Irlanda: ¿Quién ha tirado la piedra a la vitrina?

Irlanda: ¿Quién ha osado tirar la piedra a la vitrina?

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Quibian Gaytan

21 de noviembre de 2010

Irlanda, como Islandia, en su momento fue presentada, por su pequeñez y su dependiente economía, como ejemplo de lo exitoso para los países capitalistas pequeños de escoger la senda de la política neoliberal, bajo la supersoberanía de la UE. En contraste con aquella de la superpotencia de la otra orilla del Atlántico y demás potencias imperialistas en ascenso y rivales suya. Hoy, al calor de la crisis económica y financiera mundial y de la política del sálvese quien pueda, tras la cual los tiburones más grandes devoran a los pequeños y débiles, Irlanda ha terminado como una cualquiera república bananera de acá de nuestros lares.

Otrora presentada como una vitrina de lo bien que era, para el ciudadano y la economía nacional, el estar bajo la férula del Capital monopolista supranacional europeo. Con su política de bajos impuestos sobre el capital (casi la mitad de la media europea), la amplia liberalización de la actividad económica y las privatizaciones, la moderación salarial y las grandes facilidades a los capitales para que pudieran actuar a su antojo se consideraba la clave del éxito. La burguesía irlandesa, para engañar y mantener en el sopor reformista a la clase obrera, ufanabase en presentar el crecimiento anual del Producto interno bruto mientras fomentaba el endeudamiento bancario e impulsaba la especulación desenfrenada, generando la símil de esa misma burbuja inmobiliaria que ha causado la bancarrota financiera estadounidense y la estrechez de su propia base de crecimiento.

En realidad, como apunta el economista político español Juan José Torres, lo que hacia la burguesía monopolista burocrática irlandesa en esos buenos tiempos no eramás que “aplicar como un alumno aventajado las políticas de ajuste estructural que el Fondo Monetario Internacional venía proponiendo desde hacía años para favorecer el incremento de las rentas del capital. Y por eso el Fondo aplaudía lo que se estaba haciendo allí afirmando que sus políticas económicas ofrecían lecciones útiles a otros países” clientelares. En fin, que era la vitrina que permite comprobar el efecto de las políticas de austeridad que impone el fundamentalismo neoliberal dominante desde hace años en Europa.Lo que nadie quiso ver era que Irlanda estaba entre los primeros en aprobar un gran programa de austeridad y recortes: hasta el 20% redujo los sueldos de los funcionarios y un 10% las prestaciones sociales, además de echar por la borda el área social de los gastos públicos. Esto es, echar sobre las espaldas de los trabajadores el cadáver del financiamiento con fondos público a los bancos bancarroteados. Eso pone en evidencia, más allá de la miopía económica y la desmesurada búsqueda de mayores y más fáciles ganancias de los capitalistas irlandeses, a los ojos del gran público internacional al que realmente ha roto la vitrina del “tigre celta”: El Fondo Monetario Internacional, tras él al capital monopolista supranacional europeo.

El globo irlandés, como ayer Grecia, y presumiblemente seguirán España, Portugal y toda esa camada de los países europeoorientales que han seguido los dictámenes del FMI y de los países aventajados de la Unión Europea, se ha reventado. Se ha reventado en la cara atónita de la misma burguesía irlandesa y de la clase obrera. El PIB ha caído en un 11%,la tasa de inversiones en 30% y el consumo en 7%. ¿Todos juntos habrán de salvar la economía en bancarrota? Nones. No basta con que los sindicatos obreros reclamen que “la crisis la paguen los capitalistas”, es urgente los trabajadores levanten la bandera reivindicativa de la REBELIÓN. En estas condiciones, la rebelión, contra el FMI, la UE y la burguesía irlandesa estará más que justificada.

Es la única respuesta sana, cortar de una vez por todas con el capitalismo. Sólo la revolución y el socialismo sacarán del marasmo al mundo de hoy. No hay otro camino, o la revolución socialista o la agoníasinfín de un sistema absolutamente incapaz de resolver la antinomia de la producción masiva y la pauperización desbordante de las masas trabajadoras.

