Internacional: «Las ilusiones son eso: Ilusiones»

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La burguesía imperialista se debate, como todas las burguesías del mundo periférico y de las castas dirigentes de algunos mal llamados ex países “socialistas”, en la profunda crisis que jamás hayan sufrido.

No queda ningún plumífero ni “analista” a su servicio que niegue una verdad tan celosamente oculta a los ojos del proletariado mundial: la crisis golpea dolorosamente en las espaldas del mundo del trabajo. Ése es el objetivo central de toda la burguesía y de esas castas que heredaron el poder de los Partidos Comunistas, luego de un proceso de profunda corrupción: descargar sobre las espaldas del proletariado todos los efectos de SUS CRISIS. DESTRUIR FUERZAS PRODUCTIVAS es la consigna principal, es la orden del día porque vaciamiento de empresas, fusiones, despidos masivos, no tan masivos y a cuentagotas, significan nada más y nada menos que destrucción de fuerzas productivas. Pero también implican que la economía de “casino” comienza a “sincerarse” con la economía “real”.

Comienza a verse con claridad que la producción de mercancías es mucho menor que la existencia de los medios de cambio circulantes, que las deudas son muchísimo más grandes que la capacidad de pago.

Ya se está reconociendo la posibilidad de que cuatro países europeos, España, Irlanda, Grecia y Portugal, entren en cesación de pagos. De ser así, es muy probable, que muchos otros sufran caídas estrepitosas en el valor de sus bonos de deuda, lo que constituiría el paso decisivo hacia la cesación de pagos.

De lo que parece no percatarse la burguesía, cuando compara esta crisis con la de 1929, es que han habido profundos cambios, tanto en profundidad como en extensión; que el carácter anárquico de su producción ha empeorado de forma inimaginable; el capitalismo ha penetrado hasta en el último rincón del planeta convirtiendo en mercancía hasta los más íntimos sentimientos del ser humano; que de esta situación sólo se sale con cambios verdaderamente radicales que trastoquen todos los valores y creencias que ha sostenido hasta aquí al sistema más inhumano que ha construido la humanidad.

La confianza en lo hasta aquí conocido está encaminándose hacia un descreimiento en todo lo que ha sostenido la burguesía. Esa confianza empieza a romperse. El ansia de progreso, que anima a todo el proletariado, es el peor enemigo que enfrentará en poco tiempo la burguesía imperialista, todas las burguesías asociadas en el mundo y esas castas corrompidas. He aquí el verdadero enemigo que la la clase dominante tendrá que enfrentar. He aquí la verdadera razón de sus desvelos. Éste es el verdadero enemigo, su histórico enterrador…

Los terroristas que la propia burguesía armó, arma y financia, justificaron el armamentismo, el aumento de presupuestos y personal de las fuerzas represivas, las leyes más duras y “antiterroristas”, las invasiones para rapiñar. Creó un estado de permanente inseguridad y lo convirtió en política de estado para mantener a la defensiva a los proletarios en el mundo entero.

Fue la clase dominante la que sembró drogas por todo el mundo para neutralizar y eliminar a la juventud como hizo y hace con el alcohol y el “gatillo fácil”, todas políticas a las que les dio el rango de políticas de estado.

Dejó en la pobreza a las dos terceras parte de los habitantes del mundo y sembró y siembra por todo el planeta enfermedades como el SIDA, que salió de sus laboratorios creados para la guerra bacteriológica. Ya no solamente se trata de que la burguesía “no puede solucionar los problemas de la humanidad”, sino de que hay que terminar con una política mundial destinada a eliminar a, por lo menos, una tercera parte de la población mundial.

Las burguesías se están armando contra el proletariado mundial. El peligro de las guerras contrainsurgentes es tan real como la posibilidad de una guerra imperialista para forzar un nuevo reparto del mundo. Los trabajadores están mostrando indicios de que están dispuestos a enfrentar la difícil situación.

