Independencia de Argelia pero no emancipación social de los trabajadores

El 5 de julio de 1962, el pueblo argelino conseguía el derecho, arrancado con grandes luchas, a su independencia. Esta independencia ponía fin a más de 130 años de colonización francesa.

Se consiguió tras ocho años de una atroz guerra contra el poder colonial: 500.000 muertos, un millón de personas internadas en campos, regiones devastadas por la guerra, pueblos bombardeados, arrasados, poblaciones deportadas o masacradas, torturadas o ejecutadas sumariamente por el ejército francés. En Argelia como en la casi totalidad de los países colonizados, los pueblos se habían levantado contra la tutela colonial y, uno tras otro, habían conseguido arrancar su independencia política. Francia no estuvo al margen de esta tormenta.

Ese 5 de julio, todas las grandes ciudades argelinas conocieron escenas de júbilo. La población argelina tenía motivos para alegrarse de esta victoria. Su combate victorioso mostraba que, cuando los explotados están decididos a rechazar su opresión, los opresores ya no pueden hacer nada. Los argelinos  ya no eran extranjeros en su propio país. Se había conquistado por fin la independencia política, pero la lucha por la emancipación social seguía pendiente.

Mantenimiento de la dependencia económica en beneficio del imperialismo francés

Argelia marcada por un siglo y medio de explotación colonial seguía sin embargo dependiendo económicamente  del imperialismo francés. Los acuerdos de Evian, firmados el 18 de marzo de 1962, consagraban esta dependencia, en particular en el terreno de las industrias mineras, del petróleo, del gas, que permanecían bajo control francés. A pesar de que en el momento de la firma de los acuerdos, los dirigentes del FLN, Frente de Liberación Nacional, lograron rechazar la secesión del Sahara que pedía De Gaulle, no pudieron evitar que Francia mantuviese el control sobre  la explotación de recursos mineros y petroleros del desierto sahariano. Un año después de la independencia, las empresas petroleras francesas se embolsaban cuatro veces más beneficios que Argelia.  En cuanto a los bancos franceses, éstos hicieron préstamos al nuevo Estado argelino, a tasas usurarias, que entrañaban su dependencia financiera. Y además hubo toda una serie de contrapartidas impuestas por Francia: cuotas a productos franceses que el nuevo Estado se comprometía a comprar, en especial productos alimenticios; cuotas de petróleo y de gas que Argelia debía suministrar a Francia a precios preferenciales. Como todos los países coloniales Argelia tenía dificultades para despegarse de la influencia económica del país colonizador.

La política del FLN: el callejón sin salida del nacionalismo

Los dirigentes del FLN, bajo cuya dirección el pueblo argelino llevó adelante la lucha, intentaron resistir esta dominación. En vano, porque el FLN era, de hecho, el representante de los intereses de la burguesía argelina, cuyos negocios se hacían con el mundo imperialista.

En 1954, se leía en la proclamación del FLN: «Nuestro movimiento se presenta con el nombre de Frente de Liberación Nacional, (…) ofreciendo la posibilidad a todos los patriotas argelinos de todas las capas sociales, de todos los partidos y movimientos puramente argelinos, de integrarse en la lucha de liberación sin ninguna otra consideración.» Desde el principio, bajo la apariencia de reunir a todas las fuerzas contra el imperialismo francés, el FLN demandaba a los trabajadores y a los campesinos pobres de Argelia olvidar sus propios intereses. Y si se hablaba a veces de socialismo, no rechazaba apoyarse en los prejuicios religiosos para unir a la población tras él.

Durante toda la guerra de independencia, el FLN se situó fuera del control de la población que decía representar, desconfiando siempre de la organización autónoma de las masas explotadas. Las importantes  manifestaciones populares, como las de diciembre de 1960, fueron grandes ocasiones para que los dirigentes nacionalistas mostrasen que la población argelina estaba con él.

En la perspectiva de un Estado argelino independiente, los dirigentes del FLN construyeron  muy pronto el embrión del futuro aparato del Estado, a saber un «ejército de fronteras«. Este ejército estacionado en Túnez, debía convertirse en el armazón del futuro  Estado argelino y servir, en caso de necesidad, incluso contra la propia población argelina. En sus filas se integraron los combatientes del interior. Después de una guerra de jefes, Ben Bella, uno de los dirigentes históricos del FLN, se convirtió en el presidente del Consejo de la Argelia independiente en septiembre de 1962. Y a continuación fue, en 1963, el primer presidente electo de la República Argelina.

El régimen establecido, salido de un levantamiento revolucionario que había movilizado a millones de hombres y mujeres, consiguió mantener un tiempo la popularidad entre los campesinos, los obreros, que veían en la independencia la esperanza de una vida mejor.  Se tomaron algunas medidas, como la reforma agraria y la nacionalización de un importante sector de la economía.  Esto permitió  al nuevo poder mantener el espejismo de un «socialismo» árabe. Pero las masas argelinas pronto debieron desilusionarse.

La ausencia de una dirección comunista revolucionaria

El pueblo argelino había conseguido la independencia, pero no la libertad a fin de cuentas, y todavía menos su emancipación social. Sin embargo, constituía una fuerza que hubiera sido tanto más fuerte si se hubiera unido a la clase obrera francesa. De una parte a otra del Mediterráneo, los trabajadores argelinos y franceses estaban vinculados desde hacía décadas por múltiples lazos, por haber trabajado a menudo en las mismas fábricas y haberse encontrado juntos en los mismos combates. Pero los trabajadores franceses habían dejado hablar en su nombre a los dirigentes socialistas, los mismos que generalizaron la guerra de Argelia, mientras que los trabajadores argelinos por su parte permanecían detrás de una dirección nacionalista. Hubiera sido necesario que existiesen de una parte  y de la otra, partidos que propusiesen a los trabajadores de los dos países intervenir con una política de clase, unificándolos en una misma fuerza, con el objetivo de ofrecer una perspectiva de emancipación social e internacional.

Aline RETESSE

Lutte Ouvrière

Traducción de F.P.

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