Insurreccion popular y politica norteamericana en Nicaragua

Por Tomas Andino Mencia

Después de la masacre del Día de la Madre (30 de mayo), cuando una de las manifestaciones más grandes de la historia de Nicaragua fue balaceada por la policía y los grupos de choque de Daniel Ortega, el curso del conflicto ha pasado a una segunda etapa, más confrontativa.

Antes de esa fecha, la Alianza Cívica por la Democracia y la Justicia estaba dispuesta a aceptar un acuerdo por el cual Daniel Ortega y Rosario Murillo cedieran dejar el poder mediante elecciones anticipadas, como un mecanismo democrático para elegir un nuevo gobierno. Por eso aceptaron participar en la “Mesa de Dialogo” convocada por el gobierno y moderada por la Iglesia Católica; incluso hubo un momento en el que llegaron a suspender todas las tomas a nivel nacional, esperando una propuesta de salida pacífica del gobernante. A pesar de eso, la represión continuo en todo el país.

La masacre del 30 de mayo hizo comprender al Pueblo que el gobernante no está dispuesto a salir por su propia cuenta y que hay que sacarlo con acciones más efectivas. Desde entonces las tomas de carreteras (o “tranques”), las tomas de barrios y centros de estudio con medidas de autodefensa rudimentaria, han pasado a ser el método principal de lucha popular, sustituyendo a las manifestaciones callejeras de la primera etapa. El principio sigue siendo el mismo, hacer una desobediencia civil activa y pacífica, pero ya no más indefensa.

Asimismo, la experiencia le enseño al Pueblo que la “Mesa de Dialogo” solo ha servido para distraer la atención de las organizaciones opositoras y para darle tiempo al gobierno de tomar la ofensiva en las calles. Cada vez que el movimiento toma auge, Daniel convoca a dicha Mesa, pero cuando aquel se apacigua, el gobierno la abandona y recrudece la represión. Debido a eso la respuesta del Pueblo ha sido contundente.

Al momento de escribir esta nota, hay en Nicaragua 131 tranques populares indefinidos, que son asediados y atacados con fiereza por la policía y una juventud utilizada como carne de cañón por el gobierno, acompañadas de paramilitares fuertemente armados. Los y las jóvenes y pobladores se defienden con armas hechizas (morteros, hondas, chimbas) y en algunos casos con armas de fuego livianas, en una lucha desigual contra un adversario mucho mejor equipado y más experimentado en el campo militar.

Es lamentable que mueran jóvenes y no tan jóvenes de ambos bandos. Nadie debería alegrarse por eso, pero si hay un responsable es el gobierno dictatorial que arma grupos de choque utilizando a sus adeptos para enfrentarlos contra sus hermanos. Es su empecinamiento lo que hace mas dolorosa su salida. Así actúan los dictadores. Un demócrata pararía las hostilidades para buscar otra salida que no sea la sangre entre compatriotas, pero el no es tal cosa.

La gran mayoría de las bajas son del lado opositor. Aquí quienes ponen los muertos, son los y las jóvenes de las barriadas, campesinos(as), estudiantes, trabajadores, pequeños comerciantes, desempleados y, por supuesto, no faltan los lumpen o desclasados, cada quien con sus motivaciones y con sus características conductas sociales. Es una constelación de clases sociales unidas alrededor del objetivo común de sacar la dictadura, que no siempre es fácil de sobrellevar, de la misma manera que en Honduras salieron a las tomas de calles todo tipo de grupos sociales contra la dictadura de acá.

Cabe destacar que la propaganda de algunos sectores de la izquierda pro-orteguista, comprometida por diferentes razones con aquel gobierno, trata de hacer aparecer esta insurrección popular poli clasista, como una revuelta de “vándalos y pandilleros” a los que despectivamente les llaman “plaga”, para introducir en el imaginario colectivo una justificación de la masacre que lleva a cabo en su contra. Si fuera un levantamiento de “vándalos”, no se explicaría como este movimiento ha incorporado a tantas personas por tanto tiempo en todo el país, incluidas ciudades enteras, movilizado a todas las universidades; y realizado las manifestaciones sociales más concurridas de los últimos tiempos en Nicaragua.

