Independenica y Libertad, o Dependencia y Sumisión

A doscientos años de la primera independencia de&nbsp la mayoría de los pueblos Latinoamericanos, del bárbaro imperio de la corona española, nuestra identidad es cada día más clara, nuestro destino mucho más expedito y definido. No hubo una verdadera independencia y libertad, puesto que fuimos sometidos durante estos doscientos años, a la ambición de la oligarquía latinoamericana, aliada al naciente imperio Norteamericano. Nuestros indígenas, campesinos y criollos que lucharon hasta la muerte por esa ansiada independencia y libertad, fueron traicionados, por esa oligarquía privilegiada que hasta hoy tercamente se resiste a los cambios y a los vientos de una verdadera, definitiva independencia y libertad de nuestros pueblos. Doscientos años de miseria y barbarie, de intervención extranjera, de golpes de Estado, de regímenes inmorales que se autodenominan democráticos, de saqueo y explotación, pero también de resistencia, lucha social y popular. Hoy existen dos caminos, o abrazamos la independencia y libertad definitiva, o sucumbimos a la dependencia, sumisión al imperio y la oligarquía Latinoamericana.

El régimen oligárquico y mafioso de gobierno colombiano, es un fiel representante de esa criminal oligarquía Latinoamericana, de su capacidad de sumisión ante las imposiciones del imperio, y de la doble moral a la que puede llegar para conservar su poder y privilegios. Es hoy un buen vecino para las oligarquías regionales, pero un mal vecino para los pueblos y gobiernos, que se decidieron por una verdadera independencia y libertad. La sumisión y dependencia de este régimen narco paramilitar es tan evidente, que no solo entregó la soberanía de nuestro país, sino que pisotea la soberanía de nuestros vecinos, y se convierte en una amenaza, con altos propósitos de hostilidad, que alertan los procesos de verdadera independencia y libertad. Convertir nuestro territorio en bases de operaciones del perverso ejército Norteamericano, con toda la inmunidad, no solo es un atentado contra nuestra nación, sino un peligro eminente para nuestros hermanos. Si el gobierno colombiano no tiene nada que esconder, porque no da la cara: En la III Cumbre de UNASUR, en la reunión del Consejo de Defensa en Ecuador, o en la convocatoria de jefes de Estado prevista para Buenos Aires. Con esta actitud no solo manifiesta su acostumbrada prepotencia, sino el desprecio por los cambios y por la postura digna de gobiernos como el de Ecuador, Venezuela y Bolivia.

La actitud cínica&nbsp del imperio, a través de los voceros del Departamento de Estado, donde niegan la instalación de bases en territorio colombiano, es una mentira propia de su acostumbrada doble moral. Al igual que su trasnochado pretexto, donde afirma que es un trabajo conjunto con su socio, contra el narcotráfico y el terrorismo ¿Quiénes son los verdaderos narcotraficantes y terroristas? Todos sabemos que el mayor consumidor de narcóticos&nbsp y el mayor vendedor de armas son los Estados Unidos de Norteamérica. La intervención militar contra los procesos de independencia y libertad, buscan la sumisión de los pueblos para apoderarse del petróleo, el agua y la biodiversidad del Amazonas, la Orinoquia, los Andes y de nuestros mares. Cuentan para este oscuro propósito con las oligarquías Latinoamericanas, quienes se están prestando para desestabilizar la región y provocar conflictos binacionales, proyectados a una guerra continental que solo favorece las ambiciones e intereses del imperio Norteamericano. Los guerreristas y chantajistas, no son los países vecinos, ellos solo hacen&nbsp uso del derecho legítimo a la defensa.

A doscientos años de la primera independencia de&nbsp la mayoría de los pueblos Latinoamericanos, del bárbaro imperio de la corona española, nuestra identidad es cada día más clara, nuestro destino mucho más expedito y definido. No hubo una verdadera independencia y libertad, puesto que fuimos sometidos durante estos doscientos años, a la ambición de la oligarquía latinoamericana, aliada al naciente imperio Norteamericano. Nuestros indígenas, campesinos y criollos que lucharon hasta la muerte por esa ansiada independencia y libertad, fueron traicionados, por esa oligarquía privilegiada que hasta hoy tercamente se resiste a los cambios y a los vientos de una verdadera, definitiva independencia y libertad de nuestros pueblos. Doscientos años de miseria y barbarie, de intervención extranjera, de golpes de Estado, de regímenes inmorales que se autodenominan democráticos, de saqueo y explotación, pero también de resistencia, lucha social y popular. Hoy existen dos caminos, o abrazamos la independencia y libertad definitiva, o sucumbimos a la dependencia, sumisión al imperio y la oligarquía Latinoamericana.

El régimen oligárquico y mafioso de gobierno colombiano, es un fiel representante de esa criminal oligarquía Latinoamericana, de su capacidad de sumisión ante las imposiciones del imperio, y de la doble moral a la que puede llegar para conservar su poder y privilegios. Es hoy un buen vecino para las oligarquías regionales, pero un mal vecino para los pueblos y gobiernos, que se decidieron por una verdadera independencia y libertad. La sumisión y dependencia de este régimen narco paramilitar es tan evidente, que no solo entregó la soberanía de nuestro país, sino que pisotea la soberanía de nuestros vecinos, y se convierte en una amenaza, con altos propósitos de hostilidad, que alertan los procesos de verdadera independencia y libertad. Convertir nuestro territorio en bases de operaciones del perverso ejército Norteamericano, con toda la inmunidad, no solo es un atentado contra nuestra nación, sino un peligro eminente para nuestros hermanos. Si el gobierno colombiano no tiene nada que esconder, porque no da la cara: En la III Cumbre de UNASUR, en la reunión del Consejo de Defensa en Ecuador, o en la convocatoria de jefes de Estado prevista para Buenos Aires. Con esta actitud no solo manifiesta su acostumbrada prepotencia, sino el desprecio por los cambios y por la postura digna de gobiernos como el de Ecuador, Venezuela y Bolivia.

La actitud cínica&nbsp del imperio, a través de los voceros del Departamento de Estado, donde niegan la instalación de bases en territorio colombiano, es una mentira propia de su acostumbrada doble moral. Al igual que su trasnochado pretexto, donde afirma que es un trabajo conjunto con su socio, contra el narcotráfico y el terrorismo ¿Quiénes son los verdaderos narcotraficantes y terroristas? Todos sabemos que el mayor consumidor de narcóticos&nbsp y el mayor vendedor de armas son los Estados Unidos de Norteamérica. La intervención militar contra los procesos de independencia y libertad, buscan la sumisión de los pueblos para apoderarse del petróleo, el agua y la biodiversidad del Amazonas, la Orinoquia, los Andes y de nuestros mares. Cuentan para este oscuro propósito con las oligarquías Latinoamericanas, quienes se están prestando para desestabilizar la región y provocar conflictos binacionales, proyectados a una guerra continental que solo favorece las ambiciones e intereses del imperio Norteamericano. Los guerreristas y chantajistas, no son los países vecinos, ellos solo hacen&nbsp uso del derecho legítimo a la defensa.

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Departamento de Arauca, Colombia Agosto 12 del 2009

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