Impresiones de un D.I. (Deleted Item)

Un D.I. (Deleted Item) es un individuo muy cercano a aquel “Lobo Estepario” de Hesse. En el mundo anglosajón, un sinónimo podría ser “Outsider” y en el político, un anárquico/-ista.

Alguien molesto, que representa un estorbo y una incomodidad, dada su forma de entender la vida, dándole un enfoque distinto, alternativo, coherente y sensato que rompe con el “modus operandi” del actual Sistema que esclaviza y somete al ser humano, por una economía basada en el poder del dinero.

Esta primera terminología surge del Outlook que, como todo el mundo sabe (¿todo?), es un programa que gestiona el correo electrónico.

Trataré de explicarme.

Cuando un mensaje se aloja en la Bandeja de Entrada, el procedimiento es el siguiente:

Se abre, se lee, se oye o se observa. Si interesa, se guarda. Si no, pasa a la Papelera de Reciclaje, ese purgatorio cibernético, en donde es la resurrección y reutilización del mensaje usado. Es algo así como el sistema de contratación laboral por “Obra y Servicio”, es decir, “si te necesito, te mantendremos en nuestra bolsa de trabajo (otro limbo), y si nos conviene, ya te llamaremos (o no)”. No es muy común que se dé este último caso, ya que toda esta información tiene por destino y principal operación el definitivo “Deleted Item”.

Pues bien, siguiendo con este comparación aplicada al mundo de hoy, esto es, al comportamiento de la sociedad occidental, yo podría considerarme uno de estos “Elementos Eliminados”.

Eliminado, silenciado, humillado, apartado, ninguneado… todo esto, evidenciado una carencia absoluta de respeto, conocimiento, cultura y orejas. Bueno, más que orejas, oídos, por las “partes contratantes de primeras partes”.

Los Medios acuñaron, en su día, aquello de “lo que no aparezca aquí, no existe”. Si no es así, los Padres de la Patria, esto es, políticos, banqueros, empresarios y cardenales, ya se encargarán, como cómplices de todo este tinglado, de dejarlo todo “tapado y bien tapado” o si lo preferís “atado y bien atado”.

Los Medios hacen posible que se ponga en tela de juicio cualquier fundamento válido, emitido por cualquier persona, aun siendo experto en la materia que se trata.

Por ejemplo, cuando un catedrático de Economía de notable prestigio dice “la crisis se debe a que cuatro sinvergüenzas lo tienen casi todo y cien millones, no tienen casi nada&nbsp y bla, bla, bla…”, el periodista de turno, defensor de “x” ó “y” holding mediático, del que suele ser (casualidades de la vida) accionista, asociado, lacayo, esbirro o lo que se tercie, levanta su dedo inquisidor y vocabulario “ex cátedra”, al tiempo que aumenta su tono de voz, para si cabe, darle mayor énfasis y contundencia a perlas tipo: “no es para tanto… porque yo creo que… y ya que manejo este tipo de información contrastada…” para que toda la investigación y el análisis de la situación hecha por el primero, caiga en saco roto, amén de, al mismo tiempo, adoctrinar a las masas que, lo que se dice en la cadena subsidiaria, es la más transparente y fidedigna.

A mi modo de entender este planteamiento, lo que crea o deje de creer este perro faldero y adoctrinado, por una información contrastada, pasada por el rodillo del censor o editor de turno, nos la tiene que traer más que floja, empezando porque les ampara una ley (lícita con reservas) que le otorga el privilegio, si se viera acorralado, de no revelar la fuente. Curioso, ¿no?. No dudo que esto dé mucho juego pero, a la larga, no siembra más que incertidumbres.

Otro caso sería que, dichas afirmaciones se deban al atrevimiento desmesurado que el Sistema le ofrece, tal vez provocado por la ignorancia, que, al mismo tiempo, genera todo un derroche de prepotencia. El caso más claro lo tenemos en los periodistas deportivo-tasqueros de antro roñoso. “Cristiano Ronaldo sufre una rotura de ligamento cruzado en los esquiotibiales derechos del huevo izquierdo”. El “informador” comenta: “ese es el parte médico pero yo no sé qué es lo que puede tener”. Es para quedarse pasmado. Es como decir “desconfiad del médico. Me paso por el forro toda su carrera y su prestigio. Si yo no sé lo que tiene, nadie lo sabe”(?).

Estos son los síntomas de esta sociedad, abocada a una lenta y prolongada mediocridad. No existe una preocupación real por temas vitales, como pueden ser la Educación, pilar fundamental de cualquier sociedad que pretenda vivir en cierta libertad y con unos valores indiscutibles, asentados en el respeto, la confianza y la solidaridad. La desunión provocada por el Sistema, dominada por los tres grandes Estamentos, inamovibles, indivisibles e inalterables: Banca, Iglesia y Prensa, hacen que se rompa una de las máximas de Aristóteles, “el Hombre es una animal político”, convirtiendo una sociedad plural, participativa e inquieta, en individualizada, mezquina, usurera y egoísta, siendo el primer término, utilizado sin reparos como el purasangre abanderado que representa el garante de la libertad moderna.