Se trata de un enfrentamiento desigual, entre un movimiento social con armamento defensivo rudimentario y, por regla general, inexperto en la lucha, contra un adversario bien apertrechado y experimentado. Pero la determinación del Pueblo es tal que entre más bala y metralla reciben, más “tranques” se suman a la lucha. Especialmente notable es el caso de la heroica ciudad de Masaya donde sus habitantes han levantado centenares de barricadas en la mayoría de barrios, ahora imitada por Jinotepe y León, donde recientemente se realizó un exitoso paro municipal. También se han levantado muchos barrios de Managua, que sostuvieron por 24 horas las tomas de barrios y calles, antes de hacer un repliegue temporal.

Por ese motivo, en las últimas dos semanas, el conflicto ha escalado en violencia, sin que el gobierno haya logrado el objetivo de hacer retroceder al Pueblo; pero también ha escalado en extensión, al punto que más localidades se suman a los bloqueos de carreteras y el comercio interno e internacional se halla prácticamente paralizado.

La ola insurreccional es tan fuerte que actores importantes que antes tenían una actitud cómplice o timorata, han comenzado a ser movidos por la presión social. Es el caso de centenares de miembros del FSLN y ex funcionarios orteguistas, así como hijos de militares y policías, que se avergüenzan de la política represiva de su gobierno y ahora acompañan las tomas; es el caso de sectores de medianos comerciantes y productores del área rural, quienes atraviesan sus tractores en las carreteras, muchos de ellos “empresarios patrióticos” que antes eran beneficiados por el régimen; es el caso de comerciantes urbanos del Mercado Oriental de Managua, el mayor centro comercial de Centroamérica que se declararon en desobediencia civil. Todos saben que los días del régimen están contados y prefieren unirse para terminar con la causa de la crisis.

Todavía la gran ausente es la poderosa clase trabajadora nicaragüense, aunque se entiende que el control político y la represión laboral a quienes osen desafiar a sus patrones orteguistas siembra siempre temor, debido a la colaboración de los sindicatos controlados por el gobierno. Pero hay síntomas de que esta se incorpora confundida en el anonimato de las gigantescas manifestaciones que ha hecho la oposición. Un ejemplo de ello fue la enorme diferencia entre el planton del Dia de la Madre hecho por el orteguismo y la gigantesca manifestación hecha por la Alianza CIvica. Esa diferencia no tiene otra explicación porque el FSLN ha perdido miles de simpatizantes, aun entre sus empleados públicos. Cuando la clase obrera entre como clase a este proceso, será quien defina la suerte del régimen.

Palabras aparte merece el paro convocado por el Consejo Superior de la Empresa Privada y la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua (AMCHAM) ayer 14 de junio. Estos gremios empresariales, han seguido una ruta diferente al movimiento popular pues no son partidarios de que Ortega salga como producto de una Revolución popular sino de un proceso electoral, como quieren los gringos. Esa alternativa les permite a ellos apoyar a sus tradicionales candidatos liberales, como siempre han hecho. Por eso el paro solo fue de 24 horas y tenía como demanda principal exigir la instalación del tramposo Dialogo del gobierno, que no conduce a nada más que a perder tiempo.

No es extraña esta postura de los grandes empresarios, ya que se sabe que el COSEP tienen muchos intereses en común con Ortega y porque la AMCHAM es la patronal de las empresas gringas, de las cuales Laura F. Dogu, Embajadora de Estados Unidos, es miembra honoraria. Las razones de esta posición se comprenderán más adelante en este texto. Pero independientemente de sus motivaciones, el solo hecho de que este paro se haya decidido y haya sido un éxito total, indica que Ortega fue abandonado por el grueso de la burguesía que fue su principal aliado en el pasado reciente.

