Ivo Andric, I ) crítico de arte

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Por Iñaki Urdanibia

Solamente con decir el nombre de quien fuese Nobel de Literatura 1961, se le asocia, obviamente con la literatura y más en concreto con sus novelas El puente sobre el Drina o Café Titanic [ de ellas y de otras cosas con ellas relacionadas hablaré en el siguiente artículo], mas no se agota ahí la figura de Andric, ya que no se debe, ni puede obviar, su compromiso revolucionario o su carrera diplomática, representando tras la segunda guerra mundial a la recién estrenada Yugoslavia que le llevó a Berlín, Bucarest, Ginebra, París, Roma y Madrid, su estancia en esta última ciudad hizo que conociese las costumbres, el modo de vida y el arte hispanos. Prueba de esto último es el libro que acaba de publicar Acantilado, con un sentido de la oportunidad digno de encomio si en cuenta se tiene que se cumple el bicentenario del Museo del Prado, « Goya », que recoge dos textos del autor además de una treintena de reproducciones de obras del pintor aragonés. Los textos, luminosos, sirven bien para acercarnos al personaje, a su vida y a su obra.

El primero que lleva el nombre del pintor, Goya, se escribió en 1928 cuando se cumplían cien años de su fallecimiento. En el se rastrea en los claroscuros de la agitada existencia del aragonés. Andric sigue su pista desde su nacimiento en Fuentedetodos el 30 de marzo de 1746 hasta su fallecimiento en Burdeos a los ochenta y dos años. De Zaragoza , donde estaba instalado tras sus estudios, se hubo de trasladar a Madrid debido a que su franqueza y libertad de espíritu le convirtieron en posible presa de la Inquisición. Mujeriego , pendenciero y pícaro en sus años de estudiante, sumó a este modo de ser la observación de las clases populares, que tan fielmente fueron retratada en sus pinturas. Alguna reyerta en la capital del reino, en la que resultó herido de navaja, le empujaron a volver a Zaragoza. Se cuenta igualmente como en su estancia en Italia secuestró a una niña en un monasterio lo que hizo que la horca amenazase su vida, que sólo la salvó debido a la intervención de la embajada española. De vuelta a Madrid, ya en las alturas de la fama, recibió el encargo de realizar unos tapices decorativos en la Real Fábrica de Santa Bárbara. Contrajo matrimonio con Josefa con la que tendría siete hijos, de los cuales en la hora de su muerte solo quedaba uno. Su éxito fue en aumento a la par que sus ingresos, y su prestigio como retratista le hizo recibir encargos de la corte de Carlos III y de su sucesor Carlos IV y de su familia, lo que hizo que le llovieran los encargos de los duques y duquesas. Los amoríos con la duquesa de Alba, que le sirvió de modelo para sus majas vestida y desnuda; momentos en los que comenzó a ser asaltado por ciertos signos de deriva crepuscular, que sin ser un mal diagnosticado , él atribuía a la enfermedad de la razón, a esto se ha de añadir la creciente sordera que hizo que se viese obligado a abandonar su puesto en la Academia de San Fernando. Desde Sanlúcar de Barrameda, a donde le había llevado la duquesa, volvió a Madrid en donde continuó haciendo retratos para la corte, entre ellos el del todopoderoso Godoy.

No hay bien que por mal no venga, y así el aislamiento hizo que fuese asaltado por la inspiración en temas oscuros y de las gentes humildes, al tiempo que caracterizaba de manera caricaturesca la sociedad madrileña; de tal es estados de alma surgieron los Caprichos, Disparates y Proverbios ( pinturas que Andric asocia con los versos de Baudelaire: « Éste es el negro cuadro que un sueño nocturno / vi desplegarse ante mis ojos clarividentes»); la serie nombrada en primer lugar provocó una amplia polvareda al verse algunas personalidades retratadas, poniendo al acecho a las siempre celosas Iglesia e Inquisición, con el fin de frenar tal ambiente en su contra regaló las obras al rey con lo que frenó el golpe. Los males no vienen solos y así se produjo la invasión de Napoleón y Goya se convirtió en lo que se conocía como un afrancesado. De la crueldad bélica dejó algunos inolvidables lienzos, los Desastres de la guerra, a los que seguirían las escenas del Madrid del 2 y 3 de mayo o Los fusilamientos. Una vez rechazados los franceses, volvió al trono Fernando VII que perdonó a Goya su postura alegando su genialidad. Retirado en las afueras de la capital, en la que se denominaba la quinta del sordo, se entregó a su obra, con claros tintes de oposición a la guerra, expresando la locura de las personas destruyéndose entre ellas, y plasmando su oscura mirada en algunos lienzos de claros resabios nihilistas, en un dibujo de la época se veía en la mano de un esqueleto escapando de la tumba una nota en la que se leía Nada; destacables son en ese orden de cosas: ¿ Por qué? o su posterior No se puede saber por qué…[ El ensayista subraya las pinturas taurinas como muestra del amor que el pintor tenía con respecto a la fiesta de los toros, si bien podría argumentarse, hay dispares interpretaciones al respecto, que del mismo modo que las escenas guerreras no implican un espíritu belicista ni patriótico , como el mismo pintor aclaraba, las escenas taurinas tal vez puedan ser interpretadas del mismo modo, como espanto ante el maltrato que se ejercía sobre los astados]. Hundido en el abismo, y con el permiso del rey, se marchó a Francia instalándose en Burdeos, ciudad en donde rodeado del único hijo que le quedaba y de una prima lejana , se apagó su vida.

