Inmigrantes piden ya a sus familias que les envíen dinero para sobrevivir en Málaga

La construcción ha dejado de ser el paraguas bajo el que se resguardaban miles de familias en Málaga y los primeros que se han quedado fuera han sido los inmigrantes. Muchos de ellos engrosan las listas del paro y la prestación por desempleo no siempre es suficiente para llegar a fin de mes. Por eso, aunque hasta hace poco los inmigrantes hacían cola en oficinas de correos, agencias remesadoras o bancos para enviar dinero a sus países de origen, ahora, el flujo de las remesas ha cambiado y cada vez son más los que subsisten en Málaga gracias al dinero que consiguen enviarles sus parientes.

Así lo explica Carmen Pérez, trabajadora social de la o­nG Málaga Acoge, quien afirma que en los últimos meses muchos inmigrantes han dejado de enviar dinero a sus familias y son éstas las que ahora hacen frente a la sobrecarga económica que supone ayudar a sus parientes en España. «El problema es que, cuando el inmigrante mandaba dinero desde España, en sus país de origen ese capital se multiplicaba; sin embargo, para poder ayudar al inmigrante en apuros en España, las familias tienen que hacer un esfuerzo enorme para reunir lo que al cambio son sólo cien o doscientos euros», señala Pérez.

Esta situación se está dando en inmigrantes de todas las procedencias sin distinciones. Las historias más dramáticas las viven los extranjeros que se habían estabilizado en España y consiguieron reagrupar a la familia más cercana. «No es lo mismo tirar del carro cuando es sólo una persona que cuando tienen hijos a su cargo aquí», indica Pérez.

Lo peor es que en los países de origen, los familiares incluso están llegando a endeudarse para ayudar a sus familias a pasar el mal trago. «Son historias terribles porque son personas que emigraron para buscar un futuro mejor y sacar a sus familias de la miseria en sus países, consiguieron ayudarles allí con el dinero que enviaban y justo cuando conseguían prosperar en ambos países, tienen que pedir de nuevo préstamos para volver a ahogarse con los gastos», afirma Natalia Alonso, de la asociación Themis, que se dedica a repartir comida y ropa entre las mujeres con problemas económicos y que han visto multiplicar por tres el número de solicitantes con la crisis económica. «Si se marchan, pierden todo lo que tenían aquí y no quieren tirar por la borda los años que llevan en España», indica Alonso. Una situación que angustia a cada vez más inmigrantes cuyo sueño europeo se ha convertido en una verdadera pesadilla.

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