RELACIONES IDILICAS ENTRE EL IMPERIO Y EL ORTEGUISMO

Contrario a lo que suponen muchos compañeros(as), el gobierno norteamericano no es el gran organizador ni director de esta insurrección, como tendenciosamente lo pinta la izquierda pro-orteguista. Esa es una tesis cuyo propósito es debilitar la solidaridad con la lucha de este pueblo, que no tiene fundamento sólido en la realidad.

Comencemos diciendo que el gobierno de Ortega, a dos meses de iniciada la crisis, no ha hecho ninguna presentación pública ni en tribunal alguno, para ofrecer pruebas convincentes, como estudios científicos, documentos filtrados verificables, fotos, videos o testimonios, que respalden esta suposición; lo cual es extraño dado que la inteligencia sandinista junto a la cubana son las más efectivas de Latinoamérica. Caso contrario a lo que ocurrió en Venezuela, donde abundaban las evidencias de la injerencia norteamericana en las redes sociales. Para el orteguismo los procesos judiciales son un estorbo; no necesitan pruebas; las balas de sus fusiles deciden quien es culpable y quien es inocente.

Lo que la información disponible arroja, es que el rol de los Estados Unidos en esta crisis es atípico: El Estado norteamericano ha venido trabajando para que Ortega sea sustituido al largo plazo en futuras elecciones, mediante una candidatura liberal confiable y estable, pero no apoyan la idea de que Ortega sea derrocado por el actual movimiento insurreccional. Puede sorprender que un gobierno imperialista que promueve Golpes de Estado en varias partes del mundo, no esté interesado en derrocar violentamente a un gobierno que se declara de “izquierda” y “socialista”, pero en este caso es asi, precisamente porque este gobierno no es ni una ni otra cosa, y porque en su mentalidad capitalista, el balance costo beneficio le indica que es preferible mantener lo mas posible el orden establecido por aquel, haciéndole este y otro ajuste, que echarlo abajo todo por un incierto proyecto popular.

Esta política de apoyo solapado a Ortega ante la crisis no es reciente, sino que ha sido su política en los últimos años. Si no, véase la historia; pasaron doce años, desde que en 2006 el FSLN retorno al poder a la fecha, y en ese periodo no fue molestado con el mas mínimo intento de golpe “suave” ni “duro” por parte de dos gobiernos sucesivos de Estados Unidos. Esto contrasta con el hecho de que, en el mismo periodo, países como Honduras, Venezuela, Paraguay, Ecuador, Brasil y Bolivia, para solo citar los ocurridos en Latinoamérica, sufrieron intentonas golpistas exitosas o frustradas, mientras en Nicaragua, siendo este el país más pobre del ALBA, Bush hijo y Obama no molestaron a su gobierno durante el periodo 2006-2018.

Otro indicador de las excelentes relaciones existentes entre el gobierno de Ortega y los gringos hasta este año es que Ortega permitió la presencia norteamericana a sus anchas en muchos campos, algunos muy sensibles para la seguridad nacional de este pequeño país. Por ejemplo, la USAID financio muchos programas sociales del estado; el Ejército de Nicaragua hizo durante esa década maniobras militares con fuerzas del Comando Sur de los Estados Unidos, su supuesto “archi enemigo”, y el Departamento de Defensa gringo daba apoyo directo a los militares de ese país con plata y equipos. Todo esta documentado y puede encontrarse en las páginas web de la USAID, del Ejercito de Nicaragua y en noticias que hace años circulan al respecto.

Las razones de esta conducta atípica del imperio con Nicaragua, y de este con aquel, no son tan difíciles de comprender, si analizamos su contexto y su historia.

En primer lugar, hay fuertes intereses económicos de por medio. La inversión norteamericana es la más importante, tanto en las industrias de las Zonas Francas, como en la inversión financiera, hotelera, comercial etc. Las inversiones estadounidenses generan unos 300,000 empleos, lo que representa un 10% de la Población Económicamente Activa.