Como si esto no fuera suficiente, subrepticiamente, se ha ido expresando una tendencia histórica del capitalismo por la cual, cuando la definió, Don Carlos Marx lo trataron de loco: la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, que consiste en la disminución del capital variable y el aumento del capital fijo. Algo que simplemente se debe a la incorporación de tecnología a las unidades de producción que produce, por un lado, un elevado aumento de los ritmos de producción y, por el otro, una extensa expulsión de trabajadores; el reemplazo de la explotación extensiva por la casi absoluta explotación relativa e intensiva. En otras palabras, se explota a menor cantidad de obreros pero con ritmos de producción intensos. El resultado de esto lo vemos todos los días: una desocupación creciente, por un lado, y, menor cantidad de personas con acceso al consumo, por el otro. Conclusión: empobrecimiento general.

Podemos prever que los proletariados de los países periféricos serán los que soportarán la peor parte. Es así porque su actual situación ya es mala desde el punto de vista de las condiciones laborales con altos niveles de precariedad e inseguridad, con altos índices de desocupación, malas condiciones de alimentación, salud y educación, que se agravarán y llevarán los sufrimientos hasta límites insoportables.

Las posibilidades de recuperación rápida que propagandiza la burguesía son ilusiones. Debemos prepararnos para presenciar un fenómeno de inédita magnitud y que nos obligará a analizar la situación concreta para poder enfrentar cada situación concreta y no atarnos a ningún esquema, a ninguna receta magistral. Deberemos tomar las luchas de las masas para generalizarlas sin inventar nada.

Las ilusiones de la burguesía financiera y no financiera suben y bajan al compás de las subidas y bajadas de los índices bursátiles. Los billones de dólares, euros, yenes, yuanes y demás monedas destinadas al salvataje, en lugar de ayudar a apagar el incendio del sistema capitalista, lo alimenta, tal como si se quisiera apagar un incendio con nafta. El pesimismo cae como un pesado manto y cambia la fecha de la posible “recuperación”. El fin de la crisis fue anunciado primero fue para fines de este año, luego para el año que viene… Nada es seguro. Lo único seguro es que la crisis aún no ha llegado al fondo. Por lo tanto, sus predicciones debemos tomarlas como parte de la campaña para desarmar política e ideológicamente cualquier intento de organización del proletariado. Todos aquellos que reproducen sus ideas no lo hacen de forma inocente e ingenua. A la burguesía financiera imperialista y no imperialista no debemos creerle absolutamente nada: todo lo que sostuvo, sostiene y sostendrá entraña el objetivo de perpetuar su poder.

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La asunción de Barack Obama despertó algunas expectativas que, a muy poco de andar, se desmoronaron: se demostró que, por lo menos, son exageradas, que no se respaldan en ninguna base material. Es la continuidad, con otras formas, de la hegemonía de la burguesía financiera imperialista norteamericana. Su política exterior nada ha cambiado ni cambiará. Retirarse de Irak, más allá de lo que se diga, es el reconocimiento de una verdad de perogrullo: los norteamericanos fueron derrotados política y militarmente. Sus acuerdos con la facción sunnita son una clara demostración de ello. Es cuestión de tiempo que aparezcan en la superficie indicios de que las viejas contradicciones siguen latentes y que se desarrollarán en una situación muy distinta a la que existían al momento de la invasión yanqui: los chiítas reclamarán el lugar que esos “acuerdos” no les respetan.

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La masacre de mujeres, ancianos y niños no se ha detenido en Irak. Los refuerzos enviados hacia Afganistán demuestran que allí no les va mejor: siguen asesinando mujeres, ancianos y niños a ambos lados de la frontera. Obama no ha renunciado a sumir a la humanidad en un espantoso baño de sangre. Para ello sigue buscando excusas: Irán, por el supuesto “proyecto nuclear militar”, Corea del Norte por el desarrollo balístico, a Rusia con el chantaje de la instalación del “escudo anti-misiles”. Han cambiado las formas, pero no el contenido.

