Investidura de Quim Torra: retórica, realidad e histeria del régimen (cast/cat)

22

Por Corrent Roig / Corriente Roja

Cataluña

LA INVESTIDURA DE QUIM TORRA: RETÓRICA, REALIDAD E HISTERIA DEL RÉGIMEN

Corrent Roig/Corriente Roja

 

A 200 días del  155 y cuatro meses de las elecciones del 21-D, con tres candidatos vetados y dos sesiones de investidura fallidas, el Parlament catalán ha investido finalmente al presidente Quim Torra, con los votos a favor de JxCat y ERC y la necesaria abstención de la CUP.

Torra ha dejado claro desde el principio que él es sólo un presidente «provisional», encargado de la «gobernación interior», y que el presidente legítimo es Puigdemont, que dirigirá la tarea exterior desde un Consejo de la República instalado en Bruselas o Berlín.

El discurso de investidura de Torra ha estado marcado por una retórica desafiante y rupturista. Ha expresado que él «sólo se debe de a la voluntad del pueblo de Cataluña» y que su gobierno girará sobre «la construcción de la república y la apertura de un proceso constituyente«. Este es el nuevo mantra que sustituye las antiguas proclamas sobre la independencia y las estructuras de estado.

La retórica y la letra pequeña

Ahora bien, a pesar de la retórica, cuando pasamos a la letra pequeña, constatamos que no hay nada concreto en los compromisos de Torra que rompa el marco legal de la constitución monárquica. La construcción de la república es la versión actualizada del viejo «hacer país» convergente y el proceso constituyente que plantea es por fuera del parlamento, sin calendario y sin referéndum, alrededor de una «asamblea de cargos electos» de alcaldes y regidores independentistas. Es posible también que nos encontremos con algunos pronunciamientos de cariz rupturista, que serán suspendidos por el Tribunal Constitucional (TC), siendo acatada su decisión.

El presidente Torra asumió el programa del candidato Turull para las consejerías y nombrará un comisionado para revertir el 155. Pero su promesa principal en el terreno práctico es recuperar el contenido de las 16 leyes del Parlamento recorridas por Rajoy y suspendidas por el TC, entre las cuales están la ley contra los desahucios, la pobreza energética o la de la cobertura universal sanitaria. Ahora bien, lo que no prometió Torra fue desobedecer al TC y aplicarlas cuando vuelvan a ser suspendidas.

La pugna por la hegemonía en el movimiento independentista

La investidura de Quim Torra se produce en medio de una áspera pugna entre JxCAT y ERC por la hegemonía en el independentismo: mientras ERC llama a «acabar con las gesticulaciones«, Puigdemont las pone en primer plano. Si para JxCAT el gobierno de Torra es provisional, para ERC tiene que ser «perdurable«, «efectivo y muy, muy fuerte«.

Tenemos que reconocer sin embargo que, a pesar de su pelea, la estrategia de fondo de JxCAT y de ERC es común. La ha expresado con mucha claridad el portavoz de ERC, Sabrià: todo pasa para conseguir un pacto con el Estado, que «sólo negociará si se  ve obligado por la presión de la gente y de las instituciones europeas e internacionales. Ahora sabemos que tardaremos más de lo que teníamos previsto, pero sabemos que no hay otro escenario«. Es decir: 1/ renuncian de forma expresa a cualquier estrategia de insurrección popular 2/ la independencia pasa a ser un objetivo a largo plazo o, incluso, una parte del ideario, y 3/ el único escenario admisible pasa por convencer los gobiernos e instituciones de la Unión Europea para que presionen al Estado español a una negociación. Obviamente, esto incluye no asustar a los gobiernos de la UE con reivindicaciones que amenacen los intereses del capital y con movilizaciones descontroladas. Por supuesto, mientras tanto se puede buscar un nuevo «encaje» dentro del Estado español.

La Monarquía española sólo admite la rendición incondicional

El gran problema es, sin embargo, que el régimen monárquico es incapaz de integrar el independentismo, tal como lo hacen Canadá con el Quebec o Gran Bretaña con Escocia. La Monarquía española, como heredera que es del franquismo, sólo admite la rendición incondicional y la humillación. Cuando más queda en evidencia la podredumbre y el descrédito de sus instituciones, más profundiza el régimen su deriva autoritaria, en una carrera sin fin entre C’s y el PP, a la que se ha incorporado, «sin complejos«, el PSOE.