En segundo lugar, Ortega le ha dado todas las facilidades a la expansión de la inversión imperialista, a costa de una súper explotación de su clase trabajadora. Es así que la industria de maquila, el principal sector productivo del país con un fuerte componente norteamericano, goza de privilegios enormes en las denominadas “Zonas Francas”, donde más de 120 mil obreras y obreros son explotados con el salario mínimo más bajo de Centroamérica, en condiciones precarias que no tienen nada que envidiar a las que se presentan en Honduras o Haití. A diferencia de Venezuela, donde ha habido nacionalización de algunas industrias estratégicas y recorte de ganancias a las transnacionales, en Nicaragua la industria imperialista es tratada como industria nacional, y en las zonas francas, es tratada aun con mayores privilegios que esta.

En tercer lugar, Nicaragua es un “buen pagador” de su onerosa deuda externa que en el 3er trimestre de 2017 sumaba US$ 11,277 millones (similar a la de Honduras) a organismos financieros controlados todos por los Estados Unidos, como el BM, BID y FMI. Tan es así, que constantemente es felicitado y colocado como “ejemplo” de cómo debe portarse un buen gobierno neoliberal.

A cambio de esto, el gobierno norteamericano le otorgo por varios años a Nicaragua un estatus preferencial llamado Nivel de Preferencia Arancelaria (TPL) hasta 2014. Ese privilegio le permitía vender prendas de vestir elaboradas con materias primas de otros países fuera del DR-CAFTA sin pagar impuestos en el mercado estadounidense, una prerrogativa que ni siquiera países como Honduras llegaron a tener.

Si desde el punto de vista económico los negocios iban muy bien con Ortega ¿para que el imperio iba a molestarse en crear crisis innecesarias para sacarlo del poder? La estabilidad que tuvo Nicaragua durante este periodo y su buena fama de “crecimiento económico” se debe precisamente a estos factores. Ese auge económico le permitió al orteguismo implementar una serie de programas asistencialistas, que aliviaron en buena medida las condiciones de pobreza de una parte de la población; pero también es cierto que los criterios con los que se distribuyó ese apoyo estuvo siempre con la mira puesta en aglutinar una masa clientelar dependiente que abonara a su proyecto reeleccionista, y no fue derramada a toda la población pobre que lo necesitaba, siguiendo el modelo de cualquier régimen capitalista de estos países subdesarrollados.

Si hubiera sido lo contrario, no estarían en las calles centenares de miles de familias pobres manifestándose y exigiendo su salida del gobierno.

En resumen: estamos ante lo que ha sido una bien administrada explotación capitalista neoliberal y pro estadounidense, en manos de un supuesto gobierno de “izquierda”.

EL GIRO MODERADO DE LA POLITICA NORTEAMERICANA EN 2014

Sin embargo, desde 2014 un factor geo político incomodó esta relación. Ortega y Murillo, que ya eran multimillonarios con el negociado de ALBANISA, iniciaron tratos con otras potencias capitalistas como China y Rusia para diversificar sus fuentes de enriquecimiento; con la primera, puso en marcha la idea de construir el Canal interoceánico, un faraónico proyecto de US$ 50 mil millones con el que se concesionaria 278 kms de franja por 116 años a una empresa privada china. Con Rusia hizo negocio con la compra de 50 tanques T-72b1, aviones MIg-29 y equipo militar.

Estos vínculos comerciales y militares con estas potencias rivales de Estados Unidos, incomodaron a Washington quienes comprendieron que era tiempo de hacer algo para sacarlo del poder por razones geo políticas.

Para lograrlo necesitan a alguien que lo pudiera sustituir y que pueda hacerlo con servidumbre al imperio y con estabilidad.

