Impactos económicos y sociales de las industrias extractivas

Es una tarea difícil porque la extracción minera en África occidental ha estado marcada por diversas etapas y, por ello, se han adoptado muchas leyes y reglamentos para armonizarla y reglamentarla.

En ocasiones, las leyes han sido disuasivas; en otras, permisivas y, a veces, incluso atractivas. Otras veces ni siquiera había leyes y se han tenido que «fabricar» para hacer frente a las necesidades del momento. Esto quiere decir, por tanto, que en algunos momentos la ley ha sido anterior o posterior a la implantación de la industria extractiva, lo que origina una serie de ventajas e inconvenientes.

Ya que todas las minas no están abiertas al mismo tiempo y los métodos extractivos difieren en cada nación; los diferentes países han redactado una serie de textos sobre la industria extractiva, a veces en detrimento de los códigos mineros, con el fin de mostrarse más atractivos que los demás. Este hecho es importante ya que desde hace unas décadas, las industrias extractivas están expandiéndose de manera exponencial para convertirse en el principal proveedor de fondos presupuestarios de nuestros estados. Si en el pasado la mayoría de los ingresos de los presupuestos provenían del sector primario (agricultura, ganadería y pesca), actualmente la tendencia es la contraria: nuestros países se enfrentan a muchas dificultades y coacciones internas y externas que frenan el impulso del sector primario. Las ganancias que provenían antes del sector primario están siendo sustituidas por aquellas obtenidas en la industria extractiva y otras formas de extracción. Además, no es un secreto que la industria extractiva esté respaldada por enormes intereses, especialmente financieros, con muchas ramificaciones. Por esta razón, en nuestros países, según el humor de los gobernantes, la implantación de las industrias extractivas es sinónimo de tratos, negociaciones y gestiones que no siempre son transparentes, algo que saben tanto las administraciones como el pueblo.

Con las ganancias inmensas que producen o se espera que produzcan las industrias extractivas, las expectativas que los pueblos tienen respecto a sus gobernantes son enormes. Por desgracia, la implantación de las industrias extractivas parece una «maldición» para nuestros países en general y para las zonas en las que se implantan las minas. Lo que podemos constatar no es nada halagüeño: las poblaciones de las zonas mineras sufren, pasan hambre y sed. La flora y la fauna se diezman. El medio ambiente es destruido (el paisaje lunar aparece y se instala). Los usos y costumbres no se respetan. La pobreza y la miseria se vuelven endémicas. Las enfermedades y perversiones se convierten en el pan de cada día. En resumen, el futuro se hipoteca en las zonas de industrias extractivas. Después de la industria extractiva, nos encontramos con el caos total.

Entonces, las cuestiones fundamentales que se plantean son las siguientes: ¿De acuerdo a qué bases, criterios y condiciones las grandes empresas mineras están autorizadas a implantarse en nuestros países? ¿Cuáles son los impactos reales de la implantación de industrias mineras en nuestros países? ¿Cuáles son las ventajas que nuestros pueblos y gobiernos obtienen realmente de la implantación de industrias mineras en nuestros países? Es decir, ¿a quién beneficia realmente la implantación de las industrias extractivas en nuestro territorio? ¿Cuáles son las disposiciones adoptadas después de que se vayan las empresas de las industrias extractivas?, etc.

Tantas preguntas que acentúan el aspecto delicado y crítico del tema. Ya que las respuestas a cada una de ellas se encuentran en muchos sitios. Se encuentran en las empresas de industrias extractivas, en las instituciones internacionales, en nuestras poblaciones, en nuestros responsables, en nuestros gobiernos.

Recordatorio resumido sobre el contexto de las industrias extractivas en África occidental, Malí

Es bueno recordar que la extracción minera no data de antes del siglo XX en África occidental. Aunque es cierto que la extracción minera siempre ha sido practicada en todo el territorio de África occidental en las diferentes formas tradicionales. De este modo, desde el imperio de Ghana/ Wagadu (siglos VI o VII) que ocupaba una parte de los actuales Malí, Mauritania y Senegal. Los escritos antiguos de esta época nombran ya los adornos y atributos de oro de los soberanos. En Costa de Marfil y en Ghana, los adornos de oro de los Ashanti (o asantes) y de la emperatriz Pokou de los Baoulés, prueban que sus pueblos conocían el oro. En Guinea, Malí, Senegal, (que se extendían por el antiguo imperio mandinga) las explotaciones del emperador Kankou Moussa han mostrado que la región contenía mucho oro. El uso del oro era similar en el imperio Songhay. (Malí, Níger, Nigeria, Benin, etc.) y el reino Mossi de Yatenga. Con esto se puede decir que en todo el territorio de África occidental existía una larga tradición de lavado de oro. De la época de la invasión colonial datan los precursores de las empresas mineras en nuestros países. Por tanto, podríamos afirmar que con la colonización apareció, en África occidental, la extracción minera en su forma industrial tal y como la conocemos hoy en día. Comenzó en los países anglófonos, especialmente en Ghana, con el oro del país ashanti. En los países francófonos debutó en Guinea con el hierro y más tarde con la bauxita.

