In memoriam Julio Anguita (1941 – 2020). Referente de una izquierda insobornable

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El fallecimiento de Julio Anguita el pasado sábado 15 de mayo ha sido un duro golpe, no sólo para quienes en mayor o menor medida compartíamos su vocación rupturista y antisistema sino, más allá, entre toda la gente que veía en él un referente en la defensa de otra visión de la política y de otra forma de hacerla, alejadas de quienes ven en ella una profesión y una forma de enriquecerse.

Una singularidad política que se ha reflejado a lo largo de toda su trayectoria, como se está recordando estos días, desde su alcaldía en Córdoba, primero, y luego, mediante el papel motor que ejerció en la apuesta por un proyecto alternativo para el PCE, para Convocatoria por Andalucía, para IU como su Coordinador Federal y, hasta el final de sus días, desde el Frente Cívico y las sucesivas iniciativas y manifiestos que fue promoviendo. Siempre demostrando una coherencia incorruptible frente a cualquier tipo de prebenda y defendiendo la verdad por delante, lo que le generó la hostilidad de los poderes establecidos.

Su liderazgo desde IU fue clave en el ascenso electoral de esta formación en un periodo en el que coexistían presiones contradictorias: por un lado, un ciclo de Huelgas Generales protagonizado por CCOO y UGT contra el gobierno de Felipe González, pero, por otro, un creciente desconcierto en la izquierda ante la caída del muro de Berlín y frente al Tratado de Maastricht. Julio supo comprender el cambio de época que estábamos viviendo y se esforzó por reformular el discurso, el programa y el proyecto del PCE, rechazando tanto subordinarse a un PSOE con políticas de derechas, como dejarse llevar por un europeísmo acrítico frente al salto adelante neoliberal que representaba la puesta en marcha de la Unión Europea. Para cumplir con ese doble propósito con nuevas herramientas, buscó convertir IU en un nuevo “movimiento político-social”, dispuesto a superar viejas identidades-refugio (no vi nunca a Julio practicar el patriotismo de partido) y a abrirse a las propuestas procedentes de movimientos sociales como el ecologista, pero también al sindicalismo alternativo en torno a iniciativas como la reivindicación de la semana laboral de 35 horas.

Fue en esos tiempos cuando un sector procedente de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), entre ellos Manolo Garí, Jesús Albarracín, Lucía González y Miguel Romero, junto con activistas independientes, tras el fracaso de la fusión con el Movimiento Comunista (MC), llegamos a finales del año 1993 a un acuerdo con la dirección de IU para integrarnos en esta formación. Porque, como explicaba yo mismo en un artículo publicado en El Mundo el 29 de noviembre de 1993, si bien no pretendíamos ignorar lo que no compartíamos (como la reivindicación de la Constitución de 1978) con Anguita e IU, constatábamos “el acercamiento que hemos tenido en los últimos años frente a la guerra del Golfo, el tratado de Maastricht o en algunos foros de discusión. Nos puede unir, además, una voluntad común de superar el viejo modelo de partido y construir un nuevo tipo de formación política pluralista y descentralizada”.

La acogida por parte de Julio a nuestra presencia fue cordial, respetuosa e incluso arriesgada en casos como el mío, ya que después de la IV Asamblea Federal de IU, a finales de 1994, me propuso asumir dentro de la Presidencia Federal la Secretaría encargada de presentar un documento sobre Modelo de Estado, aun siendo consciente de que la posición que yo representaba era minoritaria dentro de IU. Acepté asumir esa tarea, aunque finalmente, tras el laborioso trabajo hecho con las distintas sensibilidades a escala estatal, el texto presentado fue rechazado por el Consejo Federal de IU y decidí dimitir en julio de 1997.

La integración de nuestro sector no fue desde luego fácil, y menos aún lo fue llevar a cabo la transformación de IU en “movimiento político-social”, ya que pronto la dinámica de confrontación interna entre la mayoría de la dirección encabezada por Julio y la minoría que representaba principalmente Nueva Izquierda (que contaba con un enorme y beligerante apoyo mediático a su favor) predominó en el seno de IU, relegando a un segundo plano la audiencia de otras corrientes, como la que a partir del otoño de 1996 configuramos como Espacio Alternativo junto con coordinadores de algunas Federaciones como Ricardo Sosa y Jesús Rodríguez y activistas ecosocialistas como Ladislao Martínez, Concha Denche o Julio Setién.

La evolución posterior de IU, tras las escisiones y la renuncia de Julio a continuar como número 1, afectado además por un segundo infarto, siguió siendo tensa y controvertida, debido al giro que marcó el pacto Almunia-Frutos en las elecciones generales de marzo de 2000, llevándonos finalmente a la mayoría de quienes formábamos Espacio Alternativo a dejar IU en el otoño de 2008 para fundar Izquierda Anticapitalista.

Antes de ese abandono, recuerdo muy especialmente un encuentro en una noche de verano madrileña en la que pude disfrutar de una animada conversación con Julio sobre los más diversos temas junto a amistades comunes, como Manolo Monereo, Pedro Montes y la incansable luchadora, también recientemente fallecida, Susana López.

Por eso, al margen de las diferencias políticas y los caminos diferentes que fuimos eligiendo, quedarán siempre para mí el enorme respeto a su persona y, sobre todo, a su ejemplo de dignidad y firmeza en la denuncia de todo tipo de injusticias y en la intransigencia ante lo real como lo único posible. Nos toca ahora no traicionar ese legado.

vientosur.info/spip.php?article15982

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