Ahí empiezan sus problemas: Por un lado, la oposición liberal es muy débil en Nicaragua y no tiene la potencia y agresividad de la venezolana; además está muy desprestigiada ante el Pueblo, por el papel que jugaron personajes liberales nefastos como Arnoldo Alemán o Enrique Bolaños cuando fueron gobierno. Por otro lado, el férreo control del orteguismo sobre los procesos electorales ha impedido que la oposición pueda participar con garantías democráticas suficientes y sin sufrir fraudes. Por tanto, antes de pensar en cambiar al gobierno en el corto plazo vieron necesario cambiar esas condiciones desfavorables en el largo plazo.

Por esas razones, ni Bush hijo ni Obama se plantearon hacer un cambio brusco, pero si se plantearon iniciar cierta presión para forzar al gobierno de Ortega a hacer reformas en sus leyes que permitieran a la oposición burguesa liberal fortalecerse y participar con garantías. Como los negocios marchaban bien, el imperio no tuvo prisa y siguió cultivando con Ortega buenas relaciones económicas, políticas y militares, no sin antes eliminarle el privilegio del TPL en 2014 para hacerle sentir su inconformidad, mientras paralelamente desarrollo cierta influencia sobre el liderazgo juvenil de manera silenciosa a través de programas de USAID, NED y NDI, agencias norteamericanas que implementan programas sociales y políticos en Nicaragua.
Pero ¿y que de Trump? ¿Rompió o dio continuidad a esta política de Bush y Obama?

¿DE QUE LADO ESTA TRUMP?

Con Trump la estrategia gringa hacia Nicaragua tuvo ciertos cambios. Como es su estilo, lanzo amenazas de cortar el apoyo económico si no se hacían aquellas reformas electorales, pero, a decir verdad, no avanzo mucho en este proceso. Las únicas medidas de importancia tomadas por su administración, específicamente contra el Estado de Nicaragua, fueron dos:

• La Ley “Nicaraguan Investment Conditionality Act of 2017”, conocida como Ley “Nica Act”, un instrumento para asfixiar de créditos a Nicaragua si no cumple sus estándares de democracia y derechos humanos, promulgada en su última versión en abril 2017 por la ultraderecha gringa; sin embargo, hasta la fecha y a pesar de la crisis actual esta ley aún no ha sido definitivamente aprobada por el Senado de EEUU, mucho menos aplicada, y ojalá nunca lo sea.

• La otra medida fue aplicar la Ley Global Magnitsky a Roberto Rivas, Presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) de Nicaragua en 2017, bajo cargos de corrupción, entre otros 11 funcionarios de distintos países, precisamente para presionar por las citadas reformas electorales.
La reciente revocación del TPS, en realidad no cabe en esta categoría, pues es una medida de aplicación regional, orientada a afectar a varios países y no solo a Nicaragua; también fue aplicada a Honduras y Haití.
Como puede verse, toda la alharaca de Trump queda reducida a muy tímidas acciones, que no se comparan con las agresivas medidas que toma contra Venezuela.
Pero la cosa no queda ahí. En medio de la crisis política actual, el gobierno de Trump en lugar de reducir su apoyo a Ortega, más bien parece incrementarlo. Algunos indicadores son los siguientes:

1) Del 17 al 21 de mayo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visito Nicaragua y constato gravísimas violaciones a los derechos humanos perpetradas por el gobierno de Ortega, pero a pesar de eso, su Secretario General, Luis Almagro, no promovió ninguna sanción importante contra ese país amparándose en la Carta Democrática de la OEA (como si lo hace en el caso de Venezuela); solo se limitó a pedir amablemente al gobierno nicaragüense que reinicie el proceso de reformas que fue solicitado por la Misión de Observación Electoral de 2016.

2) El 24 de mayo recién pasado, la Cámara de Representantes de USA pidió al Departamento de Defensa le entregue la lista de funcionarios centroamericanos más corruptos, pero en esa lista no incluyo a Nicaragua, a pesar de las presiones de los sectores más ultraderechistas del Congreso gringo y de que el Proyecto de la Ley Nica Act fue reformada para incluir el tema de la corrupción.