Tras un período de calma, entre 1960 y 1990, somos testigos de un crecimiento exponencial de las industrias extractivas en la región occidental de África. Prácticamente hoy en día no existe ningún país que no disponga de su industria extractiva en la región. Por ejemplo, en Malí, entre 1994 y 2007, se concedieron aproximadamente 150 permisos de explotación a empresas nacionales y extranjeras, 25 autorizaciones de explotación y 200 permisos de prospección. En condiciones normales, este crecimiento debería ser proporcional al nivel de desarrollo de nuestros estados y nuestros pueblos, especialmente los que se encuentran en las zonas de influencia de las industrias extractivas. La producción de oro de Malí pasó de menos de una tonelada en la década de los 80 a más de 50 toneladas en el año 2007. Los ingresos obtenidos de la explotación minera han pasado de menos de 10.000 millones en 1995 a más de 300.000 millones en 2007. Los ingresos mineros han pasado de suponer un 1% hacia 1989 hasta el 3% en 1993 y, más tarde, a casi un 18% en 2007 de la cantidad total de los ingresos presupuestarios del Estado.

En el caso de Malí, el oro ha sustituido prácticamente al algodón y en todos los países de la región ocurre algo similar. Esto quiere decir que la parte de los ingresos de la explotación industrial está reemplazando los ingresos del cultivo comercial en nuestros estados.

Paradójicamente, el desarrollo de nuestros Estados no parece reflejar en ningún sentido las cantidades de dinero percibidas. Por ello, tenemos derecho a preguntarnos, ¿por qué la industria extractiva? Intentar responder a esta pregunta implica hablar de los impactos de las industrias extractivas en nuestros países. Por ejemplo, todo el mundo en Malí se pregunta: ¿Qué ganamos con este negocio del oro? Una de las primeras respuestas es que las mismas empresas, que provienen de determinados países, se encuentran en diferentes sitios con diversos nombres según las zonas de extracción. Para evitar que las descubran, las empresas emplean el subterfugio de bautizarse, allá donde se implanten, con el nombre del lugar de descubrimiento del mineral o de algo importante del país. De este modo, la misma empresa puede encontrarse en toda la extensión de un mismo territorio a espaldas de los que no son doctos en la materia.

La mayoría de las empresas que operan en África occidental son las mismas. Utilizan todas las combinaciones posibles en los diversos países. La mayoría de las empresas que operan en nuestra región son originarias de los países siguientes: Suráfrica, Francia, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido (con intervenciones de Suráfrica, Estados Unidos o Canadá), Rusia, Australia, Suiza, Corea del Sur y China. No hace falta ocultar, para nada, el hecho de que las empresas estén respaldadas por redes bancarias cuyas ramificaciones se encuentran por todas partes en nuestros países y hasta en las entrañas de las instituciones internacionales.

Impactos económicos de las industrias extractivas en África occidental, Malí

La industria extractiva produce impactos, y no mínimos, en las economías de nuestros países. Estos impactos se notan en varios aspectos, entre los que se encuentran los ingresos, los empleos, la expropiación de las poblaciones, los desplazamientos de éstas, la salud, el medio ambiente, la educación, la cultura, la calidad de vida en general.

Impactos (económicos) en los ingresos

En lo relativo a los impactos en los ingresos, la extracción industrial implica tanto aspectos positivos como negativos que es preciso saber percibir y comprender. Ante todo, es importante saber que las ganancias provenientes de la explotación industrial provienen:

– de los ingresos percibidos en el momento (de la constitución de empresas).&nbsp
– de los ingresos percibidos en el momento de la concesión de los diferentes permisos, autorizaciones de prospección y explotación.&nbsp
– de los ingresos aduaneros cuando la duración de la vida de la empresa se alarga de 3 a 5 años o más.&nbsp
– de los ingresos percibidos por la participación de nuestros estados en el capital de las empresas. Un 18% máximo por orden del Banco Mundial.&nbsp
– las tasas e impuestos percibidos de los salarios y emolumentos de los trabajadores nacionales.&nbsp
– de ciertas tasas para la formación profesional.&nbsp
-&nbsp &nbsp del «IVA» de ciertos productos comprados generalmente en el mercado nacional, etc.

