Inteligencia artificial y Estado Antisocial

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Por Patrocinio Navarro

¿ Se ha preguntado qué ocurriría si la inteligencia artificial dominara la producción y los Estados y empresarios se desentendieran de los trabajadores expulsados del circuito productivo por los ajustes tecnológicos?

Nuestros abuelos todavía llegaron a usar el milenario arado romano arrastrado por mulas o bueyes. Pocas generaciones después, sus nietos andan subidos a un tractor con aire acondicionado para arar los mismos campos en un tiempo récord, o lo conducen con mando a distancia desde lo alto de una cabina. En esa misma finca trabajaban antaño muchos jornaleros para sembrar, arar, o cosechar. Hogaño, ese mismo trabajo lo hacen unas pocas personas, muy pocas, y enseguida son despedidas.

Sin duda ha habido un avance en la cara A del progreso si consideramos los intereses del dueño de la finca, que ahorra gastos y puede vender a buen precio, pero la cara B ha dejado sin medio de vida a muchas familias que van al paro,a la pobreza o la exclusión social.

No tendría que existir problema alguno en una sociedad justa que sería cooperativa, y solidaria, cuando las máquinas y robots desalojen mano de obra como la del ejemplo. Al contrario, sería una ocasión para que los expulsados por la tecnología se ocupasen de cosas más personales relacionadas con el desarrollo de sus capacidades, con su felicidad y con su progreso interno espiritual y mental. Ello facilitaría una mayor interacción social en actividades cooperativas y relacionadas con el bienestar colectivo. Y eso exige que la gente despierte del sopor capitalista, resignado, conformista y pasivo actual que va unido a un desarme moral, de la conciencia. Esta se halla asediada por todos lados para que la gente se deje llevar, viva distraída y soporte la maldad como algo inevitable.

Una sociedad justa sería fácil de gestionar si los impuestos a las máquinas o a  los dueños de las máquinas que expulsan trabajadores del circuito productivo fuesen  suficientes para mantener a las familias de los desempleados sin perder poder adquisitivo y les abonasen las cuotas de su jubilación. Esto parece justo, y no lo que sucede ahora, que el Estado – con nuestros impuestos- tiene que hacerse cargo de los parados sin que eso repercuta en el empresario que los expulsa por modernizar sus instalaciones.Como eso no se hace, no nos dirigimos hacia el Estado Social, sino al contrario: hacia el Estado Antisocial, hacia modelos de Estado en manos de quienes provocan los males sociales, como grupos inversores, empresas transnacionales y no por último mafias de lobbies apostados a las puertas de los Parlamentos para conseguir privilegios privados a costa de precariedades públicas.

El Estado de la Inteligencia artificial que genera riqueza  no solo no distribuye los beneficios que aquella provoca, sino que  nos carga  de impuestos para compensar el paro que genera. El modelo político de ese Estado Antisocial con la tecnología como aliada para el control de las gentes es el neofascismo, y este se extiende insultantemente por todos los continentes en forma de Nuevo Orden Mundial como los estamos viendo en el continente americano y en Europa.

Estamos en la era de explotación de las máquinas que sustituyen a la explotación humana y con ello a la universalización de la pobreza de los parados forzosos y al fin del estado del bienestar en niveles nunca vistos hasta hoy en Occidente. Parece ciencia ficción, pero observen, observen a su alrededor y saquen sus conclusiones.

¿ Cuántos parados o trabajadores precarios conocen? ¿ Cuántos han tenido que emigrar a consecuencia de los ajustes tecnológicos y a la crisis inevitable del propio Sistema capitalista? ¿Tenía motivos el autor de La historia del Tiempo para estar preocupado en sus últimos años sobre el porvenir de un mundo dominado por máquinas inteligentes?

Afortunadamente muchos creemos en otro mundo posible, regido por la distribución justa de bienes y trabajos, donde sea posible vivir en armonía entre nosotros y con la naturaleza y los animales, por mucho que seamos conscientes de lo difícil que va a resultar salir de este infierno social al que se pretende conducirnos con los abusos del poder y el desprecio a los pueblos.

Los que creemos en la alternativa a este mundo para convertirlo en sostenible tanto tecnológicamente como en la administración de recursos, no podemos dejar de hacer llamadas de atención para el despertar colectivo, para que la gente escuche que así no vamos a ninguna parte que no sea a un  abismo al que somos conducidos como ovejas al matadero en todos los continentes. Y este despertar tiene que ser, ante todo, ético, moral, espiritual,- pero no religioso-  para cimentar nuestra conciencia social y nuestro comportamiento cívico.

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