Todo esto sería comprensible si no fuera porque este tipo de paradigmas no son aplicados por estos núcleos de poder. No hay más que ver la piña sólida y sin fisuras que aquí, las todopoderosas CEOE, Conferencia Episcopal, Corona y Multinacionales, amén de disciplinas de partido político (las nuevas sectas), hacen gala en todo momento, pues no dudan en castigar, marginar o apartar de sus filas cualquier atisbo de disonancia ideológica o corporativa, entendida como síntoma de disidencia. Lo que podría interpretarse como opinión alternativa dentro de dichas organizaciones, aquí es una afrenta al “establishment” y una amenaza a las Instituciones, lleven el disfraz de Patria, Bandera, Fe, Identidad o Balance Económico. En resumidas cuentas, un atentado a la agónica estructura económica, funcione o no. Para ellos, siempre lo hará porque así sus cuentas darán el beneficio anhelado, previamente pactado entre todos.

Si no reaccionamos a tiempo (como ocurre con el Cambio Climático) es muy posible que no tengamos escapatoria, pues el cálculo efectuado años atrás por los círculos de poder, no han dejado camisa con fleco alguno. Han tenido en cuenta hasta el más mínimo detalle en cuanto se refiere a “cabos sueltos” porque, como decía Pedro Ruíz en una de sus parodias, “el que deja un Cabo suelto, luego se convierte en General.. y pasa lo que pasa”.

Esta sociedad ha sido diseñada y detenidamente estudiada a (mala) conciencia para que el ciudadano tenga una “sensación de seguridad” siempre que obtenga ciertos bienes materiales, tenga acceso a las Nuevas Tecnologías y a través de “paraísos virtuales”, que van desde el uso lúdico (nunca intelectual) de sustancias estupefacientes, psicotrópicos… hasta la adicción a Redes Sociales o telefonía móvil, disfrute de un cierto placer y así pueda sentirse, en cierto modo, realizado a base de mantener relaciones, opiniones o impresiones basadas en chorradas como pianos. Prima el entretenimiento sobre el conocimiento, lo cuantitativo sobre lo cualitativo y la diversión fácil sobre el análisis exhaustivo.

Así, esto se puede traducir en el caso del porqué de tan bajos salarios, argucia corporativa alentada desde las Altas Esferas, para que el individuo se retraiga, no salga de hábitat hogareño, se sumerja en una burbuja artificial y así dar rienda suelta a sus vanales logros, no sin explotar sus deseos y egos más ocultos o cobardes, según sea el caso, en el blog, bitácora o web de turno. El caso es que los “diseñadores/vendedores de falsos sueños” persigan un objetivo, para así no dar pie a posibles complots, revoluciones y relaciones “bis a bis” del individuo ante sus semejantes, no vaya a ser que se ponga el peligro el tinglado, disfrazado con eufemismos tipo “estabilidad nacional” y se les venga abajo todo el dinero que les ha costado la creación de este sistema de “hibernación social” y el ciudadano empiece a cuestionarse si este Sistema es lo que más conviene a sus intereses y coloquen otra guillotina en cualquier Bastilla para ajusticiar y no permitir que “los que siempre” hagan lo de costumbre, es decir, lo de siempre.

Tomaré un ejemplo práctico de cómo el Sistema ahoga al ciudadano de a pie.

Las parejas con hijos, ya sea modalidad que sea.

Sus ingresos suelen ser bajos, aun contando con ese otro invento llamado “la liberación de la mujer” que no es más que la sobreexplotación del sexo femenino porque, “si antes sólo trabajaba en casa, ahora, trabaja en casa… y fuera”. Apenas perciben ayudas por alumbramiento, cuidado, manutención, guarderías, material didáctico… y el hecho de que pasen la mayor parte del tiempo en el ámbito laboral, y en muchas ocasiones, llevándoselo al hogar como un lastre del que es imposible librarse, en aras de la productividad empresarial, es lógico pensar en el poco tiempo que les queda para el cultivo del conocimiento. De una forma indirecta pero premeditada, se induce a este grupo al aborregamiento y al letargo intelectual, primando, naturalmente, el cuidado de su prole, aumentando su ignorancia y la desinformación, ya de por sí, adulterada.

Porque de esto es de lo que se trata, de dar en todo momento una información falseada, filtrada y censurada. Lo peor de todo es que se hace de forma deliberada para obtener una sociedad dividida, recelosa y desconfiada, acompañada de la citada ignorancia hasta límites insospechados y que, a largo plazo (o no tan largo) traducida en fracaso escolar, fundamentalismo religioso e idiotización de las masas que, a través de los Medios, ofrecen cantidades industriales de basura, poniendo como falso pretexto niveles de audiencia y aceptación: “Si la mierda es buena, puesto que cien mil moscas no pueden estar equivocadas”, yo digo: No somos moscas y como no-moscas nos gusta la no-mierda.