Al tiempo que sigue los avatares existenciales del pintor, Ivo Andric entrega atinados análisis de su quehacer, señalando que « Goya nos atrapa , nos aturde, nos sobrecoge y nos deja sin aliento. Y el visitante abandona el museo [ se refiere obviamente el del Prado] para seguir recorriendo mundo y contemplando otras obras, pero jamás olvidará a Goya[quien] al realizar sus distintas series sobre las debilidades humanas, las pasiones y los vicios, no sólo elaboraba las líneas y las sombras, sino también la dimensión dramática de la profunda piedad, la ironía y la crítica feroz»

El segundo , escrito en 1936, se presenta bajo el título de Una conversación con Goya, que de hecho es un sabroso monólogo del pintor, al que Andric encuentra en las calles de Burdeos. Si el texto anterior no tiene desperdicio, a éste segundo no le sobra ni una línea ya que en la unión de ellas se expresa la visión que el pintor tenía del arte y de su función de una manera certera y brillante. Reflexiona en voz alta Goya sobre el papel del artista, indicando que en los retratos se expresa, o de debe expresar, la soledad y el cruce de pasiones tristes y alegres que atraviesa el ser del retratado, como si fuese un instante disecado, y añade que en algunos momentos se sintió tentado a añadir alguna anotación, a modo de título o complemento, a los dibujos, desistiendo de ello ya que la figura debía primar sobre el discurso – por decirlo en lyotardiano- , y ateniéndose a los consejos de su difunta tía que no cesaba al enseñar a su hija el oficio de tejer: « Aprieta, ¡ aprieta más!¡Sin miedo!¡ Aprieta más fuerte!», aplicando él en sus dibujos al destacar, condensando, aquellos aspectos que apretaba como si de hilos se tratara. Habiendo visto todo – dice y no sorprendiéndose de nada en lo que hace a su observación de la naturaleza y de la sociedad, desde los de abajo a los de arriba, a los pobres y a los ricos, príncipes y ministros, a rebeldes, proscritos, prostitutas, y…a todos los pintó. Y sus sueños sobre la Mors, muerte, cuyo pensamiento y pintura le servían como exorcismo, como medio para alejar el miedo, y expone la impotencia de lo intelectual y lo espiritual ante las miserias del mundo, haciendo que « cada gran idea noble sea una intrusa esté condenada al sufrimiento. De ahí también la inevitable tristeza en el arte y el pesimismo en la ciencia», afirmaciones que surgían en sus años de oscuridad. Destacable resulta también las analogías sobre el carácter del arte y de sus creadores, como seres fuera de la ley, forajidos y sospechosos para el común de los mortales, al jugar el papel de verdaderos anti-Cristos, en una labor de zapa propia de fuerzas diabólicas , erigiendo sus creaciones en obras de verdaderos impostores que pretenden sustituir al mismísimo dios, viendo , en la infinitud, ciertos destellos, como las astillas de un gran árbol, más allá de la mirada común, traspasando el campo fenoménico para alcanzar y penetrar en los pagos del noumenos, que diría Kant.

Y luego la voz de Goya se apagó y por más que le buscó el narrador lo le halló, y utilizó todo lo que necesitaba: « un montón de hojas….un tintero negro y grande…y una pluma francesa negra…», para dar testimonio de las palabras del pintor.

Casi la mitad del libro( de la página 49 a la 91), que sigue a los textos de Ivo Andric, está dedicada a la reproducción cuidada de diferentes obras, treinta , del pintor, en una selección que da cuenta del amplio abanico de su quehacer.

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