Insalubridad y explotación en el Telemarketing

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En estos últimos meses hemos visto al sector del Telemarketing saltar a los medios de comunicación por sus movilizaciones conjuntas ara desatascar la negociación del convenio.

Son casi dos años de sueldos congelados, unos sueldos ya muy inferiores al sueldo medio y además también recortados por unas jornadas reducidas. Movilizaciones en un sector precario donde la patronal desea una mayor flexibilidad para obtener todavía más beneficios.

Pero hay unos aspectos sobre los que la prensa no ha hablado: la salud de los trabajadores.

Los trabajadores de este sector sufren con frecuencia, además de problemas en las cuerdas vocales, estrés, ansiedad y depresión por las condiciones de su trabajo.

La inestabilidad de este sector que suele estar subcontratado y que en realidad presta servicio a grandes empresas de sectores pujantes como telecomunicaciones, banca, eléctricas, fabricantes y servicios ocasiona graves problemas en la salud de los trabajadores. Las grandes empresas subcontratan estos servicios para huir de la responsabilidad social y del conflicto laboral y los trabajadores sufren unas peores condiciones que en la empresa matriz y unos sueldos muy bajos. Las grandes empresas están obligadas a prestar servicios de atención al cliente y los subcontratan a empresas de callcenter burlando, ademas, la legislación vigente utilizando estos servicios como plataformas de ventas y prescripciones de producto obligatorias. Los trabajadores tienen que atender a un cliente que no desea un producto nuevo, olvidando el motivo original de la llamada y teniendo que guiar a un cliente –probablemente cabreado– a un servicio solicitado.

Así las presiones, las coacciones e incluso gritos son escuchados a diario por estos trabajadores,

tanto por las llamadas como en vivo y en directo por la gran cantidad de coordinadores, jefes y auditores que escuchan implacablemente las llamadas. El trabajador pierde el sentido de la privacidad ya que todas las llamadas pueden estar siendo grabadas tanto por la empresa que le paga como por la empresa para la que presta el servicio subcontratado.

El ambiente en estos centros de llamadas es alienante, los trabajadores están aislados en pequeñas mesas donde solamente cabe una pantalla y el teclado, apantalladas de manera que están separados de los compañeros y incluso no es posible descansar la vista mirando más allá del puesto causando una fatiga y desgaste visual que no es paliado por las pausas de visualización.

Estos pequeños cubículos se acumulan unos tras otros para optimizar cada metro de las salas de atención de llamadas, creando una acumulación masiva de trabajadores con mucho ruido de fondo y calor acumulado.

Podríamos también hablar de las sillas calientes, es decir que un puesto se ocupa turno tras turno por varios trabajadores que rotan, ocasionando un desgaste en el material que no es sustituido ocasionando sillas destrozadas, teclados defectuosos y cascos compartidos.

Gracias a las ridículas multas de inspección de trabajo es más rentable para la empresa pagar sanciones que mantener el material de trabajo en las condiciones optimas.

Así llamada tras llamada, peleando con el ruido de fondo, sabiéndose vigilada, amenazada con sanción si no sigue un absurdo protocolo la trabajadora (es un sector mayoritariamente femenino) debe acabar los trámites con un nuevo cliente en línea, porque la empresa que subcontrata no le facilita el tiempo necesario entre llamada y llamada para acabar la gestión. Día tras día la salud se resiente, las cuerdas vocales se sobrecargan, hay perdida de oído y vista y unos riesgos psicosociales altísimos en los que la persona se ve anulada y tiene menos autonomía que una máquina, un trabajo en la que la «motivación» son las amenazas con la sanción y el despido.

La ansiedad, la depresión, enfermedades psicosomáticas afectan a gran parte de las trabajadoras del sector de Telemarketing como quedó claro en las encuestas informales realizadas por los delegados de CGT en Extel-Adecco y Arvato-Qualitel en zaragoza, ambas empresas subcontratas de Movistar y Vodafone respectivamente. Esas encuestas realizadas entre el 2015 y 2016 entre los trabajadores de dichas empresas volcaron unos resultados alarmantes sobre el estrés al que son sometidos los trabajadores y sobre el efecto sobre la calidad de vida de los trabajadores. Dichas encuestas fueron un refuerzo a los test de riesgos psicosociales que año tras año tienen unos resultados alarmantes.

Ni la administración, ni las mutuas ni las empresas contratantes de los servicios están interesadas en una regulación de los ambientes y condiciones de los callcenters para evitar el daño en la salud de los trabajadores.

Reconocer la ansiedad y otras enfermedades mentales asociadas a estas condiciones como enfermedad laboral debería ser una prioridad para así tomar las medidas para evitarlas y proteger a los trabajadores ya afectados para evitar casos tan graves como los suicidios de France Telecom.

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