Igual que Irak o Palestina

Los medios de comunicación comerciales –panameños e internacionales- han estado dando una cobertura importante, a la convocatoria realizada para el 4 de febrero, en Colombia, contra el “terrorismo de las FARC.”

Llama la atención, que esos mismo medios de comunicación han ignorado consecutivamente, las luchas de resistencia llevadas durante muchos años por el pueblo colombiano: estudiantes contra la privatización de la educación, obreros contra la flexibilización laboral, campesinos por una Reforma Agraria radical, las organizaciones populares contra el TLC con Estados Unidos, en fin, un pueblo más de Latinoamérica que enfrenta al capitalismo.&nbsp &nbsp Con el agravante, de que este pueblo hermano enfrenta la represión violenta, terrorista y criminal de una dictadura civil que se ha extendido por más de medio siglo.

Pero ya que he utilizado el calificativo de terrorista, es conveniente preguntarse, ¿Qué criterios se utilizan para definir el terrorismo? ¿Quién esta calificado para definirlo?

Definitivamente el tema da para largo, por ahora sólo diré que los criterios para definirlo pueden ser jurídicos, políticos –y en algunos casos hasta culturales- y que la calificación de un sujeto u organización como terrorista debe ser observado bajo esos distintos filtros, cuestión que no se da en la actualidad.

Hoy en día, el criterio para ser designado terrorista es enfrentarse al capitalismo, a la ocupación imperialista, oponerse al estilo occidental de vida, a través de la muchas veces legítima lucha armada.

En el caso colombiano, la oligarquía gobernante, designa aquellos que hacen peligrar la conservación de sus privilegios como terroristas.&nbsp Cuestión tan natural, como poco sorprendente, pero que nos debe alertar, para no caer en el juego del sistema que trata de simplificar un conflicto social entre buenos y malos, que no entra a debatir –porque no le conviene– las razones profundas que originaron ese conflicto, como lo son principalmente, la injusticia social, la lucha de clases y la marginación política, económica y cultural.

A este escenario ya de por si complejo, se suma la nefasta intervención del imperialismo norteamericano, que con apoyo económico, político y militar sustenta la guerra que desangra Colombia, para defender los intereses geopolíticos y económicos de su “patio trasero”.

Ya veremos en los medios de comunicación los ecos de la marcha del 4 de febrero, cuando el terrorismo Estatal pase agachado al momento de las condenas y los juicios.&nbsp Eso también es absolutamente normal.

Las organizaciones y militantes progresistas y revolucionarios, debemos ser solidarios con la lucha social que libra el pueblo colombiano y contra la represión ejercida por los virreyes de turno.&nbsp &nbsp Miles de sindicalistas, obreros, estudiantes y líderes populares han sido asesinados por querer una Colombia para todos y ante esta tragedia, hacernos eco de los voceros del capital, la oligarquía y el imperio es prácticamente un crimen.

Al igual que hemos exigido con valor y consecuencia la retirada de las tropas norteamericanas de Irak o la liberación de Palestina, también corresponde exigir que Estados Unidos retiré sus manos de Colombia.

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