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Ha cambiado a la fascista Condoleezza Rice, por la fascista Hillary Clinton, dejando claro que no es un problema de género, sino de clase. Continúa apoyando incondicionalmente a la burguesía y al estado israelí en el genocidio del pueblo palestino y en su campaña de permanente desestabilización del Medio Oriente. Prepara, más allá de las justas medidas para el pueblo norteamericano, el necesario “consenso” para enfrentar la necesaria guerra. El proletariado y el pueblo norteamericano, tal como lo había dejado Bush, no estaba en condiciones… y quién sabe si lo estará para enfrentar una confrontación. Mientras tanto, hace lo posible para dividir y aislar a Rusia de sus posibles aliados y unir a sus potenciales “amigos”. Hacia allí apunta el ofrecimiento, que más que negociación aparenta ser un chantaje, de no instalar el “escudo anti-misíles” por la intervención rusa para que Irán no enriquezca uranio.

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La burguesía imperialista norteamericana está empeñada en no “desaparecer” de la historia sin antes bañar en sangre a la humanidad. Por esto, el proletariado mundial debe enarbolar la bandera de llevarla a juicio, en las figuras de sus dirigentes políticos y mandos militares, condenarlos por crímenes de LESA HUMANIDAD y ejecutarlos en público. Está claro que para eso deberemos organizarnos como Partido del Proletariado, derrocarlos y TOMAR EL PODER. Debemos mandarlos a las páginas más viles de la historia de la humanidad, como la página más lúgubre.

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El nuevo ocupante de la Casa Blanca no viene a resolver ningún problema que no sea para conveniencia del sector hegemónico de la burguesía imperialista: la burguesía financiera. No lo puede hacer sin llevar adelante un plan que garantice la más descomunal destrucción de fuerzas productivas. Esta premisa no está sujeta a la voluntad de ningún hombre, por más poderoso que sea, ni a ningún grupo de hombres; es una LEY DEL CAPITALISMO: DESTRUIR, PARA RECOMENZAR UN NUEVO CICLO. La posibilidad de que esto suceda no depende de cuentas matemáticas ni contabilidades. Ni siquiera de dinero… Depende, por un lado, de la capacidad de engaño y organización de la burguesía para lograr consenso en las masas proletarias y, por el otro, y de la capacidad de lucha, conciencia, organización y disposición del proletariado para derrocar a su enemigo y tomar el poder político. No hay ningún “destino escrito” como nos quieren hacer creer los plumíferos, analistas y mercenarios del sistema imperialista. No hay mesías: son las masas movilizadas las que destacarán sus mujeres y hombres más lúcidos y valientes que, con la herramienta del marxismo leninismo, organizados en partidos revolucionarios, las guiarán hacia la toma del poder y la revolución.

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Hoy podemos decir que las condiciones materiales para la revolución mundial que delineó Don Carlos Marx, están en la superficie, están dadas. Faltan las condiciones subjetivas que, aunque retrasadas por la derrota general que sufrió el proletariado mundial, están empezando a delinearse. Las ideas nacen de la materia, esas ideas están en un estado de confusión no sólo por la propaganda y la desinformación que “siembra” la burguesía, sino también por la derrota de los Partidos Comunistas que devino en aplastante corrupción de sus dirigentes. Corrupción que tiñó no sólo las prácticas de esos partidos, sino que tergiversó y degradó las ideas y postulados del Comunismo a nivel masivo. El proletariado no quiere este sistema de explotación; pero tampoco quiere el “Socialismo real”. Seguramente no lo conoce… pero porque las dirigencias de esos partidos, luego de la muerte de Lenín, no practicaban políticas socialistas. Prefirieron las prácticas burguesas: componendas y decisiones a las espaldas de sus pueblos; sueldos y privilegios que los hacía aparecer “por encima” y diferentes a sus proletarios. Se aferraron a los puestos de dirigentes, promoviendo a “sus amigos” y no a quienes eran y son los mejores. Nada diferente a los burgueses…

