Igual que en Venezuela

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Es bueno haber constatado que en USA las clases medias también descargan la arrechera cuando los resultados no son los que la mediática les prometía. Uno andaba con la pesadumbre de saberse, aquí en Venezuela, como una nación poco dispuesta a respetar las reglas de juego, cuando los resultados les son desfavorables.

Basta ver por tv a esos manifestantes gringos, para hacer la igualación con nuestras cotidianas manifestaciones opositoras. La única diferencia es que allá tienen que hacerlas de noche porque, en el día, el que no trabaja no cobra, y la cosa no está como para regalarse. De resto, son los mismos estudiantes, los mismos empleados medios, los mismos comerciantes y pequeños vendedores de baratijas y espejitos, las mismas meretrices con sus proxenetas; todos con sus correspondientes y variados géneros y orígenes.

Pero, no exageremos, hasta ahí llegan las similitudes. El que quedó electo allá no es un resentido social o un comunista disfrazado (algunos piensan que es lo mismo), que llama a incendiar el estado de comodidad, real o imaginaria, de esta mediaclase. Por el contrario, es un millonario que se baña en oro, como Rico Mac Pato, defiende el mundo del trabajo y fustiga al capital financiero. Dice que en vez de estar por ahí invadiendo países y machacando cabezas hay que trabajar para, después, divertirse en los casinos y burdeles.

Los titiriteros que son puestos a manejar la opinión pública trataron de cumplir con su papel, escondiendo cualquier vaticinio inteligente. Afirmaban que las mujeres, los negros, los mejicanos, cubanos y salvadoreños y toda la MUD, votarían por la Clinton. Ella, decían, representa todo lo que estos sectores sociales desean. Y aunque no lo expresan, saben que estarían, también, ganados para aceptar la precariedad de un empleo sin regulaciones y dejarse matar en las guerras que esa desquiciada y mentirosa filibustera provocara.

¿Y cómo es posible semejante despropósito? A eso se dedica el poder mediático, al dominio de la mente: lograr que la gente confunda su existencia real con la que ellos le presentan como realidad.

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