3) El recién pasado 2 de junio, el ciudadano estadounidense Sixto Henry Viera, fue asesinado en la ciudad de Managua, en condiciones confusas, como resultado de la violencia política. En otras condiciones ese incidente habría bastado para que Trump iniciara una campaña para criminalizar al gobierno de Ortega, pero ni si quiera hubo una reacción de su Embajada más allá de este país.

4) En enero de 2018 Luis Almagro tenía la posición de dejar gobernar a Daniel Ortega hasta el 2021 mientras la oposición nicaragüense exigía adelanto de elecciones, ahora que la oposición exige la salida inmediata e incondicional de Ortega y Murillo del gobierno, Almagro pide organizar elecciones anticipadas. Es decir, Almagro siempre está más cerca de las posiciones de Ortega-Murillo, que de la Alianza Cívica por la Democracia y la Justicia. No es casual que las relaciones entre los primeros sean de armonía y entre los segundos, de conflicto.

5) En la reciente Asamblea General de la OEA del 4 y 5 de junio, la lealtad mutua de los gobiernos de Estados Unidos y Nicaragua, se manifestó en tres hechos que había que ver para creer: a) el representante de Nicaragua en su discurso ante el Pleno no pronuncio una sola palabra para denunciar la “conspiración” del gobierno gringo que supuestamente esta “detrás” de la revuelta popular; b) los representantes de EEUU y Nicaragua firmaron coincidentemente un proyecto de declaración que llama a las partes a declinar la violencia (como si hubiera un combate parejo) y a acogerse al Dialogo tramposo, sin mencionar para nada las graves violaciones a Derechos Humanos en que ha incurrido el régimen de Ortega-Murillo; proyecto que fue aprobado por aclamación; y, c) faltando a la solidaridad con el gobierno Venezolano, el representante de Nicaragua se abstuvo de votar cuando se decidió si se expulsaba o no a Venezuela del organismo.

6) En Nicaragua existen varios grupos armados contrarios a Ortega, como los “Rearmados” y similares, que, si bien no son un adversario militar para el fogueado Ejército de Nicaragua, bien podrían haber sido utilizados por el gobierno gringo como una justificación para desarrollar una intervención militar en medio del actual conflicto, como hizo en Libia y Siria (tal como ha venido gestionando la ultraderecha gringa). Contrario a eso, los comunicados de la Embajada siempre llaman al dialogo y la reconciliación y no hay asomo de que Trump esté interesado en esa vía. Esperemos que nunca se le ocurra.

Teniendo a la vista estos hechos ¿Puede quedar alguna duda de que el gobierno norteamericano mantiene una línea general de apoyo al gobierno de Ortega y que no está interesado en su derrocamiento violento aprovechando el actual proceso insurreccional en curso?

La pregunta clave es por qué actúa así el gobierno de Trump. Precisamente por lo dicho atrás: Porque si cae Ortega, en lo inmediato no sería sustituido por un político liberal manejable y de su confianza, sino por la Alianza Cívica por la Democracia y la Justicia, liderados por los estudiantes, campesinos, líderes comunitarios, dirigentes de los “tranques”, en cuyo seno convergen múltiples ideologías y postura políticas, desde sectores de derecha y de izquierda socialista, pero muy sensibles a una democratización sin injerencias externas. En otras palabras, un gobierno de luchadores sociales a los que difícilmente podría controlar.