Rivera (C’s) propone prorrogar el 155 de manera «preventiva», interviniendo las finanzas, los medios (Tv3 y Catalunya Ràdio) y los mossos de escuadra, y apuntando de manera directa a la escuela catalana. Rajoy y Sánchez acuerdan continuar interviniendo las finanzas catalanas y prometen solemnemente que a la primera de cambio volverán a aplicar el 155, en los términos que plantea Rivera. Sin tardanza, Rajoy, Rivera y Sánchez han decidido bloquear el gobierno nombrado por Torra, prolongando el 155 e incurriendo en una clara prevaricación. Sánchez (PSOE) propone cambiar el Código Penal para que el delito de rebelión ya no requiera violencia y también las fórmulas de juramento de cargos públicos para que incluyan obligatoriamente el acatamiento de la constitución del 78 y la lealtad al rey.

El papel de los Comunes y de Podemos

Antes, los Comunes y Podemos decían que estaban por el derecho a decidir de los catalanes… siempre que el Estado estuviera de acuerdo. Ahora se han olvidado incluso de esto y ya ni mencionan el derecho a decidir. Tampoco han cuestionado la Monarquía y, a pesar de declararse en contra del encarcelamiento de los políticos independentistas, no han movido nada a escala del estado  para movilizar contra la represión anticatalana.

Actuando como la quinta rueda del régimen, su obsesión ahora es pasar página y volver a la normalidad autonómica, buscando un «bloque de progreso con ERC y el PSC que haga hincapié en la recuperación social» (!)

El problema de la CUP

El portavoz de la CUP, Carles Riera, justificó sus votos diciendo que obedecían a «una excepcionalidad antirepressiva y democrática ante el embate del Estado» y que «no significaban un apoyo político«. Añadió que si el nuevo gobierno se dedicaba a «normalizar la gestión del autonomismo o a gestionar migajas que sólo permiten hacer políticas neoliberales«, harían una «oposición activa«. Por el contrario, si desobedecía el Estado, le apoyarían y estaban preparados para «asumir su responsabilidad» y, si hacía falta, entrar en el gobierno. Invitaron también a Torra al «reto compartido» de impulsar el proceso constituyente y la asamblea de electos.

El problema de la CUP es que, por mucho que haga declaraciones formales, es incapaz de romper la subordinación política al bloque independentista oficial. No se cansa de emplazarlo, una, otra y otra vez, a «no hacer autonomismo«, a «desobedecer» y «hacer república«. Pero no hay que ser un genio para saber que JxCAT y ERC no desobedecerán: porque no quieren un levantamiento popular, son respetuosos con el actual orden social, son ajenos a las reivindicaciones de la clase trabajadora y lo subordinan todo a buscar una mediación futura de la UE. Entrar en el juego del «proceso constituyente» y «la asamblea de electas» de Puigdemont-Torra es mantener la sumisión política.

El nacionalismo de Quim Torra

Escogido por Puigdemont por su fidelidad personal, Torra es un intelectual católico, liberal y fiel al legado de Jordi Pujol. Un intelectual que ha despreciado en sus escritos a los catalanes castellanoparlantes y que ha reivindicado a personajes históricos como los hermanos Badia, que son exponentes del ala más antiobrera, ultraderechista y racista de la tradición independentista catalana. Desde Corriente Roja, como luchadores por las libertades y el socialismo, repudiamos este ideario.

Pero dicho esto, queremos denunciar la campaña indigna y miserable de los partidos y del aparato de propaganda del régimen amalgamando el independentismo con el racismo y el supremacismo. Los campeones de una España unida a la fuerza que van de la mano con la ultraderecha y los neonazis contra el derecho de los catalanes a la autodeterminación, los enemigos viscerales de la lengua y la cultura catalanas, los que se niegan a condenar el levantamiento fascista de Franco y mantienen 130.000 fusilados en las cunetas, los que fomentan el racismo institucional contra los inmigrantes o los que celebran el genocidio de la «Hispanidad», no tienen ninguna legitimidad moral para lanzarse contra Torra.

Ahora qué?

El futuro está lleno de incógnitas, con los partidos del régimen en una carrera enloquecida a ver quién es más duro y más «patriota» y con JxCAT embarcado en una batalla retórica y simbólica con el Estado sin ninguna perspectiva clara. Tampoco nadie sabe cuánto durará el nuevo gobierno y si el presidente Torra convocará o no nuevas elecciones al calor de los próximos juicios contra los dirigentes independentistas o coincidiendo con las próximas municipales.

