Ideología e ideologías

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Es preciso fijar cuál sea el concepto que tantas veces utilizamos en contextos diferentes para acotar su significado y , a la vez, como utensilio significativo de aclarar en qué contexto ideológico surgieron las ideologías predominantes hoy en día en nuestro país y en la Europa Comunitaria.

Cuando nos referimos a “ideología” tratamos de “un conjunto de ideas y de discursos que tienen por finalidad describir el modo en que debería estructurarse una sociedad en sus dimensiones sociales, económicas y políticas”. Históricamente ninguna ideología ha logrado un consenso y una adhesión unánimes: el conflicto y el desacuerdo son inherentes a la ideología como tal; pero toda sociedad tiene la obligación de responder a estas cuestiones bien apoyándose en su propia experiencia histórica, bien por la vivida y experimentada por otras sociedades. De las respuestas que demos, y cada individuo posee la libre opinión, aunque sea de una forma imprecisa e insatisfactoria, sobre estas cuestiones porque afectan a su existencia como individuo y como sociedad, defenderemos propuestas desiguales o igualitarias. En resumen: se trata de cómo debe ser un régimen político, de las reglas que van a regir la propiedad, del sistema educativo y sobre el régimen fiscal. Y las respuestas que se aportan pueden variar considerablemente; pueden tener elementos comunes [pueden estar de acuerdo en cuanto a la organización política y en total desacuerdo en aspectos fiscales, de propiedad y/o educativos] o absolutamente dispares. Entonces surge el conflicto ideológico, que suele expresarse de forma multidireccional, el cual ha dado paso a movilizaciones  colectivas y transformaciones históricas de gran calado. Las ideas y las ideologías han transformado la historia porque permiten imaginar, dándoles estructura, sociedades diferentes, aceptando, contra el inmovilismo, sociedades más justas. Las llamadas élites, en cualquier tiempo histórico y en cualquier lugar, tienden a “naturalizar” las desigualdades y la paz social consiste en su aceptación, puesto que de ser modificadas sería, amenazan,  a costa de inmensas desgracias.

Las tres grandes ideologías que ha perdurado desde el siglo XIX hasta nuestros días, con algunos matices más o menos acentuados son: el liberalismo, el nacionalismo, y el socialismo. El liberalismo es la ideología de la clase burguesa heredera de la Revolución francesa aunque el movimiento liberal se confunde durante mucho tiempo con el nacionalismo; ni la unificación alemana ni la italiana fueron realizadas por el liberalismo, que muchas veces pasa a ser conservador y reaccionario  aspirando  a ser imperialista.

La revolución industrial transformó la faz del orbe entero. Abrió una fosa entre naciones que se lanzaron febrilmente por la vía del progreso y otras, como España, que se refugian en el recuerdo. La industrialización concentrará a los proletarios, antes dispersos, en un lugar y para una misma tarea y les hace descubrir dos principios que les definirán como clase obrera: la solidaridad y su fuerza. El socialismo dejará de ser un sueño humanitario o un divertimento literario para convertirse en una doctrina social y en la esperanza de la clase obrera que a principios del siglo XX pasará a ser de un estado utópico a un estado científico. Nosotros somos hijos de la evolución del socialismo. En liberalismo en cambio permanece  anacrónicamente fiel a formas orleanistas o mancherterianas. El liberalismo aparece como la doctrina de la libertad, pero su confusión entre liberalismo, libertades y libertad es manifiesta. El liberalismo aparece como la ideología de la clase burguesa y sólo asegura la libertad de la clase burguesa. El liberalismo económico descansa sobre dos ideas: riqueza y propiedad. Se opone al dirigismo pero no a los favores del estado: será el fundamento doctrinal del capitalismo. El liberalismo político se opondrá al nepotismo; su fundamento doctrinal será la democracia representativa. Así de esta forma aparecerá el mal llamado NEOLIBERALISMO en los años ochenta del siglo XX con los mismos y arcaicos conceptos que vienen a implantar el egoísmo individualista y la desigualdad social en aras de una pretendida libertad entendida solo para una pequeña parte de la sociedad. El nacionalismo, mal que pese a algunos partidos, véase los procesos de unificación tanto en Alemania como en Italia, siempre ha sido conservador y liberal. El nacionalismo es literario y romántico: nacionalismo de poetas y escritores en países que por falta de una industria potente y de una clase social aburguesada, no conocen el llamado nacionalismo mercantil. Al romanticismo de Manzzini se opone el utilitarismo de Bentham.

El socialismo: este término aparece simultáneamente en Francia e Inglaterra entre 1830-1840, con un significado bastante vago. Será en el primer tercio del siglo XX cuando, difiriendo de las doctrinas utópicas humanitarias y paternalistas, ven nacer numerosas doctrinas de reforma social que nunca se habían planteado anteriormente [Joseph Hors, M. Schuman Lamenais Mably, Morelly, Babeuf] como consecuencia del desequilibrio social a causa de la revolución industrial: el maquinismo por ejemplo. Las teorías podemos re sumirlas en tres aspectos:

1º La libre concurrencia no produce la armonía de los intereses y la igualdad de  las condiciones, sino la concentración de las fortunas.

2º Esta concentración produce, como consecuencia, la sobreproducción y las crisis.

3º El desarrollo de la gran industria  lejos de mejorar la suerte de la clase obrera, no hace sino agravarla. Porque no hay cambios en la sociedad si no hay cambios en la propiedad y en la distribución de la riqueza.

Nunca ha existido una sociedad auténticamente socialista. El comunismo de la URSS asumió sólo una parte del predicamento socialista a costa de establecer grandes desigualdades entre los críticos [purgados en campos de concentración, GULAGS] y los seguidores del stablishment  o la disciplina del “POLITIC BUREAU”. El socialismo es libertad, crítica constructiva y, sobre todas las cosas solidaridad obrera. Una sociedad que renuncia a la igualdad como objetivo fundamental de su acción política está condenada a sucumbir y a ser ahogada en su egoísmo; producirá desequilibrios tales que las protestas, manifestaciones y convulsiones políticas estarán a la orden del día. Y de no ser escuchadas estas ansias de libertad y de igualdad serán el germen de dictaduras opresoras y del darwinismo político y social a gran escala.

 

 

 

 

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