DISCREPANCIAS AL INTERIOR DEL IMPERIO, QUE SALPICAN EL MOVIMIENTO

Ahora bien, el gobierno norteamericano no es homogéneo. A su interior existen diferentes tendencias que pugnan por imponer sus políticas y enfoques. La mencionada política del Departamento de Estado es actualmente la oficial, pero es adversada al interior de Estados Unidos por sectores radicales de derecha que exigen una actitud más agresiva contra Ortega. Ya mencionamos el caso del sector más recalcitrante de la derecha representado por Ileana Ross-Lehtinen y Marco Rubio, que exigen a Trump la aplicación de la Ley Nica Act, sin que hasta este momento haya tenido éxito. Recordamos que, durante la época del Golpe de Estado en Honduras, esta misma senadora apoyo públicamente y sin tapujos al entonces gobernante de facto, Roberto Micheletti, mientras Obama criticaba el Golpe y tomaba tibias medidas contra los usurpadores.

En la actual crisis política de Nicaragua, y en contradicción con la política general del gobierno norteamericano, este sector de ultraderecha apuesta más bien a acercarse a los sectores de la oposición nicaragüense para influirlos con su agenda ultraconservadora. Un ejemplo de esta actitud fue la invitación hecha por la Fundación “Freedom House” a 40 estudiantes líderes, escogidos por ellos, para visitar a varios congresistas y senadores norteamericanos para hacer promoción a favor de su causa. Ingenuamente muchos estudiantes aceptaron la invitación, pero no fueron ellos quienes decidieron la agenda, sino que esta se les impuso, según describió un dirigente destacado del movimiento . Se reunieron con la Senadora Ross-Lehtinen, Ted Cruz y Marco Rubio para pedirle apoyo a su causa. Ni cortos ni perezosos, estos políticos ultra aprovecharon la ocasión para organizar un lobby en el Congreso gringo a favor de una actitud más agresiva del gobierno hacia Ortega, aprovechando el actual movimiento. Asimismo, no escatimaron tomarse cantidad de fotografías con estos estudiantes, que ahora dan la vuelta al mundo. Afortunadamente, como lo indica el reportaje de Dick Emmanuelson , la mayoría de senadores y congresistas no atendieron la visita, alineados con la política oficial del gobierno.

La izquierda pro-orteguista no ha desaprovechado este incidente para volcar veneno del peor para indicar que esa visita “demuestra” que el movimiento opositor obedece a la agenda de la ultraderecha gringa, sacando de su contexto los hechos que la rodearon y descontextualizando también el conjunto de la política norteamericana de los últimos doce años.
Estoy de acuerdo con quienes sanamente reaccionan cuestionando esa visita, pues merece la más dura crítica y repudio. Es inaceptable ir al imperio a solicitar a este que aplique los instrumentos intervencionistas que ha creado para sojuzgar a nuestros pueblos, pues a la larga cualquier salida que este imponga ira en detrimento del Pueblo de Nicaragua. De igual forma fue repudiable la visita que hizo a Estados Unidos en 2016 la entonces coordinadora del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), Ana Vigil, para reunirse con senadores y congresistas –incluida la senadora Ross-Lehtinen—a fin de pedirle su intervención en el caso del fraude implementado por Ortega ese año.

Pero una cosa es cuestionar ese hecho y otra generalizar haciendo conclusiones abusivas. Es como si pretendiéramos generalizar que los abusos de Ortega son una característica de todo sandinista; o que, para citar el caso de Honduras, que dijéramos lo mismo del Pueblo Indignado por el hecho de que Ariel y otros dirigentes del ese movimiento fueron a Washington a hacer similares visitas ante senadores gringos. Seria una errónea inducción. Un enfoque objetivo de estos casos, distinguiría entre, por un lado, la actitud oportunista de algunos liderazgos que piden apoyo al mismo Diablo, independientemente de sus buenas intenciones, y por otra, la justeza del movimiento que emprende el Pueblo nicaragüense que se ha volcado a las calles a luchar contra una dictadura. Quienes hacen critica sana saben hacer esa diferencia.

A consecuencia de ese caso, se abrio una controversia al interior del movimiento estudiantil y popular , pues dicha visita causo indignación en los sectores de izquierda y progresistas del movimiento, que no se sienten representados por los estudiantes que se prestaron para eso. Afortunadamente el movimiento democratico popular no tiene una sola cabeza dirigente, sino que es una conducción colectiva y eso permitira que tales conductas sean corregidas.

