ITF, el espíritu de la Tasa Tobin y sus extraviados seguidores

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En 1936 Keynes, analizando el Crash de la Bolsa de New York de 1929, consecuencia de la liberalización financiera, habló del “fetichismo de la liquidez” decía que la falta de liquidez es un obstáculo a la inversión productiva, pero que cuando el requerimiento de liquidez estimula la especulación, hace de la inversión productiva el subproducto de la actividad de un casino. En beneficio de la estabilidad del sistema financiero y de la economía era necesario establecer un pesado impuesto de estado a las transacciones financieras, que disuadiera las especulativas. Después de la Segunda Guerra Mundial el control de capitales fue uno de los requisitos establecidos para el progreso económico que originó los llamados “30 años gloriosos”. Sin embargo fue EE.UU, potencia guardiana y beneficiaria de este orden, quien lo dinamitó, cuando sus empresas tuvieron stock y una pérdida de la tasa de ganancia, buscando nuevas fórmulas en los economistas de la Escuela de Chicago.

En 1971 EE.UU abandonó el patrón monetario establecido en Bretón Woods en 1944 mediante la abolición de la paridad dólar-oro. Había adquirido una gran deuda por la financiación de la Guerra de Vietnam y otros motivos y sus reservas de oro eran insuficientes para sus necesidades. Lo que la Administración Nixon hizo es un suspender pagos, decidió imprimir y pagar con dólares la deuda, sin soporte de oro real en su Tesoro, aunque seguirá imponiendo el dólar como moneda de pagos y referencia internacional. El automatismo que tenía el oro para ajustar los déficits exteriores y la inflación desapareció y los países pudieron acumular déficits exteriores impensables en un sistema de patrón oro. La pérdida de paridad conllevó fluctuaciones imprevisibles de las monedas en los mercados de cambio y la inestabilidad resultante abrió una vía a la especulación, que impregnó la economía. Es entonces cuando ATTAC opina que se abre la vía neoliberal, que se irá consolidando en las dos siguientes décadas mediante medidas de desregulación y liberalización de los mercados financieros y sus instituciones. Con estas medidas EE.UU estableció, como su mayor negocio, el financiero y exporta su modelo alrededor del Mundo. El neoliberalismo, aplicado a las finanzas, ha supuesto la financiarización de la economía y la prevalencia del sector financiero sobre todo lo demás, de ahí que ATTAC hable de la dictadura de los mercados financieros.

En 1972 James Tobin, ante la escalada de la especulación sobre las monedas, propone implementar un impuesto (Tasa Tobin) de entre el 0’1% y el 0’5% que sirva para disuadir la especulación cortoplacista con las divisas en los mercados de cambio. Su interés no es recaudatorio, sino “echar un grano de arena en el engranaje de los mercados financieros”. Esto haría recuperar a los estados la soberanía sobre sus monedas, proporcionándoles la estabilidad necesaria para que los estados conservaran su capacidad para hacer políticas autónomas. Pero, como siempre que alguien trata de poner límites a los excesos del capital cortoplacista, el sistema lo sumergió en el olvido.

Ignacio Ramonet rescató a Tobin del olvido en 1997, buscando una solución para combatir las diversas crisis financieras que se venían sucediendo en la última década. En su artículo “Desarmar los mercados” dice “El desarme del poder financiero debe convertirse en un objetivo de interés cívico de primera magnitud, si se quiere evitar que el mundo del próximo siglo se transforme en una jungla donde los predadores impongan su ley”. ATTAC surge en Francia en 1998 y una de sus primeras reivindicaciones es promover un impuesto Tobin del 0’1% sobre los intercambios de divisas, para frenar la especulación desenfrenada sobre las divisas y obtener un fondo para la ayuda al desarrollo y erradicación de la pobreza.

Desde 2004, cuando se constató el fracaso de Los Objetivos del Milenio de la ONU, comienza un debate internacional ante la necesidad para recabar fondos para la ayuda al desarrollo y acabar con la pobreza en el Mundo. Diversas ONG,s de ayuda al desarrollo vieron en un impuesto a las transacciones financieras una posible fuente de recursos. Durante un tiempo lanzaron diversas propuestas, que al final confluyeron en Una Tasa Robin Hood, liderada por Intermón Oxfam. No obstante la mayoría de actores demandantes de un impuesto, al final se pusieron de acuerdo en reclamar a nivel internacional un ITF (impuesto a las transacciones financieras).

