Ivo Andric: y 3) otros escritos

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Por Iñaki Urdanibia

Guerras napoléonicas en los Balcanes

+ Ivo Andric

« Crónica de Travnik »

Debate, 2001.

Mayormente conocido por El puente sobre el Drina, publicada en 1945, el escritor balcánico fue poeta, novelista, autor de novelas cortas y ensayista, y siempre se mantuvo ajeno a las modas literarias, luciendo un realismo que resulta ilusorio si en cuenta se tiene que aun recurriendo a una amplia documentación histórica y situados en un tiempo determinado, ello no quita para que su prosa se mueva en una especie de sub specie aeterinatis al subrayar que los destinos humanos conducen a interrogarse si « ¿ no estaremos confrontados , en el pasado como en el presente , con las mismas nociones y los mismos problemas?». Siempre situando el escenario de sus escritos en Bosnia, en especial, y muy en especial en los seres humanos que pueblan aquellos pagos y cuyos actos permitían crear destinos de un alcance universal.

En esta novela en la que lo narrado se desarrolla en una pequeña localidad perdida en las montañas de Bosnia, un lugar amurallado y anclado en el pasado, con una pluralidad de etnias, religiones y autoridades , en donde la población vive en un constante temor ante el poder de los verdugos de diferente pelaje; localidad que está presente en el título, permaneciendo durante largos periodos dominada por los turcos, y en donde en medio de continuas tensiones convivían musulmanes, católicos, judíos y ortodoxos, somos situados en los momentos más álgido de las guerras napoleónicas. Allá llegan unos seres ajenos a las costumbres del lugar: un diplomático francés, Jean Daville, es enviado al lugar, para ocupar el puesto de cónsul. De su estancia, entre 1806 y 1814 ( más exactamente desde el primero viernes de mayo de 1806 al último viernes de octubre de 1814), seremos puestos al corriente, haciendo que se nos entregue una medida crónica de los tiempos convulsos en los que el enfrentamiento entre el Este y el Oeste europeos – con sus incomprensiones- dejan ver cierta apertura, obligada, por parte de los Balcanes con respecto a los que llegan, con las armas en la manos, desde el oeste; también reside en la localidad el embajador de Austria; un joven canciller llega a la misma embajada francesa , Des Fosses , en una situación en la que las esperanzas de ambos miembros del cuerpo diplomático – los dos nombrados en primer lugar- con respecto a sus carreras irán desvaneciéndose, rodeados de costumbres ancestrales, que a ellos les resultan absolutamente ajenas y lejanas con respecto a sus visiones de la vida y del mundo… ya que el modo de vida y los hábitos que allá se estilan resultan más cercanos a las ideas y modos medievales – con sus visires, monjes, comerciantes y burócratas- que a los propios de los tiempos modernos. Resulta destacable que la época narrada coincide con la de Guerra y paz tolstoiana, dándose en ambas un punto común en lo que hace al enfrentamiento nombrado entre el Oeste y el Este europeos, si bien cada cual desde la óptica de su país de origen, y diferenciándose en el pesimismo del serbio frente al optimismo del ruso, que en su obra no se priva de exponer su esperanzada filosofía de la historia.

El retrato es amplio, yendo más allá de la violencia bélica, la sangre, la tortura, para desplegarse por terrenos afectivos que se entreveran con las contiendas políticas. El fresco presentado hurga en las pasiones sedimentadas en aquellos lares en unos tiempos en los que ya anidan hechos que más tarde estallarían con una violencia inusitada, no esquivando las escenas sangrientas de empalamientos y diversos escarmientos convertidos en espectáculo intimidatorio. .

Historia e intriga avanzan de la mano en esta novela que pivota sobre el eje de los dos cónsules nombrados, seres en las antípodas el uno del otro ya que mientras el primero trata de mantener una estricta coherencia entre teoría y acción, hombre leído y articulista al tiempo que fracasado esposo y desdichado padre, tendente a mantenerse en el justo medio y careciendo de iniciativa ( ciertamente su esposa, madame Daville, da muestras de grandes dosis de paciencia ante el deterioro de la situación, ella que tiene “mano de oro” a la hora de sembrar y crear), hasta que este intento de autenticidad, forjado por los acontecimientos de la historia de su país, se desmorona, mientras que el segundo – perteneciente a una nueva generación- es un ser enérgico, intrépido, siempre dispuesto a hacer frente a las realidades de la vida y a buscar la verdad auténtica sobre Bosnia y sobre las relaciones reales entre las diferentes civilizaciones y religiones que allá se cruzan, luchando contra el fanatismo que se respira por aquellos lares y representando así las ideas ilustradas, revolucionarias y democráticas, los mismos ideales a los que se entregó el propio Andric como miembro de la joven Bosnia, resultando así Chaumette Des Fossés la representación del propio escritor. Tragedia del primero versus drama del segundo; Andric mantiene el firme centro de gravedad en el hombre, con las puntillosas caracterizaciones de muchos que deambulan por las historias, otorgando un papel clave a las circunstancias que hacen que el bien y el mal dependan de ellas, lo que hace que no se pueda considerar que hay pueblos malditos per se.

Allá en los Balcanes

+ Ivo Andric

Café Titanic(y otras historias)

Acantilado, 2008.

119 págs. / 15€.