La situación del país es, por otro lado, realmente complicada. El referéndum del 1-O fue un triunfo popular extraordinario, que llegó mucho más lejos de las expectativas y deseos de Puigdemont y Junqueras. Pero este triunfo fue malogrado y traicionado por la dirección independentista, que provocó una derrota política al movimiento, entregó la iniciativa al régimen y le permitió crear una tremenda división entre la población. No podemos desconocer que un amplio sector de la población trabajadora del área metropolitana y de la corona de Barcelona ha sido, hoy por hoy, ganada a las tesis españolistas. Por eso, no sirve ir repitiendo el mantra del mandato del 1-O.

Una primera tarea necesaria es favorecer la más amplia unidad de acción, en Cataluña y en todo el estado, por el levantamiento inmediato del 155 y contra la represión, por la libertad de los presos políticos y el libre regreso de los exiliados, en defensa de la lengua y de la escuela catalana y contra todo intento dictatorial de intervenir los medios de comunicación públicos catalanes.

También tenemos que ser conscientes de que la lucha por la soberanía pasa ante todo, en las actuales circunstancias, por exigir al Parlament que desobedeciendo los dictados del TC- aplique las reivindicaciones sociales básicas del pueblo trabajador de Cataluña, como son las de la Marea Pensionista o la derogación de las reformas laborales del PP-PSOE, además de las leyes sociales actualmente suspendidas. En esta batalla, no sólo nos enfrentaremos a Rajoy y a los partidos del régimen sino también a Torra y a su gobierno.

La batalla pasa igualmente por recuperar la reivindicación del derecho a decidir, de un referéndum democrático que permita reconstruir en Cataluña una mayoría clara contra el régimen y neutralizar en el resto del estado la oleada españolista reaccionaria. Sin articular una batalla común con la clase trabajadora y el resto de pueblos del estado para acabar con la Monarquía, no habrá derecho a la autodeterminación, ni república catalana, ni unión libre de repúblicas libres.

Corresponde a los sectores más conscientes de la clase trabajadora encabezar esta lucha. Este es el reto más importante que tenemos por delante.

21 de mayo de 2018

 


 

 

INVESTIDURA DE QUIM TORRA: RETÒRICA, REALITAT I HISTÈRIA DEL RÈGIM

Corrent Roig/Corriente Roja

 

A 200 dies del 155 i quatre mesos de les eleccions del 21-D, amb tres candidats vetats i dues sessions d’investidura fallides, el Parlament ha investit finalment president Quim Torra, amb els vots a favor de JxCat i ERC i la necessària abstenció de la CUP.

Torra ha deixat clar des del principi que ell és només un president «provisional«, encarregat de la «governació interior«, i que el president legítim és Puigdemont, que dirigirà la tasca exterior des d’un Consell de la República instal·lat a Brussel·les o Berlín.

El discurs d’investidura de Torra ha estat marcat per una retòrica desafiant i rupturista. Ha expressat que ell «només es deu a la voluntat del poble de Catalunya» i que el seu govern girarà sobre «la construcció de la república i l’obertura d’un procés constituent«. Aquest és el nou mantra que substitueix les antigues proclames sobre la independència i les estructures d’estat.

 

La retòrica i la lletra petita

Ara bé, malgrat la retòrica, quan passem a la lletra petita, constatem que no hi ha res concret en els compromisos de Torra que trenqui el marc legal de la constitució monàrquica. La construcció de la república és la versió actualitzada del vell «fer país» convergent i el procés constituent que  planteja és per fora del parlament, sense calendari i sense referèndum, al voltant d’una «assemblea de càrrecs electes» d’alcaldes i regidors independentistes. És possible també que ens trobem amb alguns pronunciaments de caire rupturista, que seran suspesos pel Tribunal Constitucional (TC), sent acatada la seva decisió.

El president Torra va assumir el programa del candidat Turull per a les conselleries i nomenarà un comissionat per revertir el 155. Però la seva promesa principal en el terreny pràctic és recuperar el contingut de les 16 lleis del Parlament recorregudes per Rajoy i suspeses pel TC, entre les quals hi ha la llei contra els desnonaments, la pobresa energètica o la de la cobertura sanitària universal. Ara bé, el que no va prometre Torra va ser desobeir al TC i aplicar-les quan tornin a ser suspeses.

