Imposible que Israel no supiese cómo quedaría ante el mundo

Duele decirlo, pero durante el genocidio que ha ocurrido ante nuestros&nbsp ojos, millones de&nbsp seres humanos&nbsp no hemos podido hacer mucho, sólo cerrar&nbsp los puños con inmensa rabia y ahogarnos en nuestra mísera impotencia. Pero los seres comunes que somos, sin poderes superlativos frente a las armas de guerra, constituimos mal que bien una fuerza a largo plazo y&nbsp terminamos&nbsp encontrando (acostumbrados a beber&nbsp siempre&nbsp en fuentes minimalistas, esenciales) rendijas de esperanza por las que nuestros propios huesos enlutados recobran el aliento, pasados los diluvios infamantes de la insensatez. Los mismos respiraderos universales por los que luego enviamos de vuelta —milagrosamente—&nbsp respuestas a nuestra pobre mente&nbsp aturdida. En un instante&nbsp inefable nace de los escombros la SOSPECHA luminosa, lógica y oportuna que nos restablece el raciocinio, que nos&nbsp salva para&nbsp la cordura y que logra, como ella nos mostrará a continuación, explicarnos gota por gota la infinita abyección con que tanta sangre se vierte cruel e impunemente en nombre de la más despreciable prepotencia expansionista. Una sospecha que hoy nos muestra, simplemente, cómo es absolutamente imposible siquiera imaginar que los macabros autores de tan innombrable afrenta no supiesen lo que hacían con semejante carnaval de muerte. Y es que no hay crimen de tal magnitud que pueda perpetrarse sin haber sido planeado, sin ser obra… "inteligente".
Nada en su&nbsp aplicación que no obedezca a motivos concretos, que no sea&nbsp opus de consenso. De allí que nuestras dudas acerca de una simple "brutalidad bárbara", "inocente" del asesino vaya poco a poco dejando de ser&nbsp demasiado inocente ella misma para convertirse en imperativo de todo hallazgo causal del horror consumado. Haciéndose gradualmente menos&nbsp SOSPECHA&nbsp y más CERTITUD, la duda termina por desvanecerse y dejarnos caer fríamente sobre una evidencia escueta y verificable: estamos ante una raramente libre, desacomplejada, extrovertida y extravagante muestra de agresión al género humano. Por lo cual esta obligatoria pregunta:
¿Qué interés podrían tener los causantes deliberados de tamaña ofensa contra la especie: el de ganarse el título de campeones de la indignidad humana?
Difícil creer que&nbsp el tipo de trofeo&nbsp que más los sedujese fuera de un orden, digamos, tan inmaterial…
Así como no debemos creer en la casualidad de las grandes obras de arte, no podemos creer en la inocencia de los peores crímenes. La intención de los hechos atroces que desde hace poco menos de un mes vienen desarrollándose sólo puede ser la de provocar deliberadamente un conflicto de dimensiones definitivas y gigantescas para establecer de una vez por todas un nuevo orden mundial. El carácter obvio, telegrafiado de esta mal-encubierta y nefasta motivación lo encontramos en el hecho flagrante, incontestable, de que tanta y tan desproporcionada violencia, tanta y tan aberrante injusticia sólo puede constituir, en términos concretos, pragmáticos, una brutal instanciación a todo&nbsp potencial defensor a&nbsp responder en forma&nbsp proporcionalmente&nbsp violenta en defensa de la vejada Nación Palestina. Una trampa para poner al planeta en guerra.&nbsp
Hasta el momento tal reacción no ha tenido lugar, pero aún hay amplias probabilidades de que ocurra. El plan original&nbsp debió ser,&nbsp con toda seguridad, el de provocar que una respuesta armada en defensa de Palestina se diera rápidamente por parte de su más susceptible defensor (por ejemplo Irán) durante los últimos días del mandato de Bush, es decir, antes de la investidura (hoy 20/01/09) de Obama. Lo cual hubiese colocado al nuevo presidente en la obligación de tener que seguir alimentando desde el primer minuto de su mandato el negocio bélico comenzado por la administración saliente. Si Bush hubiese tenido la oportunidad en sus últimas dos semanas de declararle la guerra a Irán tras un ataque de éste a Israel, Obama no hubiera podido hacer otra cosa que seguir adelante&nbsp al tomar el poder, pues una nación en estado guerra transforma el status de todo conflicto bélico en asunto de defensa nacional. Pero no habiendo&nbsp Irán salido "imprudentemente" en defensa de Palestina durante los últimos días del reinado de Bush, la tercera guerra mundial ha sido&nbsp apenas&nbsp retardada de unos días. Espero profundamente equivocarme, pero Irán sólo ha sabido contenerse para otorgarle un&nbsp pequeño&nbsp beneficio de la duda —bastante pequeño— al entrante Obama: sólo durante su primera semana, pues la —no totalmente cierta— tregua de Israel, que comenzó hace dos días, debería durar teóricamente sólo diez (es decir, hasta el 28/01/09). Hamas&nbsp continuará&nbsp lanzando, entre tanto, sus&nbsp reglamentarios&nbsp cohetones.
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