Recuerdo que Ismaíl Kadaré en unos cuentos kosovares ponía en boca de algún personaje la afirmación de que las gentes de por allá son como el yogur local, agrio a tope. En el mismo lugar describía a masas que íban de un lado para otro como cuerpos locos brownianos, cambiando de bandera, y de dirección, sin saber muy bien hacia dónde marchaban. Si se mira el significado de la palabra proveniente de tal geografía, balcanización, se podrá leer algo así como fragmentación en distintos estados, etc. La prosa de quien fuera premio Nobel en 1961, Ivo Andric, recoge esta desunión, esta pluralidad en constante movimiento y la cohabitación de múltiples culturas y tradiciones. Si ellos lo dicen, los nativos de aquellos lares, así será, aunque no es la conciencia la que determina el ser sino el éste el que determina la conciencia que decía el otro, más nórdico él: y así, sus afirmaciones-las de los dos escritores nombrados- no harán más que reflejar la realidad de aquella geografía que ha sido hollada desde el norte, el oeste y el este, especialmente desde éste.

Ya en su obra clásica, y genial, El puente sobre el Drina-y sus “acompañantes”: La crónica de Travnik y La señorita– Ivo Andric ( Travnik, Bosnia-Herzegovina, 1892-Belgrado, 1975) revisaba la historia de aquellas tierras desde los tiempos del imperio otomano, y hablaba de los encuentros, más bien desencuentros, que allá se dieron entre distintas tradiciones, turcas, francesas, etc., hasta la constitución de Yugoslavia de la cual fue diplomático. Si las novelas de las que hablo, además de ser inevitables para todo lector que se precie(en especial la del puente), reflejan lo que vengo diciendo, los siete cuentos ahora presentados bajo el título del último de ellos, Café Titanic, que inciden en lo mismo, en pequeñas píldoras sin desperdicio. El autor pone el dedo en la llaga-como si de un pepitogrillo de su país se tratara- en aquellos aspectos impresentables en los comportamientos pasados. A modo de moviola se erige en la voz de la conciencia moral de su/s país/es, y si lo digo en plural es debido a que la unificación ensayada bajo la hegemonía serbia(en lo burocrático-militar), de la mano de Tito, no pudo difuminar el bullir de las diferencias, y así en cuanto se soltó el cinturón que las sujetaba a todas juntas, saltaron mostrando que estaban juntas que no cohesionadas .

Sarajevo ocupa un papel clave en varios de los relatos. El primero nos sitúa en el cementerio judío de tal ciudad y el último en una cafetería también sarajevita, viéndose también presente en otros tal localidad emblemática. En ambos, y en algunos otros, los judíos ocupan un papel esencial, en su tremenda existencia convertidos en víctimas de la locura racista nazi y la de sus lacayos locales, los ustacha croatas. Las leyendas bíblicas(David y Goliat) se enlazan con las costumbres musulmanas(Ramadán), entregándonos así el cuadro vivo de una situación, viva y en tensión, de diversidad cultural. La crueldad de ciertos juegos infantiles son como el espejo de la dureza de las relaciones adultas. Esencial para pillar el pulso y el espíritu plegado a un cierto fatalismo es Una carta de 1920, en la que desde Trieste le escribe un antiguo compañero explicándole los motivos de su marcha: « Sí. Bosnia es tierra de odio. Esto es Bosnia. Y por un extraño contraste…puede también decirse que hay pocos países en los que la fe es tan inquebrantable, la firmeza de carácter tan sublime, la ternura es tanta y tanto el ardor amoroso, tanta la profundidad de sentimientos, tanta la lealtad y la lealtad inamovible, tanta la sed de justicia».

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Ivo Andric ( 1892- 1975 )

+ Notas biográficas

Nace el 9 de octubre de 1892 en Dolac, Bosnia-Herzegovina, que entonces formaba parte del Imperio Austrohúngaro. Comienza sus estudios en Sarajevo y los continua en diversas universidades(Zagreb, Cracovia, Viena y Graz).

Durante la primera guerra mundial fue detenido por las autoridades austríacas a causa de sus actividades revolucionarias en la joven Bosnia. Tras su encarcelamiento sale a la luz su primer libro, Ex-ponto , libro de poemas en el que describe el mundo como una gigantesca prisión en la que impera el sufrimiento, la soledad y el miedo constantes.

Tras la finalización de la mentada contienda pasa a formar parte del cuerpo diplomático de Yugoslavia, ocupando distintos puestos y ocupaciones. Al inicio de la segunda guerra vuelve a Belgrado tras dimitir de su cargo. Mientras dura la guerra escribió tres novelas: <<La crónica de Travnick >>, <<La señorita >> y <<El Puente sobre el Drina>>, en donde describe la vida, las costumbres y las hazañas de su Bosnia natal y sus habitantes. El periodo abarcado por estas obras va desde su conquista por los turcos en 1389 hasta la creación del estado yugoslavo, tras la primera guerra mundial.

Aunque residió en Roma, Bucarest, Madrid, Ginebra y Berlín, fue Bosnia-y su historias, sus mitos, su multiculturalidad- la que constituyó el objeto de su inspiración como escritor. Dimite de tales funciones en 1941. En 1945, finalizada la segunda guerra mundial, ocupa diferentes puestos oficiales, en especial en el campo de la cultura.

El idioma de sus libros es el serbocroata, considerándose a sí mismo yugoslavo. Era serbio católico de Bosnia-Herzegovina.

En 1961 le es concedido el premio Nobel, siendo el primer escritor balcánico en conseguirlo, por su fuerza épica con la que describe los destinos humanos, desde la óptica de su país; sea dicho al pasar que el montante del premio lo donó a los fondos de la Biblioteca de Bosnia-Herzegovina. .

Muere el 13 de marzo de 1975 en Belgrado, a la sazón capital de la República Federal Socialista de Yugoslavia, en la actualidad capital de la República de Serbia.

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