Por otro lado, hay beneficios previstos no obtenidos por parte de nuestros estados por exenciones fiscales totales o parciales, temporales o permanentes. En este sentido, podemos afirmar de un modo válido que el lucro cesante para el Estado, en términos de ganancias, son mucho más superiores a las ganancias de nuestros estados. En efecto, las diferentes exenciones pueden constituir entre el 60 y el 70% de las ganancias obtenidas de la explotación minera durante los tres primeros años de explotación industrial.

En términos de ganancias, las explotaciones industriales, especialmente las de las empresas mineras, redistribuyen las enormes ganancias por año en nuestros países. Además de estas devoluciones oficiales, las industrias extractivas contribuyen, en sus localidades, con aportaciones para construir escuelas, carreteras, puentes, centros de salud, compra de medicamentos, de equipo sanitario, etc.

Las industrias extractivas contribuyen sin duda al impulso de la redistribución de las ganancias en nuestros países. No obstante, el grave problema reside en:

– la no creación de actividades perennes que permita a las poblaciones sobrevivir tras el cierre de industria extractiva;&nbsp
– la no inversión en las acciones productivas perennes capaces de permitir a las poblaciones obtener ganancias decentes durante la fase de la explotación;&nbsp
– generalmente el no reclutar a personas autóctonas entre los trabajadores permanentes de las industrias extractivas;&nbsp
– el traslado de poblaciones desde lugares donde vivían habitualmente hasta lugares a menudo hostiles a los que no se adaptan.&nbsp
– el hecho de que generalmente las pérdidas de población se calculan teniendo en cuenta el futuro inmediato, mientras que la población va a diseminarse a partir de ese momento y en adelante indefinidamente a partir del cierre de la industria extractiva;&nbsp
– el lucro cesante de las generaciones futuras que ni se ha calculado ni se ha tenido en cuenta en las ganancias que percibir durante la fase de implantación y de explotación de las industrias extractivas. Incluso cuando son las instituciones internacionales las que las imponen, como ocurrió con el petróleo de Chad, nuestros gobernantes son los primeros en transgredir y echar por tierra estos acuerdos.

Impactos (económicos) en el empleo

En cuanto al plano laboral, las industrias extractivas crean muchas formas de empleo. Sin embargo, el análisis del impacto de las industrias extractivas en términos de empleo debería hacerse en relación a la población autóctona. Referente a esto, vemos pruebas de que:

– el 97% del personal que se encarga de la industria extractiva proviene de otras regiones;&nbsp
– más del 60% del personal no es originario del país/ de la localidad de implantación de la industria extractiva;&nbsp
– menos del 10% del personal está compuesto de mujeres. Y cuando las mujeres son contratadas, es para ocupar puestos de empleo inferiores: secretarias, cocineras, empleadas de la limpieza, etc. Para poner un ejemplo, en todas las minas de oro de Malí, y hasta 2003, sólo había una mujer que había sido contratada como ingeniera. Además, su salario era muy inferior al de sus colegas hombres. Sin embargo, ¡muchas mujeres se gradúan cada año en la prestigiosa escuela de ingenieros de Malí!&nbsp
– con la industria extractiva, los empleos habituales de supervivencia (agricultura, ganadería, pesca, caza, etc.) han sido perdidos por los autóctonos, sin crear otros para equilibrarlo. La pérdida es total, entonces.

Impactos (económicos) en términos de expropiación

En nuestros países, el Estado es el propietario de la tierra. Por esta razón, atribuye el usufructo a quien tiene derecho según las circunstancias y en las condiciones que determina. A pesar de que nuestros gobiernos hayan firmado diversos acuerdos relativos a los derechos del hombre y de los pueblos, a pesar de la existencia de leyes en nuestros países en materia de protección del hombre y de sus bienes, a pesar de la existencia de leyes y costumbres en nuestros pueblos y ciudades, a pesar de haber firmado diversos acuerdos sobre el medio ambiente, a pesar de nuestras constituciones, etc. nuestros gobiernos proceden a expropiar, a menudo de manera forzosa, a los poseedores de tierras. Muchos conflictos surgen tras los métodos y procedimientos de expropiación, especialmente a causa del exceso de celo de la parte de las autoridades encargadas de la aplicación de resoluciones en esta materia.

