Intolerantes, exaltados y librepensadores

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El fanatismo está al orden del día, y sus muertos no cesan. Unos se auto inmolan, otros asesinan periodistas, otros disparan contra la gente normal como ha sucedido en Paris por segunda vez,  mientras  otros bombardean a la población civil en Oriente. Fanatismo y muerte se suceden sin tregua en nuestros días.

¿Cuál es la verdadera dimensión del fanatismo? ¿Solo política? ¿Únicamente religiosa, como pretenden otros? ¿Ambas juntas, o ninguna de las dos, y solo negocios disfrazados de una cosa u otra?

Resulta llamativo el espectáculo con que los medios nos están bombardeando sin cesar creando en la población europea un estado de alarma, miedo y enfado cuya finalidad última parece ir encaminada a que las gentes deseen protección  a cambio de derechos y libertades , se vinculen emocionalmente a un estado policial y apoyen cualquier medida extrema que los gobiernos adopten. Y lo que parece justificar todo ese incesante lavado de cerebro colectivo de los medios  es  el inicio de una guerra a mayor escala  que se viene preparando desde que comenzó la invasión de Siria por mercenarios alimentados por los  países de este occidente que hoy deploran la intolerancia, el terrorismo  y el fanatismo, y por sus fanáticos e intolerantes  gobiernos aliados: las monarquías del golfo.

Exaltado e intolerante son los calificativos con que el diccionario María Moliner define a una persona fanática. ¿Quiénes son exaltados o intolerantes? Los que ponen bombas, lo son; los que asesinan periodistas o policías, lo son  igualmente en grado extremo, qué duda cabe, pero ¿hay más? Trataremos de hablar de todos ellos, pero vaya por delante que estamos hablando ante todo de estados de conciencia, de enfermedades del alma, y de ignorancia sobre el sentido de la vida y la muerte que tiene su origen en  las religiones, moderadas o no, y, en casos extremos, en un anclaje profundo en el egocentrismo, la auto importancia y el deseo de poder sobre la vida y la muerte de otros.

Exaltados e intolerantes tienen algo en común y fatal para una convivencia: son agresivos, están ciegos y no oyen. Hallarse ante un fanático puede significar  un conflicto antes o después si uno muestra no estar de acuerdo con sus puntos de vista, lo cual es fácil que suceda cuando  el interlocutor es pacífico y sus sentidos no están adulterados por la ofuscación.

Ahora bien: hay conflictos y conflictos, lo mismo que hay fanáticos y fanáticos, lo que indica que unos crean más o menos conflictos, más o menos graves,  y existen fanáticos menos agresivos  o más contenidos que otros, pero la raíz de todos ellos es inalterable: intolerancia, ceguera y sordera a la voz disidente, aunque esa voz disidente sea la de una nación entera contra su sordiciego  gobierno, o la de millones de fieles contra las decisiones de sus pastores.

En nuestros días se habla mucho de conflictos armados, terrorismo, islamismo radical, crisis, desempleo, corrupción, burbujas financieras, migraciones masivas. Refugiados  y deportaciones. Se ven a diario  manifestaciones masivas contra gobiernos injustos y sordos que contestan en occidente  con la agresión policial en vez de responder a las demandas de sus ciudadanos. Uno se pregunta: ¿tendrán todas estas calamidades  algo que ver?  A primera vista no parece que un islamista radical, por ejemplo, tenga mucho o nada que ver con un especulador financiero, un político neoliberal  o un general que obedece órdenes de su gobierno y manda  bombardear población civil indefensa. Sin embargo, nos engañaríamos  si creyéramos  que estas barbaridades no tienen que ver entre sí,  porque sí: sí tienen mucho que ver, porque todos estos fenómenos  están estrechamente ligados al fanatismo. Y  es que hay muchos tipos de fanatismo. El religioso produce cruzadas y guerras llamadas “santas”; el económico, es neoliberalismo; el político es fascismo; Y todos matan, aunque cada uno a su manera. Así que cuando vemos manifestarse contra  los atentados islamistas de París a jefes de Estado que dirigen políticas neoliberales, que es fanatismo económico y  terrorismo social consiguiente,  condenar el fanatismo, estamos presenciando un colosal monumento al cinismo. ¿A quién en su sano juicio no le parece surrealista que un jefe de gobierno como el español autor de la llamada “ley mordaza”, que persigue a sindicalistas y multa  exageradamente a quien se manifiesta,  haga declaraciones hipócritas  en París  a favor de la libertad ? ¿Cómo puede comprenderse, si no es una broma macabra, que un presidente de los EEUU, responsable último de las bombas que matan a diario a niños en Oriente, clame contra el  yihaidismo, sabiendo lo que sabemos sobre sus guerras, o sobre los presos de Guantánamo?… O ¿alguien puede entender que un jefe de gobierno  de Israel se manifieste por las libertades y  el derecho a la vida y a la libertad  sabiendo cómo trata a los palestinos? ¿ y qué decir del propio presidente francés, cuya política neoliberal ha hecho aumentar el número de suicidios paralelamente a los despidos laborales y a su política belicista?

Si hablamos de islamistas radicales y  de su llamada “guerra santa”, y somos pacifistas, seremos consecuentes al rechazar los atentados terroristas que buscan justificarse con el Islam. Si hablamos de la intolerancia religiosa católica, de tan triste y largo recorrido,  seremos consecuentes al rechazarla si somos personas informadas,  con espíritu crítico y libre pensar. Si hablamos de neoliberalismo y sus terribles secuelas haremos bien en rechazar el neoliberalismo y en no tomar en serio lo que digan sus representantes cuando hablan de protegernos. Y si, al fin,  somos personas con un mínimo de conciencia social y más aún si a ella le sumamos la conciencia espiritual que dice: “Todos somos iguales y hermanos”, y proclamamos  la regla de oro que dice: “lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie”, nos declararemos enemigos de todo fanatismo y nos esforzaremos en vivir diariamente  según esos principios. Lo demás, es política, propaganda, formas de manipulación mental: teatro y nada más que teatro. La verdad, la paz   y la seguridad que precisamos está en otro lugar bien distinto: en el interior de cada uno; en la conciencia libre. Esta clase de conciencia, sin embargo,  es ignorada y atacada igualmente por un estado occidental  que por un estado islámico, porque  es la única que nos conducirá a la salida del laberinto de este mundo pervertido e incivil dominado por élites fanáticas que practican el terror contra la población civil en uno y otro lado  con diferentes métodos,  justificaciones y argumentos.

 

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