Los capitalistas, sean de los países altamente industrializados o ya sean a cualquier escala de los bananeros, mientras por un lado lanzan proclamas y discursos rimbombantes de “superar juntos las consecuencias de la crisis” y de que “todos somos afectados por igual”, por el otro, extienden “generosamente” (¡con la plata de los contribuyentes!), con sus mismas manos,bolsas millonarias de salvamento a los pobrecitos banqueros y grandes tiburones financieros.

A los trabajadores falsedades, mentiras y ocultamiento de cómo realmente están las cosas. El quién es el culpable y el cómo hacer para que devuelva lo robado. El ministro irlandés de Economía, Brian Lenihan, en cumplimiento de tal objetivo, ha proclamado para quién quiera creerle: “Si el Gobierno se ha mostrado reticente en realizar comentarios públicos lo ha sido en interés de los contribuyentes”. Faltaba más.Pero, lo que el señor ministro calla, lo ha dicho públicamente su comisario para Asuntos Económicos mr. Olli Rehn, el miércoles pasado, “Irlanda dejará de ser un país de impuestos bajos”.Más claro no canta ni el gallo de Morón.

No espere pues, el sencillo trabajador de a pie, el menor sentido autocrítico del gobierno yde la burguesía irlandeses, como tampoco de los Organismos Internacionales.La Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, con esa actitud proverbial de tirar la piedra y esconder la mano, luego de haber puesto por las nubes al “tigre celta”, o cierra el pico, cuando su globose ha reventado miserablemente, o se alista para echarse sobre sus despojos.

Por lo pronto, han enviado senda delegación a Dublín. Para “recomendarle” al socio irlandés en dificultades, otra vez, tome medidas urgentes y esté presto a recibir el “salvamento” financiero de los socios de la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica. Un salvamento consistente en la aceptación de unfondo de ayuda de 750.000 millones de euros de la UE y el FMI.

Como sectores de la opinión política irlandesa muestran sus dudas ante tal “ayuda” – qué más, los reales “empréstitos” colonialistas a países con economía en dificultades (generados por esos mismos poderes imperiales)-, dado que realmente ella comprometería la soberanía estatal y económica de Irlanda. Justas preocupaciones, ciertamente, que el gobernador del Banco Central de Irlanda, Patrick Honohan, ha intentado conjurar: «Será la decisión soberana del Gobierno irlandés, en representación del pueblo irlandés, la que dé forma a cualquier paquete (económico) que revierta en nuestros intereses».

Palabras que asumen su sentido real en las palabras de los voceros oficiales de la Oligarquía financiera imperialista, que es la que realmente ha causado la crisis económica del país y la bancarrota financiera del Estado,y que dejan sentir una nada agradable sensación en los oídos de la población. Ya que no desconocen quienes son los que desempeñan el papel de garantes de la soberanía irlandesa: Alemania, Francia, Austria y los mismos imperialistas yanquis.

Comenzando con la gran prensa europea y yanqui, las cuales al unísono dejan por establecido: “La UE exigirá a Irlanda subidas de impuestos para devolver el rescate”. Y las altas Cancillerías no se quedan parcas en palabras.

Angela Merkel (Alemania),«tenemos un mecanismo europeo y en el caso de que un país considere que lo desea utilizar, sólo puedo decir que fue diseñado específicamente para una situación así».

Neal Wolin,subsecretario del Tesoro de Obama,presionando a Dublín, cual mercachifle de aldea,le urgía a decidirse con rapidez «para resolver adecuadamente» la crisis de deuda en Irlanda y evitar un agravamiento de la situación en la zona euro.

En fin que Irlanda, cogida en el cepo de la crisis económica y de la bancarrota financiera, inerme frente a los apetitos desaforados y acrecidos de sus “socios” de la otra orilla del mar, sólo tiene el camino de abrirse aún más a la invasión de capitales euro-norteamericanos, bajo la amenaza de encontrarse en la terrible situación económica y social de hace dos siglos. Eso si la clase obrera, decidiendo tomar sus destinos en las propias manos, no sabe deshacerse de su parasitaria burguesía y rescatar revolucionariamente su independencia económica. ¡Smash Panama Republic!

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