En ciertos casos a pesar de las disposiciones tomadas por las empresas, y el incentivo de las ganancias tiene mucho que ver en esto, las medidas de expropiación se hacen con bastante discriminación. Por ejemplo, en Sadiola, durante un censo para la expropiación, las viudas independientes sin marido habían sido excluidas expresamente. Estos casos son frecuentes. Impactos (económicos) en materia de desplazamiento de poblaciones Cuando es necesario, las poblaciones son desplazadas según el caso sin indemnizaciones convenientes. Además, en la mayoría de los casos, no se informa ni se implica a las poblaciones hasta el momento de la instalación de compañía: las prospecciones son llevadas a cabo a sus espaldas, los contratos se firman a sus espaldas y las autorizaciones se conceden a sus espaldas. No se les propone un nuevo lugar donde vivir, indemnizaciones para sus habitantes, campos, pastos, etc. hasta poco antes de la implantación de la empresa. Entonces, arriesgándose a perderlo todo, las poblaciones se ven obligadas a veces a aceptar las proposiciones. Por ejemplo, en Sadiola, 43 pueblos se vieron afectados directamente por los desplazamientos ligados a la implantación de la mina. En Fourou, por las minas de oro de Syama, 121 pueblos fueron afectados, lo que implica a 200.000 habitantes.

Normalmente no todas las promesas que se hacen a las poblaciones se cumplen. Las escuelas prometidas no se construyen o se construyen mal, los hábitat prometidos no respetan los datos climatológicos de la localidad; no hay suministro de agua potable o no es suficiente, el centro de salud prometido no cumple las normas, las tierras de cultivo perdidas no se recuperan en ningún otro lado, las zonas cultivables no están acondicionadas, etc.

El desplazamiento y la ubicación de las poblaciones representan un verdadero quebradero de cabeza en el momento de implantar las industrias extractivas. Son fuente de conflictos y de frustraciones de todo tipo. Por desgracia, nuestras autoridades afectadas son tan permisivas como corruptibles, algo que no facilita la equidad en esta situación.

Impactos sociales de las industrias extractivas en África occidental y específicamente en Malí

Impactos sociales sobre la sanidad

Al implantar sus industrias extractivas, las empresas generalmente implantan también centros de salud para las poblaciones cercanas. También ocurre que, después de que las autoridades locales lo pidan, la industria extractiva hace sus aportaciones, de vez en cuando, en forma de donaciones de ambulancias, medicamentos, aparatos médicos, productos para las vacunaciones generalizadas, etc. Pero, generalmente, estos centros carecen de muchísimos equipos y sólo ofrecen un mínimo de servicios mientras que el hospital del interior de la empresa dispone de tecnología que no tienen nada que envidiar a las grandes estructuras modernas occidentales.

Durante una de nuestras visitas a Sadiola y Syama, los médicos se enorgullecían de poder decir que sus materiales eran tan potentes que les era posible efectuar operaciones a corazón abierto. Esto explica hasta donde puede llegar el perfeccionamiento de los hospitales de las industrias extractivas. Durante el mismo período, los centros de salud de Syama y de Sadiola carecían escandalosamente de medicamentos esenciales.

Con las industrias extractivas, ciertas enfermedades apenas conocidas antes por las poblaciones, proliferan. Por ejemplo, en el caso de minas de oro, hemos asistido a un aumento exponencial de los casos de ITS y ETS, VIH/Sida, enfermedades pulmonares, enfermedades diarreicas, abortos, etc.

Impactos sociales en la educación

La apertura de las industrias extractivas con el desplazamiento de las poblaciones se acompaña de la construcción de infraestructuras escolares. Las autoridades locales pueden también, en el marco de sus programas de desarrollo local, solicitar apoyo de la industria para la construcción de aulas en varias localidades. Ese fue el caso de Sikasso, por ejemplo.

Generalmente se construyen colegios modernos y equipados. Las industrias extractivas ayudan, en la mayoría de los casos, y se encargan de ciertos gastos. Por ejemplo, en Sadiola y Syama, la mina se encargó de pagar los salarios de ciertos profesores durante varios años, compraban cada año mobiliario escolar y materiales didácticos para los alumnos y profesores, aseguraban la electrificación en las aulas para permitir a los alumnos que repasaran durante la noche, ofrecían medios de transporte durante fin de curso para llevar a los alumnos adonde tuvieran que examinarse.

