Incineración: lo bueno de la democracia es que podemos elegir quién nos envenena

Los conflictos derivados de la incineración de residuos urbanos que han tenido lugar estos meses en Gipuzkoa y Madrid han tenido la virtud de mostrarnos una realidad muy clara: independientemente del partido en el poder, cuando lo que está en juego son los intereses económicos del «cartel de la basura», las decisiones políticas se supeditan a dichos intereses.

La generación de millones de toneladas de residuos urbanos derivada del modo de vida consumista en el que estamos inmersos, se ha convertido en un importante nicho de negocio para las grandes empresas (alrededor de 2.210 millones de facturación anual), muy interesadas en mantener este modelo, ya que no solo se lucran con su gestión, sino que al aplicar para su tratamiento sistemas como la incineración, generan energía eléctrica que luego nos venden, es decir, negocio por partida doble, al mismo tiempo que generan enfermedad en las poblaciones cercanas.

En el caso de Gipuzkoa PNV y PSOE, plantean poner en marcha una incineradora en Zubieta. La movilización popular, alrededor de la plataforma Zutik planta cara a la decisión, mientras que por otra parte sanitarios de Osakidezta crean el Grupo GEIS para difundir los estudios internacionales más recientes sobre las repercusiones en la salud humana de la incineración, imprescindible para facilitar el sano debate democrático. Los sectores populares contrarios a la incineradora solicitan reunión con las autoridades y estas tras varios meses no parecen interesados en debatir.

En Madrid, tras 19 años de funcionamiento de la incineradora de Valdemingómez, gracias a gobiernos del PP, accede al poder Ahora Madrid (Podemos, IU, Equo, Ganemos) con el compromiso de garantizar aire limpio y saludable a la población y promesas de realizar una «nueva política», pero al tocar poder, intentan enterrar el debate sobre la incineración, a lo que parecen ayudarles determinados sectores del «movimiento ecologista» hoy felizmente situados cerca del Palacio de Cibeles, y se niegan a recibir durante 4 meses a CAS (Coordinadora anti privatización de la sanidad), que simplemente solicita entrevista para conocer cuál es su postura respecto a este tema, dada la afectación para la salud de las más de 500.000 personas de las localidades cercanas (Vallecas, Getafe, Rivas, Moratalaz, etc.).

Tras cuatro meses y concentraciones en la puerta del Ayuntamiento, somos al fin recibidos, y se nos advierte: «el programa electoral de Ahora Madrid no incluía el cierre de la incineradora», «el marco en el que debemos situarnos es del año 2030», al tiempo que se nos avanzan próximas propuestas de introducción de la recogida selectiva de residuos orgánicos, que muy posiblemente venderán convenientemente a la población para teñir de verde su gobierno, pero nada de nada respecto a políticas concretas de ir avanzando hacia políticas de residuos cero y de supresión de la incineración.

En definitiva, hay similitudes: los que tienen el poder (PNV y PSOE en Gipuzkoa; Podemos, Ganemos, IU y Equo en Madrid) en la práctica actúan igual: mantienen la incineración como solución al problema de los residuos urbanos, y se niegan a abrir un debate público con las plataformas que ponen en primer lugar la defensa de la salud de la población, por encima de los intereses del cartel de la basura.

Pero curiosamente también hay diferencias: en Gipuzkoa Podemos, IU y Equo están en contra de la incineradora, pero en Madrid, donde estos mismos gobiernan gracias al apoyo del PSOE, guardan silencio y la pretenden mantener a pesar de estar muy cercano el fin de la concesión. Parece que la incineración fuera muy mala para la salud de los guipuzcoanos, pero beneficiosa para los madrileños.

Aviso para navegantes y para todos aquellos y aquellas que han apostado por la delegación para la solución de sus problemas: desde Madrid podemos asegurar que lo que prometía ser la nueva política, está resultando muy poco diferente de la vieja. Se siguen sacrificando los intereses generales en pro de los intereses particulares. Ni las prometidas remunicipalizaciones, ni la creación de un banco público van a ser reales, eso sí, ningún problema en alinearse con la derecha para criminalizar a los titiriteros, y con los poderes económicos para mantener la incineradora. Esta absoluta falta de resultados tangibles en su gestión impide marcar una diferencia cualitativa con las administraciones anteriores. Al igual que a Colau no le quedaba prácticamente más libertad de cambio que la de cambiar de sitio el busto del rey anterior, Carmena y Ahora Madrid, también muy dados a los gestos para la galería, se han dado de bruces con la realpolitik a la que se ven abocados en su acción cotidiana, y estamos seguros que no es que hayan adquirido en escasos meses los vicios antidemocráticos de la vieja política, sino que los traían en sus genes.

Autor Juan Antonio Gómez Liebana. Miembro de CAS Madrid.

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