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Para muestra, un botón: El Partido Comunista Cubano es un Partido que toma las decisiones de forma colectiva. Por lo tanto define sus políticas y debería elegir a los hombres o mujeres más idóneas para llevarlas adelante. Consecuentemente, debemos pensar que Pérez Roque y Carlos Lage fueron elegidos colectivamente para llevar adelante una tarea colectiva. El Partido decide cambiar su política, mejor dicho la dirección del Partido decide, algo que es incorrecto porque el único órgano soberano que puede cambiar la política es el Congreso, pero… ya está, la cambiaron… aunque no sepamos en qué consisten esos cambios. Es correcto que luego de una evaluación se decida que esos dos hombres ya no sean los más adecuados para llevar adelante la nueva política y se opte por cambiarlos. Lo que no es correcto es lo que hizo Fidel Castro -y no es la primera vez- de salir a crucificarlos públicamente con críticas nebulosas que más se parecen al ejercicio del terrorismo ideológico que a una crítica. Y lo más lamentable de todo es que los funcionarios acepten ese manoseo que nada, absolutamente nada, tiene que ver con la práctica de los revolucionarios. Es una duda sobre cómo y a quién se le hace justicia en el PCC. Estas prácticas no son una excepción. Lamentablemente, debemos reconocer con mucha vergüenza, son prácticas generalizadas en muchos Partidos Comunistas. Pero la práctica que más duele es la del abandono de las ideas de la Revolución y la propaganda en favor de personajes que nada tienen ni quieren tener que ver con la Revolución Socialista y que son las máscaras del último cruel engaño para los proletarios y los pueblos sufrientes de Latinoamérica…

Estas son las paradojas que se crean cuando un partido se apodera de la administración del Estado y confunde política de Estado con política partidaria y viceversa. El rol del Estado y el rol del Partido Revolucionario son diferentes. Creemos que el papel del Estado, en manos del proletariado y sus aliados, será para beneficio de todos los que no se enrolen en el partido, pero que están de acuerdo y trabajen para la revolución, un debate y una discusión que tienda a democratizar la sociedad, por un lado y siente las bases de la función del Partido Revolucionario luego de la toma del Poder, por el otro.

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Siguiendo a los clásicos Marx, Engels, Lenín, creemos que son las masas, dirigidas por el Partido, quienes toman el poder. Que la construcción del socialismo es obra de todo el proletariado y sus aliados y que el partido no es TODO el proletariado y mucho menos es el representante de los aliados. Por lo tanto, arrogarse la representación de todos es, cuando menos, un atentado a la democracia proletaria. Así sea con las mejores intenciones. Recordar que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”…

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Las burguesías imperialistas japonesa y europea también están en grandes dificultades. Japón ha reconocido oficialmente que su economía ha entrado en recesión. Tardío reconocimiento, pues su economía hace, por lo menos, una década que viene con grandes problemas y fue la primera que trató de aplicar recetas keynesianas que, por supuesto, no resistieron ni dieron los resultados que se esperaban. La burguesía japonesa desde hace tiempo que viene invirtiendo su excedentes de capital en grandes obras públicas. Hoy debe reconocer que los índices de desocupación crecen aceleradamente. Por ahora, la desocupación recae sobre los trabajadores en situación de precariedad, pero no tardará en recaer sobre todos los trabajadores en general. El fenómeno de la desocupación genera expulsión de esos trabajadores de las viviendas que son propiedad de las empresas. Por lo tanto, van a vivir en carpas en los espacios públicos y se alimentan de “ollas populares”. Japón es la economía asiática más desarrollada y fue un “ejemplo” para el mundo capitalista, no sólo por su crecimiento, sino también por las tasas de ocupación y disciplina laboral. Nada nuevo, la burguesía japonesa es como cualquier burguesía: explota y despide a SU conveniencia.

