Intelectuales inorgánicos

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Por Rafael Cid
Muchos famosos que apoyaron para las alecciones de 2011 al recientemente guillotinado Tomás Gómez han suscrito cuatro año después un manifiesto respaldando la candidatura de Ángel Gabilondo, su victimario y sustituto. Surge así una nueva generación de intelectuales inorgánicos, capaces de sorber y soplar al mismo tiempo.
Cuando llegan las elecciones, una vez cada cuatro años más-menos, las intelectuales y artistas acostumbran a publicitarse suscribiendo manifiestos de apoyo a sus políticos preferidos. Es la forma que tiene la intellitgentsia de salir del barbecho voluntario en que suele recluirse los restantes 364 días de los tres años restantes. Porque de normal no frecuenta los piquetes de las huelgas, ni se la ve alzando la voz ante los desahucios a pie de calle o denunciando las políticas cleptómanas de la gran banca. Tampoco es habitual que irrumpa en la esfera pública denunciando esas “injerencias humanitarias” que socializan el horror y la miseria para la población civil de los países afectados. Aunque siempre hubo valiosas excepciones que, por lo demás, confirman la regla por simples razones de cómputo numérico. Como por ejemplo en el caso de Willy Toledo en la franja junior o del desaparecido José Luis Sampedro en la categoría senior.
Ahora mismo, con un horizonte plagado de citas electorales se está produciendo una de esas típicas alineaciones estelares. Y como de costumbre en asuntos relacionados con la cultura, los partidos más madrugadores son los de izquierdas. Está el ya clásico pronunciamiento de actores, directores y cantantes a favor de Izquierda Unida (Pedro Almodovar, Miguel Ríos, Victor Manuel, Joaquín Sabina, etc.), ilustre elenco que campaña tras campaña renueva con tenacidad su fidelidad a la coalición rojiverde. Y en la misma orilla ideológica, la escudería de escritores y profesores que acude cíclicamente a posicionarse con las siglas del PSOE, sin refractarles demasiado lo que hayan hecho o desecho sus dirigentes durante sus periodos ejecutivos de gobierno. Llueva el GAL o diluvie el austericidio dictado por la Troika, se muestran inconmovibles en sus convicciones.
Porque en el rutinario tío-vivo en que se ha convertido la “votocracia representativa”, siempre hay alguna opción alternativa que percibamos como peor. Al mandato de Rodríguez Zapatero con sus pioneras contrarreformas laborales, el agravamiento de las pensiones o la estocada al artículo 135 de la Constitución para que el pago de la deuda contraída para salvar a la banca tenga prioridad sobre cualquier otra contingencia, sucedió el de Mariano Rajoy con más de lo mismo en el terreno de ajustes y recortes antisociales y las consabidos medidas meapilas y carcas que perpetra la derecha cuando las urnas les son favorables. De ahí que la tradición en España sea votar en contra de y casi nunca votar a favor de. El “voto útil” es el imperativo de nuestra atrabiliaria y suicida cultura política. Una auténtica ruleta rusa del eterno retorno. Un auténtico voto inútil por puro irracional.
Sin embargo, en este crítico 2015 en que el bipartidismo dinástico imperante ve amenazada su existencia se están dando situaciones paradójicas nunca vistas. Sobre todo cara a la batalla de Madrid, que el próximo 24 de mayo dirá quién se hace con el Ayuntamiento de la capital o sube al podio de la Comunidad. La Villa y Corte se ha convertido en un improvisado parque temático donde PP-PSOE rivalizan en mercadear todo género de gollerías a la hora de captar el sí de los incrédulos madrileños, hartos de salir de Málaga para entrar en Malagón y tiro porque me toca. Da risa ver a Esperanza Aguirre con su sillón Chester hinchable de aquí para allá, largando ocurrencias como sacar a los indigentes del centro porque “asustan al turismo”, que la retratan como la verdadera “Dama de Hierro” de Génova 13. O a la ex delegada del gobierno, Cristina Cifuentes, poniéndose estupenda defendiendo lo obvio de la constitucional del derecho de manifestación, que la aspirante neoliberal a la alcaldía pone en entredicho. ¡Cosas veredes!
Aunque, bien mirado, en el PSOE se superan. Fulminado el candidato de las bases, Tomás Gómez, alias “invictus” para la parafernalia, por el tándem exterminador de Ferraz y El País, en favor del ex ministro de ZP Ángel Gabilondo, las inquebrantables adhesiones del cupo intelectual han vuelto a donde solían. Literalmente. Porque muchos de los abajofirmantes que acaban de respaldar la candidatura de Gabilondo son los mismos que en 2011 secundaron orgullosamente en otro manifiesto similar a Tomás Gómez (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/29/madrid/1301431919.html). Con el poeta y premio Cervantes 2006 Antonio Gamoneda al frente y caras tan populares como la de Álvaro de Luna (“El Algarrobo de la serie televisiva Curro Jiménez). El problema es que cuando esto ocurre con las personas leídas, insípidos palmeros de dictados tan antidemocráticos y despóticos como cargarse a un candidato elegido en primarias, uno debe temer lo peor de una exministra de Cultura que confundió al escritor Saramago con “la bailaora Sara-Mago”. Se ve que la política les une y el gremio les junta.
El socorrido dicho del periodismo amarillo “no dejes que la realidad te estropee una buena historia” se viste de gala cuando estallan las campañas electorales con su pirotecnia de agit-pro. El ejemplo del metafísico y ex fraile Gabilondo es de misal. Ha sido saludado por “300 intelectuales” (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/04/27/madrid/1430169625_760925.html) como el “invictus de repuesto”, aunque los últimos sondeos adviertan que obtendrá menos votos y escaños que el original al que ayudó a enterrar. Y entonces la buena historia del cuento consiste en sostenella y no enmendalla con un candidato que fue ministro consentidor en la segunda y retrógrada legislatura de Rodríguez Zapatero (también la del apoyo militar a la incursión militar en Libia y la cesión de España para cuartel general del escudo antimisiles de EEUU). El mismo que desde la cartera de Educación profundizó el Plan Bolonia y bendijo la red Universia del Banco de Santander, dos recetas que han servido para entregar la educación superior a los mercados empresariales y financieros. Hay muchas formas de gritar ¡muera la inteligencia!
(Última hora. El secretario general socialista Pedro Sánchez (¿uno de los nuestros?) acaba de anunciar que si llega al poder derogará la contrarreforma laboral del Partido Popular. Nada ha dicho, sin embargo, de la que hizo el gobierno de Zapatero, régimen pionero en el sabotaje de los derechos laborales y de las pensiones. También ha manifestado su intención de promover una modificación del Estatuto de los Trabajadores para que los convenios laborales sean competencia exclusiva de las centrales y no de los comités de empresa. Seguramente el líder del PSOE quiere apuntalar el bipartidismo sindical para impedir que colapse como está ocurriendo en el área política con el duopolio formado por el PP y el PSOE, inmersos en el descrédito general y la corrupción institucional).

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