacional española de manera marxista aplicando la dialéctica también nos permite delimitar aquello de “las dos Españas”, reducidas burdamente a la de los ricos y la de los pobres pero que, en propiedad, corresponde a la España de la burguesía y la de la clase obrera. División que se materializa en la dialéctica utilizada por Blas Infante al referirse a “la vieja España” y “la nueva España” concretándose la vieja España en la de la unidad y la homogeneidad impuesta por esa unificación y la nueva entendiendo España no como una entidad política sino como el solar geográfico que se corresponde con la península ibérica políticamente compuesta por estados independientes y hermanados. Visión dialéctica de España que Infante heredaba de la tradición política federalista que ya se reflejaba en el “Manifiesto de los federales andaluces” de 1873 en el que se proclamaba una república independiente andaluza confederada con otras repúblicas ibéricas y donde se denunciaba una traición a los ideales republicanos por parte de la I República que ya auspiciaba el cubano José Martí en su “La República española ante la Revolución cubana” del mismo año. Porque mientras que la I República se denominaba federal y mandaba las tropas a Andalucía por proclamar su estado federal independiente y la II República se denominaba “de trabajadores” mientras los fusilaba en Sevilla, Gilena, Casas Viejas, Asturies… por hacer lucha obrera, la III República, si es que llega, no será diferente a sus dos anteriores ejemplos: incluso desde la izquierda, se atacaría la democracia de los pueblos hacia un pleno autogobierno y soberanía nacional-popular mientras que sus derechos sociales seguirían vendidos a los intereses del capitalismo internacional teniendo en cuenta que toda la derecha -centralista o no- defiende la unidad estatal y que la izquierda española se limita a lubricar los recortes de la Troika al más puro estilo socioliberalista incluso en su apariencia socialdemócrata..

Este análisis, aunque superficial, es lo que desde Izquierda Unida ni se plantean, la intención de realizar un análisis mínimamente marxista, ya que su posicionamiento está absolutamente del lado de la burguesía y pretende ser hegemonía haciendo lo que el PSOE no puede: canalizar el malestar social actual dentro de los límites del parlamentarismo burgués con el iluso convencimiento de conseguir ser la cara izquierda de la moneda del capitalismo cuando hoy, a pesar de todo, un PSOE en horas bajas sigue por encima en la intención de voto de la mejor IU en décadas. Lastimosamente, IU no pretende más que salvaguardar los intereses de la burguesía desde una engañosa pose de izquierda siguiendo la famosa cita de Calvo Sotelo: “España, antes roja que rota”.

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