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¿Dónde están Los derechos de los trabajadores que “defendía” en las Naciones Unidas…? Parece que la crisis sume a las burguesías en un profundo estado de amnesia ¡Que conveniente!

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Todos aquellos que se atropellaban por ingresar en la Unión Europea buscando la quimera del euro, hoy están inmersos en un gran desconcierto. Han gastado en una moneda que hoy no se corresponde con el valor de sus monedas locales y mucho menos con su capacidad de producción.

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Gran Bretaña, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, los países más desarrollados de la Unión Europea, ya han entrado en recesión. Sus burguesías luchan a brazo partido por “salvar” SUS bancos y SUS empresas. Por supuesto, no coinciden en casi nada en cómo hacer lo que creen que deben hacer. No serían burgueses si se pudieran poner de acuerdo. La racionalidad lógica no es una de las características de la burguesía y mucho menos cuando se encuentra en una situación crítica. Por el contrario, su sobresaliente carácter anárquico es lo que va a primar en el proceso crítico.

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Más allá de las declamaciones, es de prever que se endurecerán las tendencias hacia la defensa de sus producciones y el cierre de sus mercados contra las competencias. Ya cayeron las importaciones desde los países asiáticos y también desde los países que exportan alimentos y materias primas; proceso que inevitablemente se agudizará, junto con la caída de los precios de las producciones primarias. El flujo comercial, necesariamente, va a decaer a niveles muy bajos. No se necesita ser un iluminado para ver cuáles países serán los más perjudicados y cuáles serán los proletarios que escucharán los discursos más chovinistas, pero que sufrirán las inclemencias de la desocupación, el hambre y la miseria que vienen pegados como hermanos siameses. Seremos parte de la “familia” hasta tanto a la burguesía le sea conveniente.

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La lucha de clase, que las burguesías imperialistas decretaron triunfalmente que ya no existía, todavía se “mueve”, está viva y lo que es peor para ellas, se está agudizando y muestra un muy buen estado de salud. Y si no, que lo digan el gobierno burgués de Grecia y de otros países como Lituania, Eslovenia, Ucrania, etc. No es una cuestión de fe, es una cuestión de confianza en los proletarios y sus aliados de todos los países del mundo. ¡Proletarios del mundo uníos! ¡ORGANIZARSE ES AVANZAR HACIA LA REVOLUCIÓN!

PARA REFLEXIONAR ACERCA DE LA “PROFUNDA IRRACIONALIDAD” DE LA BURGUESÍA Y SU “HUMANO” SISTEMA.

Si tomamos solamente los 700 mil millones de dólares que el gobierno norteamericano destinó para “salvar” a bancos y financieras y los dividimos por los 6.700 millones de habitantes del planeta, nos tocarían 104,47 dólares a cada uno. Pero a estos 104,47 u$s debemos sumarles los que nos correspondería de los miles de millones que destinaron el gobierno de Bush, los Emiratos Árabes, China, Japón, los miles de millones de euros de Europa y llegaríamos a una cifra que rondaría fácilmente los 5 billones. 5 billones destinados a una absoluta minoría, cuando la burguesía se desgañita gritando, en todos los organismos de las Naciones Unidas, que está empeñada en “erradicar la pobreza”… No sólo esto. Si le sumamos los miles y miles de millones que gasta en la industria armamentística (para matarnos a nosotros los pobres) tendremos una cifra de lo que nos corresponde como hacedores de las riquezas, una noción de la inmensa injusticia que sufrimos y de la verdadera dimensión de los valores que producimos los proletarios en el mundo. Tomar conciencia es un primer paso, organizarnos y decidirnos a derrocarlos y tomar el poder es un derecho y una obligación. Nada tenemos para perder, sólo romper las cadenas que nos atan al yugo capitalista.

MARIO ROBERTO SALVATIERRA&nbsp

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