Imprescindibles para cambiar este mundo

 En esta era crepuscular y decadente, cuyo valor central es el dinero y cuyos modelos giran en torno a lo que se llama “la sociedad del espectáculo” (musical, deportivo, político, lo mediático en general), es preciso apostar por otros modelos de desarrollo humano más evolucionados, otros métodos de desarrollo de la conciencia hacia la consecución de un ser humano y de una sociedad superior en valores y actitudes, desterrando de nuestras vidas todo tipo de dogmas, prejuicios culturales y religiosos y deformaciones históricas interesadas esgrimidas en tantos campoos por oporunistas, intelectuales espiritualmente adromilados o  escépticos que a menudo  pretenden ampararse bajo el paraguas de la diosa Razón  o de la conveniencia para justificar su inmovilismo.

Si algo necesita esta sociedad no son escépticos, ni mucho meno adormilados, inquisidores políticos o religiosos, sino la presencia de modelos honestos, hartos como estamos de hipócritas de todos los tamaños que parecen recién bañados en agua bendita, o recién salidos de un baño de multitudes engañadas y que tienen como su contrapunto en la persona de espíritu libre  que vive el amor desinteresado y en armonía sin apartarse del mundo, pero sin identificarse con lo mundano.  Este puede ser, tal vez, un modelo humano a considerar, junto a otros de parecida índole (toda la amplia gama de buscadores de lo trascendente a la materia) porque no se trata de una profesión, o de una especialización religiosa en ningún caso, sino de un modo de ver y estar en la realidad cotidiana todo aquel que tiene como objetivo la verdad y practica el amor desinteresado.Con harta frecuencia no podemos decir lo mismo de un político, de un banquero o de muchos que se nos presentan por los medios de comunicación como triunfadores en todos los campos, incluido el “espiritual-falsificado” de las instituciones religiosas, pues nadie ha triunfado si no ha conseguido triunfar sobre sí mismo.

Necesitamos, qué duda cabe en los tiempos que vivivmos,  transformarnos a nosotros mismos cuanto más mejor , positivar nuestra existencia para que el mundo, la sociedad, pueda transformarse. Insisto en la idea de que es imposible un cambio social sin un cambio de conciencia en los individuos. Y necesitamos en esta etapa, entre otras gentes, a un nuevo tipo de padres y maestros, atrevidos y abiertos, que incorporen, que investiguen, que integren los conocimientos con la conciencia libre,  que intenten transformar en primer lugar su propia existencia, que sean capaces de protestar contra aquello que les impide educar  honestamente ( horarios laborales, calidad de vida, calidad de educación). Necesitamos padres y madres que contemplen la vida cara a cara sin temor a encontrar en ella imágenes negativas de sí mismos que necesitan ser transformadas: educar es autoeducarnos… Necesitamos maestros y maestras descontentos – y cuanto más profundamente descontentos, mejor- del orden de cosas imperantes, dispuestos a poner el acento sobre la labor de educar desde la conciencia y lejos de la conveniencia y el adoctrinamientojunto al trabajo de instruir. Maestros y maestras que conduzcan con amor a sus alumnos por la senda del verdadero conocimiento, es lo que precisamos con urgencia, porque es la hora de la síntesis de todas las culturas, de la reconciliación de la Humanidad consigo misma y con la Divinidad. Necesitamos profesores con vocación, y no funcionarios grises que esperan cobrar a fin de mes; no seres desorientados y desorientadores – ciegos conduciendo a ciegos- que intentan suplir con el autoritarismo o la dejación de sus funciones educadoras sus miedos profundos, su desinterés y su ignorancia. La hora de un nuevo tipo de educadores ha sonado.

Las escuelas del profesorado deberían cambiar de rumbo a la vista del fracaso generacional existente en educación y empezar a proporcionar otros conocimientos, a admitir otras verdades y otras técnicas, y a pensar en otro tipo de profesores-formadores, porque el sistema tradicional en que los maestros están siendo formados, ese modelo basado en bostezantes apuntes y discursos teóricos de origen poco menos que medieval, debe ocupar su lugar en el museo de la historia de la educación humana. Hemos de poner fín de una vez al intelectualismo que paraliza mente y corazón, al academicismo estéril y esterilizante, y cerrar de una vez por todas el viejo e inútil libro del escolasticismo.igualmente urgen  padres y madres  dispuestos a ayudar a sus hijos a comprender el mundo en que viven, a orientarles, estimularles, promover su sentido de la responsabilidad, enseñarles  a valorarse y a ser activos, críticos, agradecidos, cooperativos  y respetuosos. Necesitamos padres que se interesen cada día por el trabajo de sus hijos y que sigan de cerca su proceso de educación y aprendizaje, que se coordinen con los profesores de sus hijos para llevar a cabo un trabajo ordenado, complementario y eficaz tanto en el orden de los conocimientos como en el de los valores y conductas sociales y emocionales…

¿Por dónde empezar? Podemos comenzar por tomar conciencia de esta situación, verdadera conciencia, no una simple conciencia intelectual. Una conciencia intelectual es una conciencia que intenta comprender la vida, pero no se implica. Eso es letra muerta, eso es escolasticismo. El intelecto no da vida. El intelecto fue endiosado y nos trajo este mundo que padecemos, del cual es artífice.

A los escolares les atraen los cambios. Ahora se trata de que también les atraigan alos responsables de los escolares, tanto en casa como en los centros educativos. Y, por supuesto, en los múltiples y fracasados ministerios de educación de este Planeta. Del trabajo de unas nuevas generaciones de padres y madres, de maestros y maestras, saldrán sin duda padres y madres distintos capaces de educar sabiamente a sus hijos para la sociedad que está ya en puertas, para la sociedad que habrá de suceder inevitablemente a esta Sociedad de la Segregación y el Conflicto: la Sociedad de la Igualdad, Fraternidad, Libertad y Justicia;la sociedad de la unidad; la sociedad de la armonía, la sociedad de la cooperación. En definitiva: LA SOCIEDAD DE LA PAZ que ya anunció el propio Cristo.  A esta Nueva Sociedad emergente que se ve como alternativa al caos actual a que nos ha llevado nuestra civilización equivocada, se acercan cada vez más personas con formas de pensar, de ser, de vivir y de convivir que la harán posible un día.

Efectivamente, “otro mundo es posible”,pero no puede construirse con los principios egoístas del viejo mundo que decae.

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