 

La pugna per la hegemonia en el moviment independentista

La investidura de Quim Torra es produeix enmig d’una aspra pugna entre JxCAT i ERC per l’hegemonia a l’independentisme: mentre ERC crida a «acabar amb les gesticulacions«, Puigdemont les posa en primer pla. Si per a JxCAT el govern de Torra és provisional, per a ERC ha de ser «perdurable«, «efectiu i molt, molt fort«.

Hem de reconèixer però, que malgrat la seva baralla, l’estratègia de fons de JxCAT i d’ERC és comuna. L’ha expressada amb molta claredat el portaveu d’ERC, Sabrià: tot passa per aconseguir un pacte amb l’Estat, el qual «només negociarà si s’hi veu obligat per la pressió de la gent i de les institucions europees i internacionals. Ara sabem que trigarem més del que teníem previst, però sabem que no hi ha un altre escenari«. És a dir: 1/ renuncien de forma expressa a qualsevol estratègia d’insurrecció popular 2/ la independència passa a ser un objectiu a llarg termini o, fins i tot, una part de l’ideari, i 3/ l’únic escenari admissible passa per convèncer els governs i institucions de la Unió Europea perquè pressionin l’Estat espanyol a una negociació. Òbviament, això inclou no espantar els governs de la UE amb reivindicacions que amenacin els interessos del capital i amb mobilitzacions descontrolades. Per suposat, mentrestant es pot buscar un nou «encaix» dins de l’Estat espanyol.

 

La Monarquia espanyola només admet la rendició incondicional

El gran problema és, però, que el règim monàrquic és incapaç d’integrar l’independentisme, tal com ho fan Canadà amb el Quebec o Gran Bretanya amb Escòcia. La Monarquia espanyola, com hereva que és del franquisme, només admet la rendició incondicional i la humiliació. Quan més queda en evidència la podridura i el descrèdit de les seves institucions, més aprofundeix el règim la seva deriva autoritària, en una cursa sense fi entre C’s i el PP, a la que s’ha incorporat ,»sense complexos», el PSOE.

Rivera (C’s) proposa prorrogar el 155 de manera «preventiva», intervenint les finances, els mitjans de comunicació (TV3 i Catalunya Ràdio) i els mossos d’esquadra, i apuntant de manera directa a l’escola catalana. Rajoy i Sánchez acorden continuar intervenint les finances catalanes i prometen solemnement que a la primera de canvi tornaran a aplicar el 155, en els termes que planteja Rivera. Sense trigar, Rajoy, Rivera i Sánchez han decidit bloquejar el govern nomenat per Torra, prolongant el 155 i incorrent en una clara prevaricació. Sánchez (PSOE) proposa canviar el Codi Penal perquè el delicte de rebel·lió ja no requereixi violència i també les fórmules de jurament de càrrecs públics perquè incloguin obligatòriament l’acatament de la Constitució del 78 i la lleialtat al rei.

 

El paper dels Comuns i de Podemos

Abans, els Comuns i Podemos deien que estaven pel dret a decidir dels catalans… sempre que l’Estat estigués d’acord. Ara s’han oblidat fins i tot d’això i ja ni mencionen el dret a decidir. Tampoc han qüestionat la Monarquia i, malgrat declarar-se en contra de l’empresonament dels polítics independentistes, no han mogut res arreu de l’estat per mobilitzar contra la repressió anticatalana.

Actuant com a la cinquena roda del règim, la seva obsessió ara és passar pàgina i tornar a la normalitat autonòmica, buscant un «bloc de progrés amb ERC i el PSC que posi l’accent en la recuperació social» (!)

 

El problema de la CUP

El portaveu de la CUP, Carles Riera, va justificar els seus vots dient que obeïen a «una excepcionalitat antirepressiva i democràtica davant l’embat de l’Estat» i que «no significaven un suport polític«. Va afegir que si el nou govern es dedicava a «normalitzar la gestió de l’autonomisme o a gestionar engrunes que només permeten fer polítiques neoliberals«, farien una «oposició activa«. Pel contrari, si desobeïa l’Estat, li donarien suport i estaven preparats per «assumir la seva responsabilitat» i, si calia, entrar al govern. Van convidar també Torra al «repte compartit» d’impulsar el procés constituent i l’assemblea d’electes.