Ante todo esto, no puedo más que llegar a la conclusión de auto-proclamarme un D.I., puesto que, tal y como se ha concebido este cortijo, me desmarco de todo este circo de chupópteros, delincuentes y mangantes del tres al cuarto. El ladrón, aquí elevado a los altares y cuyo único camino sería el de la cárcel, es el hombre respetable de la “lucecita verde” en cualquier tipo de prensa, por haber alcanzado un beneficio de tropecientos millones de euros, aunque haya sido a base de recortar salarios, que representan un mísero 8% del total de facturación, provocar ERES por doquier y ser aplaudido por todo holging social. Por mi parte, les dedico la mejor de mis flatulencias.

A lo largo de mi madurez, he dejado de creer en muchas cosas, se me han caído muchos mitos y lo que no hace mucho daba por sentado, hoy no es más que una defensa del escepticismo más radical y contundente.

He dejado de confiar en mi país (si es que alguna vez lo tuve, porque a la vista está que disponen de él dos o tres ratas de cloaca), por ser charanguero, chapucero, de subcontrata de la contrata, de refugio de Alí-Babás (aunque éste se quede corto en número de ladrones), de no saber el uno lo que hace el otro y tener que estar constantemente con la mosca detrás de la oreja, ante tu trabajo, tus “compañeros” y tu vida privada.

De que los políticos se preocupen más por el “rifi-rafe”, el “¿tonto?, pues tú más” que por la búsqueda de soluciones. De la impasibilidad, inoperancia y la falta del redentor puñetazo en la mesa cuando los banqueros propongan recortes públicos, al tiempo que su patrimonio no deja de crecer, coaccionando y riéndose de abnegados trabajadores que no cobran en espera del ansiado ascenso que nunca llega o de, simplemente, salvar su culo. De becarios (esa nueva modalidad de esclavitud juvenil) y, a fin de cuentas, de las plusvalías que todo ello genera con las que sacarán pecho y serán dignos de elogio en cualquier diario económico. Condonantes de deudas milmillonarias a partidos políticos para así poder atarlos en corto. Asesinos de trabajadores, Amas de Casa, familias enteras, inmigrantes, indigentes y estudiantes. Fomentadores de maltratadores sexistas, impulsores de adolescentes con “síndromes imperiales” y familias que no pueden, que no saben y que no entienden cómo, después de tropecientos años pagando una hipoteca con su sangre, sudor y lágrimas, se les embarga su hogar por no pagar unas putas letras, y todo, gracias a un escualo corporativo sin escrúpulo de ningún tipo que en su día se inventó aquello de “por el Interés T.A.E., te quiero Andrés”.

Esperad, que ahora voy a por los “Ministros de Dios”.

Estoy más que harto de que estos cuervos, señores de negro, púrpura o blanco sepulcral,&nbsp no tributen como uno más, de que sean tan sumamente hipócritas que utilicen a los desgraciados de los misioneros, abandonados a su suerte por la “catolicísima Roma”, como escudo ideológico para mantener distraída a la parroquia, mientras violan niños, mentes y expolian al prójimo con falsas promesas de un más allá mejor que el más acá. Parafraseando a Bertrand Russell, si no están contentos aquí porque allá esperan algo mejor, ¿por qué no se suicidan en masa para así dejarnos en paz de una vez? Supongo que si se puede hacer que un sacerdote cambie la sotana por pantalones, también se podrán cambiar otras cosas. Nos harían un gran favor. Pero, ya se sabe que, lo primero, es mantener la máquina de hacer dinero en la tierra para ganarse el paraíso.

Ahora iré a por una de las profesiones más corruptas y despreciables: el Periodismo Corporativo.

También éstos mercachifles me tienen hasta el tuétano de su monopolio, ominipresente en cualquier corrillo, mentidero o debate, creyéndose los nuevos gurús del conocimiento, en posesión de la razón, el análisis y la falsa sensación de estar por encima del Bien y del Mal. Estoy cansado de su servilismo, de su arrogancia, demagogia y pseudo ética con la pretenden adoctrinar a las masas. Han convertido la sensatez en un zoco, el interés en audiencia y vuestro análisis en crónica rosa. No enseñan estrategia. Enseñan chascarrillos, moda futbolera analfabeta y desconcierto global.

En cuanto a estamentos obsoletos.

También me causa ardor de estómago el pusilánime de nuestro rey, que jamás se priva de nada, a la vez que se nos priva de casi todo, aceptando regalos (sobornos) de este pandilla de buitres que se alimentan de carroña. El mismo que permite que sus mujeres sean conejas procreadoras en masa de funcionarios clase A, que no hacen más que eludir sus obligaciones y pasarse por el forro las leyes que, si bien les otorga privilegios, también les exige deberes, como por ejemplo, la renuncia a ingresos exteriores a la asignación que el Estado, o sea, nosotros, le proporciona. No hace falta poner ejemplos ante la obviedad del asunto que se trata.

Así pues, tengo el honor de declararme un Deleted Item.

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