Según Keynes y Tobin, un ITF habría de ser ambicioso, de base amplia y tipos efectivos para disuadir el codicioso negocio financiero. Durante las décadas de los 80 y 90 del S.XX y mediante las políticas de desregulación y liberalización financiera, la banca financiera, los fondos y diversas carteras de inversión, los fondos de pensiones, aseguradoras y otros.., pudieron trasladar sus inversiones especulativas de unos activos a otros, distribuyendo las inversiones para que resultaran más rentables. De las acciones y divisas se fue pasando a los bonos en los mercados secundarios, los productos derivados, bienes básicos y alimentos, recursos naturales, vivienda, servicios públicos, etc; cualquier activo era susceptible de negocio especulativo, lo que provocó inestabilidad y crisis recurrentes.

Los factores a tener en cuenta en la implementación de este ITF habrían de ser, por orden de prioridad: 1.- Que disuada la especulación cortoplacista y contribuya a la estabilidad financiera. 2.- Que contribuya a gravar al sector financiero sin gravamen alguno y a la redistribución de la riqueza. De cualquier manera, dada la enorme preponderancia que ha adquirido la especulación sobre la economía real, cada vez más, el criterio habría de ser disuadir la especulación más allá de quien especula paga.

El ITF tiene muchos detractores, los poderes financieros que ven cuestionar su beneficio, los think tank neoliberales y gran parte de la clase política. A nivel mundial ha sido rechazado por países con un gran sector financiero como EE.UU o Gran Bretaña. Desde la UE se consideró su implementación mediante la Directiva 2011/0261 de la Comisión. Su base impositiva es amplia, acciones y bonos (0’1% impositivo) y derivados en los mercados regulados (0’01%), si bien no entran divisas y mercados OTC no regulados. El rechazo de Gran Bretaña y Holanda y las presiones lobbistas lo hicieron fracasar. El mismo destino sufrió la iniciativa de 11 países en la UE, por el método de cooperación reforzada, contemplado en el TFUE, y que dio lugar a la Directiva 2013/52/UE.

De fijar la territorialidad del impuesto en la UE como enclave, en principio con peso financiero suficiente, se pasa a valorar la implementación de 11 países cooperativamente y ante el fracaso de ambas expectativas y con la intención de contribuir a enjuagar sus déficits resultantes de la crisis de 2008, diversos países optan por un ITF estatal.

Lo que países como Francia, Italia o España no reconocen es que no se puede llamar Tasa Tobin o ITF a los impuestos que han implementado, siendo lícitos no tienen el mismo espíritu de estos, más bien habría que llamarlos por su operativo, impuestos sobre la compraventa de acciones. No procede la territorialidad estatal, en principio Tobin pensó su tasa a nivel global, como mínimo poderla implementar en los mayores centros financieros, ya que contra más acotada era la territorialidad, más fácil es a los inversores trasladar sus inversiones a lugares que no aplican el impuesto. Son de base impositiva mínima, en concreto compra-venta de acciones, con lo cual los especuladores pueden burlar impuestos trasladando sus apuestas a otros activos. No disuaden la especulación en corto y a la baja, como se demuestra en otros países desde hace años. Es más, diversos estudios creen que no recaudarán lo que estaba previsto por los gobiernos. Pero sobre todo no previeron en su día que desregulando y liberalizando los mercados financieros maximizaron el poder corporativo-financiero y de sus lobbies, los cuales hoy impiden sistemáticamente cualquier intento de poner luz a la actual opacidad de las finanzas internacionales, condición necesaria para hacer efectivo cualquier impuesto. Es fácil constatarlo en los procesos e instrumentos del sector bancario para realizar transacciones financieras (SWIFT, Sociedades de Clearing) o en los territorios con sistemas jurídicos offshore. Susan George utiliza la imagen del “vampiro financiero”. No desea transparencia, no soporta la luz, que se siga la pista o el trazado de sus maniobras. Por ello se oponen a cualquier impuesto internacional por pequeño que sea, porque su implementación supondría a continuación la necesidad de establecer medidas de transparencia y esto acabaría con su negocio.

Hace mucho que los gobiernos extraviaron el rumbo cediendo toda iniciativa al capital ¿Será que hoy es ya impostergable la transparencia y tomar medidas para democratizar la vigente arquitectura financiera internacional, o prefieren despistarnos con sucedáneos de ITF y otros cantos de sirena? Si, a su tiempo, la comunidad internacional hubiera hecho caso a Tobin, igual ahora los gobiernos hasta gobernaban.

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