Tampoco significa que todo es armonía y color de rosa en el seno del movimiento democrático popular. Las contradicciones de clase a su interior, tarde o temprano van a aflorar y asi seguirá el proceso de progreso de la sociedad nicaraguense.

POSIBLES OPCIONES Y ESCENARIOS

Dicho lo anterior, hay que advertir que el imperio puede cambiar de posición si los acontecimientos se precipitan y si es inminente el derrocamiento del gobierno y la instalación de un gobierno de la oposición popular. Ya lo ha hecho en otros países: En 2011 apoyo hasta el último minuto al dictador de Egipto, Hosni Mubarak, pero cuando era inevitable su caída, sus esfuerzos fueron encaminados a influenciar al nuevo gobierno. Si eso ocurriese, los gringos cambiaran su agenda, y sectores como la ultra derecha de Ross-Lehtinen y compañía podrían ser más escuchados en el gobierno gringo. Todo dependerá de cual sea el siguiente paso del Gobierno de Ortega-Murillo.
Sintiendo que el piso se le mueve, el gobierno nica ha activado de nuevo la táctica dilatoria de la “Mesa de Dialogo”, prometiendo dar respuesta hoy viernes 15 de junio a la petición de incluir en la agenda el tema de la democratización del país. Sin embargo, en esta ocasión, la experiencia hecha con las falsas promesas del régimen hace muy difícil que esa táctica de resultado. Tan es así que ni aun la promesa de adelantar las elecciones podría calmar la máquina de esta revolución que ha iniciado en Nicaragua.

El Pueblo en las barricadas no quiere adelanto de elecciones sino que el gobernante se vaya ya. Si su maniobra de mediatizar el movimiento desde la Mesa fracasa, al régimen le quedan tres opciones: Una es sostenerse a ultranza en el poder continuando con su actual política represiva con la policía y los grupos de choque orteguistas; otra es llamar a la intervención del ejército para que ejecute una represión aun mayor que la actual; y la tercera es deponer el poder en aras de una transición ordenada con apoyo del gobierno de Estados Unidos.

La primera opción es insostenible, porque a medida que incrementa la represión policial y parapolicial, la respuesta del Pueblo se amplifica, sumando a otros sectores a la lucha. Esta estrategia al largo plazo más bien estimula y fortalece la movilización popular, por lo que está condenada al fracaso.

La segunda opción es poco viable y empeoraría las cosas, pues podría conducir, o al aplastamiento total del movimiento mediante un baño de sangre peor que el ejecutado por Somoza en 1979, o a una guerra civil, en la que se podría fracturar el ejército sandinista, ya que no es lo mismo luchar contra un ejército de ocupación que contra su propio pueblo.

En otra variante de esta misma opción, les daría la excusa perfecta a los sectores más radicales del imperio norteamericano para que sus presiones para una mayor intervención militar norteamericana tengan éxito, con lo cual podría degenerar el conflicto, como ocurrió en Siria.

La tercera opción es la más probable, y de hecho hay signos de ello. El influyente presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, Bob Corker, envió desde el 9 de junio a Caleb McCarry, un experto en temas de “transición política” . Ortega podría considerar que embarcarse en el proceso electoral, desactivaría la actual movilización y le daría el respiro que necesita para reorganizar sus fuerzas, aunque después incumpla todos los acuerdos.

La cuarta opción está reservada para el Pueblo, en el sentido de que su movimiento insurreccional triunfe en toda línea, Ortega sea derrocado por el Pueblo movilizado, un gobierno de la Alianza obrera-estudiantil-campesina y popular se establezca y se abra para Nicaragua un periodo de democratización profunda del Estado y en el que sean los intereses de la población explotada los que prevalezcan, no el del gran empresariado ni del Estado norteamericano.

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