El problema de la CUP és que, per molt que faci declaracions formals, és incapaç de trencar la subordinació política al bloc independentista oficial. No es cansa d’emplaçar-lo, una, altra i altra vegada, a «no fer autonomisme«, a «desobeir» i «fer república«. Però no cal ser un geni per saber que JxCAT i ERC no desobeiran: perquè no volen un aixecament popular, són respectuosos amb l’actual ordre social, són aliens a les reivindicacions de la classe treballadora i ho subordinen tot a cercar una mediació futura de la UE. Entrar en el joc del «procés constituent» i «l‘assemblea d’electes» de Puigdemont-Torra és mantenir la submissió política.

 

El nacionalisme de Quim Torra

Escollit per Puigdemont per la seva fidelitat personal, Torra és un intel·lectual catòlic, liberal i fidel al llegat de Jordi Pujol. Un intel·lectual que ha menyspreat en els seus escrits els catalans castellanoparlants i que ha reivindicat personatges històrics com els germans Badia, que són exponents de l’ala més antiobrera, ultradretana i racista de la tradició independentista catalana. Des de Corrent Roig, com a lluitadors per les llibertats i el socialisme, repudiem aquest ideari.

Però dit això, volem denunciar la campanya indigna i miserable dels partits i de l’aparell de propaganda del règim amalgamant l’independentisme amb el racisme i el supremacisme. Els campions d’una Espanya unida a la força que van de la ma amb l’ultradreta i els neonazis contra el dret dels catalans a l’autodeterminació, els enemics viscerals de la llengua i la cultura catalanes, el que es neguen a condemnar l’aixecament feixista de Franco i mantenen 130.000 afusellats en les cunetes, els que fomenten el racisme institucional contra els immigrants o els que celebren el genocidi de la «Hispanitat», no tenen cap legitimitat moral per llançar-se contra Torra.

 

Ara què?

El futur està ple d’incògnites, amb els partits del règim en una cursa embogida a veure qui és més dur i més «patriota» i amb JxCAT embarcat en una batalla retòrica i simbòlica amb l’Estat sense cap perspectiva clara. Tampoc ningú sap què durarà el nou govern i si el president Torra convocarà o no noves eleccions al caliu dels propers judicis contra els dirigents independentistes o coincidint amb les pròximes municipals.

La situació del país és, d’una altra banda, força complicada. El referèndum de l’1-O va ser un triomf popular extraordinari, que va anar molt més lluny de les expectatives i desitjos de Puigdemont i Junqueras. Però aquest triomf va ser malmès i traït per la direcció independentista, que va provocar una derrota política al moviment, va entregar la iniciativa al règim i li va permetre crear una tremenda divisió entre la població. No podem desconèixer que un ampli sector de la població treballadora de l’àrea metropolitana i la corona de Barcelona ha estat, ara per ara, guanyada a les tesis espanyolistes. Per això, no val anar repetint el mantra del mandat de l’1-O.

Una primera tasca necessària és afavorir la més àmplia unitat d’acció, a Catalunya i arreu de l’estat, per l’aixecament immediat del 155 i contra la repressió, per la llibertat dels presos polítics i el lliure retorn dels exiliats, en defensa de la llengua i de l’escola catalana i contra tot intent dictatorial d’intervenir els mitjans de comunicació públics catalans.

També hem de ser conscients que la lluita per la sobirania passa per sobre de tot, en les actuals circumstàncies, per exigir al Parlament que -desobeint els dictats del TC- apliqui les reivindicacions socials bàsiques del poble treballador de Catalunya,  com ara les de la Marea Pensionista o la derogació de les reformes laborals del PP-PSOE, amés de les lleis socials actualment suspeses. En aquesta batalla, no només ens enfrontarem a Rajoy i als partits del règim sinó també a Torra i al seu govern.

La batalla passa igualment per recuperar la reivindicació del dret a decidir, d’un referèndum democràtic que permeti reconstruir a Catalunya una majoria clara contra el règim i neutralitzar a la resta de l’Estat l’onada espanyolista reaccionària. Sense articular una batalla comuna amb la classe treballadora i la resta de pobles de l’Estat per acabar amb la Monarquia, no hi haurà dret a l’autodeterminació, ni república catalana, ni unió lliure de repúbliques lliures.

Correspon als sectors més conscients de la classe treballadora encapçalar aquesta lluita. Aquest és el repte més important que tenim pel davant.

21 de maig de 2018

 

La investidura de Quim Torra: retórica, realidad e histeria del Régimen