En condiciones normales, la apertura de industrias extractivas debería aumentar las tasas de escolarización y de asistencia escolar. Pero la realidad de la implantación de las industrias extractivas comporta el fenómeno contrario. De hecho, a causa de la carestía de la vida así como por la implantación de minas, los padres sacan del colegio a los niños jóvenes para intentar que la empresa los contrate. Ya que no tienen una preparación escolar, los niños que han dejado el colegio precozmente aumentarán, más tarde, el número de parados tras el cierre de la industria extractiva. Los padres sacan del colegio a las niñas para que hagan de empleadas de la limpieza en las casas de los trabajadores de la industria extractiva o para que ayuden a sus padres. A largo plazo, esto conlleva embarazos no deseados, ITS, ETS y otras enfermedades.

Más adelante nos damos cuenta de que finalmente son los hijos de los trabajadores de la industria extractiva o de otros trabajadores que llegaron con la industria los que consiguen estudiar bien. Después del cierre de la industria, las poblaciones locales se encuentran con aulas despobladas, e infraestructuras cuyo mantenimiento precisa de cantidades ingentes que son incapaces de pagar. Las industrias extractivas son un obstáculo para el éxito escolar de los niños de las localidades de extracción. Cuando cierra la industria extractiva, el nivel escolar de lo chicos no es nada alto, y el de las niñas es aún peor.

Impactos en los usos y costumbres

La apertura de una industria extractiva viene acompañada muy a menudo de una fuerte concentración de poblaciones que provienen de horizontes diversos. Por esto, personas de culturas diferentes, con creencias diferentes, con tradiciones, usos y costumbres completamente opuestos son obligadas a compartir todo. Generalmente, en las localidades de implantación de las industrias extractivas, ciertos fenómenos hacen aparición. Estos son la prostitución, la proliferación de bares, locales, lupanares, el incremento de la delincuencia juvenil, robos, violencia, y otros efectos perversos sociales, la carestía de la vida, etc.

La industria extractiva puede ser calificada como el monstruo de la transformación social negativa. Pero no es totalmente negativa para las poblaciones. También viene acompañada del progreso científico y técnico que permite aumentar el bienestar. Por ejemplo, la implantación de empresas mineras ha acelerado el acceso de las localidades de Sadiola y Fourou a las nuevas tecnologías, al sistema bancario y financiero, al desarrollo del transporte, etc.

Impactos sobre la tranquilidad social y los núcleos familiares

Normalmente, no siempre hay estadísticas disponibles en este aspecto. No obstante, tenemos que destacar que con la implantación de las industrias extractivas, la tranquilidad social se ve perturbada. En cuanto al núcleo familiar, encontramos una inestabilidad ligada al desequilibrio educacional y afectivo debido a la ausencia prolongada de uno de los cónyuges. Las virtudes cardinales del matrimonio se echan por tierra. Lo único que cuenta es la fuerza del dinero. Todo se hace diciéndose «un día de estos me iré de aquí cuando termine mi contrato».

Los divorcios son frecuentes, los padres alcohólicos o borrachos aumentan en número. La infidelidad hace aparición por el poder del dinero. Ciertos comportamientos ya no son reprensibles, moralmente o socialmente proscritos o vergonzosos. El dinero se vuelve el motor de la vida social. Trabajar en el seno de la industria extractiva se convierte en una especie de privilegio que coloca a algunos por encima de otros. Los valores sociales y morales desaparecen.

Conclusión

Si las industrias extractivas son fuente de ingresos para nuestros gobernantes, y son muchas ganancias, podría sacársele partido. Por ello, es necesario que un control de los ciudadanos se imponga en el uso y destino de las ganancias generadas por las industrias extractivas. Un diálogo, es decir, la comunicación, la información son indispensables para permitir que las poblaciones víctimas se beneficien de las repercusiones de la degradación de la vida.

Ciertas disposiciones en forma de un acuerdo de los países de África occidental permitirán a nuestros estados hacer frente a las empresas mineras. Diversos métodos, vías y medios, entre ellos la prensa, son necesarios para acabar con el caos originado por la mala gestión de nuestras riquezas nacionales comenzando por las extractivas. Las empresas están unidas para extraer nuestras riquezas, y nosotros también debemos estar unidos para saber aprovechar nuestro suelo y nuestro subsuelo.

Moussa K. Traeré
Asesor economista financiero de Malí- Bureau d’Expertise en Management et Conseils en Enterprise.

Artículo publicado en Pambazuzka el 11 de octubre de 2008 y en Africana Noticias, noviembre de 2008, perteneciente a la Fundación Sur.
Traducido por Laura Betancort para Africana Noticias (alumna de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid Traducción /interpretación, colaboradora en la traducción de algunos artículos.)

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