Impresiones de Palestina. Belén. Requesón, manteca y vino.

Las fotos que ilustran este artículo son obra del propio autor.&nbsp

Bethlehem (Belén) intenta que sea Navidad todo el año. Los ríos de meapilas (y de otros pecaminosos seres) no cesan de visitar la Iglesia de la Natividad -donde se cree que nació el Salvador– o la Gruta de la Leche, donde se dice que la Virgen derramó nada más y nada menos que una gota de sus senos cuando se refugiaba la Familia Feliz de la Matanza de los Inocentes. Son lugares de gran conmoción y sensibilidad para lxs cristianxs. Así, numerosos creyentes rezan, rememoran y completan su puzzle de inventos religiosos y necesidades morales con supuestos episodios de hace dos mil años; matanzas, huidas, ayunos, nacimientos, muertes, sacrificios… En Belén intenta hervir la Navidad a todas horas para deleite de lxs peregrinxs. Campanas sobre campanas, árboles navideños, figuritas, estrellas o carteles luminosos brotan de cualquier recodo de la ciudad. El contexto envuelve al feligrés en un ambiente sagrado e intemporal en el que parece sólo estar inmerso en lo devocionario y espiritual. Pero cuando un hereje como yo llega allí, se pregunta si importa algo a estxs cristianísimxs la real Matanza de Inocentes palestinos que acontece a su inmediato alrededor. No puedo dejar de pensar en la paradoja que se revela cuando uno se hace eco del fraternal y sempiterno mensaje cristiano en estas circunstancias, en verdad.

A pocos metros de todo este bonito mundo sagrado y celestial se encuentra el Muro de la Vergüenza. Hay casas completamente rodeadas por él; al levantarte, hormigón y horror, al salir fuera, más cemento y humillación; al volver, sobre un cielo estrellado de estrellas tan mágicas y míticas para algunxs, la dignidad vuelve a golpearse contra 8 metros de piedra. Sin embargo, personas de todo el mundo han intentado en Bethlehem (y en otros sitios de Cisjordania) hacer con su arte más llevadera la existencia de estos palestinos, aunque cabe plantearse si no se contribuye de esta forma a la perpetuación de este infamante status quo. Cuadros, carteles, fotos enormes, graffitis de todo tipo… sátiras sobre Israel, USA, Europa y la democracia y los Derechos Humanos que dicen defender. No hace falta ser religioso para venir a Tierra Santa, pero tampoco hace falta ser mínimamente solidario o empático para indignarse hasta el tuétano ante tanta hipocresía. ¿De qué Derechos Humanos, leyes, democracia, Estado de derecho y solidaridad hablan Bush, Sarkozy, Zapatero, numerosísimos empresarios, etc., etc… cuando colaboran, legitiman y venden armas a Israel?; ¿Y sus votantes; qué opinan? Sinceramente, sólo nos consideramos humanos, pero no lo somos.

Que me tilden de cualquier cosa, pero cuando ves la vergüenza que allí se cuece, toda llamada de atención es poca. ¿Qué hubieran pensado los Reyes Magos si en su adorador viaje a Belén hubiesen tenido que esperar horas y horas a que el soldadito de turno les dejase o no pasar en los checkpoints? ¿Y si se hubiesen topado con el Muro? Por desgracia, nadie nunca lo sabrá. Lo que sí que está claro es que en Belén tantxs y tantxs peregrinan, rememoran y rezan episodios henchidos de fe de no sé qué invento, mientras prestan poca o ninguna atención al sufrimiento en carne y hueso de las personas autóctonas, cercadas por una terrorista barrera de seguridad. Pero bueno, estoy seguro de que rezar por ellos y cantar villancicos es una infalible solución. Les ruego que lo hagan ustedes también, en el nombre del Señor y de la Navidad.

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